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11M: el atentado de la vergüenza.


¡Inoportunidad u oportunismo?

Ocho años no son nada y, para la mayoría de los españoles, está presente el recuerdo de aquel día con las bombas, los muertos, los heridos y los aprovechados de turno. Como en tantas otras ocasiones, la indignación y la repulsa expresadas en las calles por millones de ciudadanos fueron utilizadas para propiciar lo mismo que deseaban los terroristas: un cambio en el gobierno de España. Esa es nuestra vergüenza y debería servirnos para no dejarnos manipular nunca más.

Basta comparar la actitud americana, con respecto a lo sucedido el 11S en Nueva York, con lo ocurrido aquí dos años después, para darse cuenta del abismo entre los dos sucesos y entre los dos países. Si allí es criticada cualquier iniciativa que pueda empañar el recuerdo de las víctimas, aquí se pueden pasear por la Puerta del Sol unos energúmenos pidiendo otro 11M y, con inoportunidad o acaso macabro oportunismo, los sindicatos CCOO y UGT respaldados por el PSOE, el partido más beneficiado por los atentados, deciden manifestarse ese día en contra de la reforma laboral.

No hay casualidades en política, aunque ésta sea cutre, indecorosa o lóbrega. Que el gobierno de PSOE haya permitido bajo su mandato tantas irregularidades y torpezas en la investigación sobre esos crímenes, es en sí misma una vergüenza. Como lo es ahora su intención de manifestarse ese día por una cuestión que no tiene nada que ver con el 11M. Cuestión aparte sería que las mentes propagandistas y manipuladoras de los sindicatos y de ese partido, quisiesen identificar subliminalmente los atentados con la reforma proyectada. Eso sería una explicación probable, pero no dejaría de ser una vileza y una mezquindad propia de facciosos.

En el 2004 me manifesté junto a miles de personas que lo hicieron en mi ciudad, acompañados por una minoría de aprovechados. Pero si lo hiciese en este 2012, por cuestión menor y manipulada, me parecería vergonzoso. Allá ellos y sus ruines maquinaciones.

Pepe de Brantuas. Marzo de 2012, en España.

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La sociedad entre rejas.


La sociedad entre rejas

La democracia no es un sistema para poder elegir a quien nos tiranizará durante cuatro años.  Y no lo es porque, si sólo se tratase de elegir a los representantes en proporción al pluralismo de nuestra comunidad, bastaría con hacer un sorteo amplio lo suficiente y que fuesen los agraciados quienes eligiesen el gobierno de turno. Por pura matemática habría más probabilidad de que fuese realmente representativo.

La democracia debe representar la variedad de opiniones y además debe mantener el poder dividido y controlado. Dividido para evitar el totalitarismo y controlado para evitar el sectarismo y la arbitrariedad. El primer control debe venir de unos órganos sobre otros, y el segundo de la sociedad sobre todos ellos. Sin embargo la capacidad de acción de este último control esta muy limitada. Procede de la libertad de prensa y, hoy en día cada vez más, de la libertad de expresión generalizada a través de Internet. El Defensor del Pueblo y sus equivalentes clonados de las Comunidades Autónomas, son también parte de este segundo control, pero su capacidad es muy pobre.

Dicho lo anterior, si son los mismos los que ejercen los diferentes poderes, recae la responsabilidad de control sobre la sociedad misma. Y eso en España parece que es lo que está sucediendo, precisamente porque en la última década los partidos políticos fomentaron o permitieron que esa división necesaria del poder fuese desapareciendo en la práctica. Inoculando el sectarismo dentro de aquellas instituciones en las cuales es más necesaria que la actuación sea apartidista. Abusando perversamente del llamado consenso para conseguir mayorías que aplastasen cualquier disidencia minoritaria. Recortando y dificultando la acción ciudadana incluso en aquellos casos reconocidos por la Constitución.

La consecuencia es evidente: el aumento de la corrupción política, de la impunidad de esos y otros delitos, del servilismo de quienes son guardianes de la Ley, a las formaciones políticas. Y contra eso es precisamente contra lo que reacciona el hartazgo de la sociedad en su mayoría. El 15M, las diversas asociaciones de víctimas del terrorismo, las iniciativas cívicas para la regeneración política, etc. En todos los campos surgen, se fortalecen y presionan asociaciones de todo tipo para defender sus ideas y sus derechos. Y crece ante el asombro y la oposición, más o menos manifiesta, de los partidos políticos tradicionales.

No hay más que ver los programas de los partidos, sus discursos en los mítines, su propaganda en Twitter o en otras redes sociales, para darse cuenta de su temor y de su desorientación. Alguna formación dice que todos los demás le roban sus ideas, como si las hubiese. El que ya se sabe derrotado, promete el oro y el moro consciente de que no va a gobernar y toma de la reivindicación ciudadana un poco de aquí y otro de allí, sin comprobar si se contradicen o no. El presunto ganador, no se moja demasiado porque piensa que le van a votar sus contrarios arrepentidos, cuando en realidad solo le votarán los que estén conformes con sus ideas si es que las pone en pública exposición.

En realidad todos temen a la sociedad, pero la ven como un monstruo peligroso al que hay que contener. Quieren mantenerla enjaulada como si la política fuese patrimonio exclusivo de los partidos. Lejos de estudiar realmente las reclamaciones de quienes son posiblemente sus votantes o sus contrarios, se contentan con utilizar frases hechas que den la impresión de que están interesados. Pero en realidad modifican leyes para encastillarse y dificultar que nuevas opciones puedan presentarse a las elecciones. Llegan incluso al extremo de desprestigiar desde los medios que les son serviles a aquellas personas y asociaciones que les son molestas en campaña electoral. Ahora lo hemos visto con D. José Alcaraz y la VCT, pero en otras ocasiones lo vimos con otros.

La sociedad puede estar entre rejas durante algún tiempo, pero creo que fue Ortega y Gasset quien dijo que nunca se puede gobernar contra la opinión pública, ni tan siquiera en las tiranías. Las rejas están ahí, pero cada vez son más endebles y, sobre todo, dejan pasar con comodidad la mirada ciudadana sobre todo lo que dice o hace la minoría política. Y si los que dirigen los partidos no se han dado cuenta de esto, entonces es que la presente ya no es su época.

Pepe de Brantuas.   Mes de Difuntos de 2011, en España.

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