Archivo de la etiqueta: Tribunal Constitucional

De visionarios, secesionistas y tiranos.


(Visionaries, secessionist and tyrants.)

El desprecio a la Ley es principio de tiranía.

Los que creemos que las constituciones son leyes básicas en cualquier democracia, no porque determinen el modo de elección de los poderes públicos, sino porque son el límite que no deben sobrepasar nunca esos poderes, no estamos para echar cohetes en esta España nuestra de principios de siglo.

Cualquier constitucionalista sabe, o debería saber, que la tradición jurídica española fue en el pasado bastante despreciativa del carácter normativo de nuestras constituciones. A efectos de recurrir a los tribunales en defensa de derechos o con intención de impugnar abusos de poder, rara vez se consideró por la doctrina que los textos constitucionales fuesen verdadera ley, la Ley de leyes. Acaso por esa razón, en lucha contra toda anterior tradición, nuestra Constitución hace hincapié en ese carácter normativo, hasta el punto de que cualquier juzgado o tribunal puede invocarla como tal. Otra cosa es que lo hagan.

Por esa razón sorprende que se pueda tener por progresistas a quienes, de palabra o con los hechos, muestran más una vuelta al pasado, al considerar nuestro primer texto legal como declaración de intenciones o programática, que se podría interpretar de forma hermenéutica como si fuese un arcano tratado o una escritura sagrada de difícil claridad, o un mero texto político al que se puede uno adherir o no según las circunstancias del momento. Peor aún si esos intérpretes o actores proceden dando por sentado que solo ellos conocen el sentir social mayoritario de España o de una parte de su territorio.

Viene esto a cuento, tanto de la reciente sentencia del Tribunal Constitucional sobre la unión entre homosexuales como de la pretensión de Artur Mas de ser el depositario de las esencias catalanas. En ambos casos, aunque por diferentes caminos, se toma a la Constitución por lo que no es y se niega lo que sí es: una ley. Ley que tanto los miembros de la citada corte como el presidente catalán están obligados a cumplir estrictamente, pues al segundo no lo autoriza a ser más de lo que políticamente es, ni a los primeros les permite vaciar de contenido sus artículos con la excusa de interpretarla.

Si lo anterior es grave, no lo es menos esa especie de papel seudo profético que se atribuyen a ellos mismos los miembros del tribunal que apoyan la sentencia y el político catalán. Los unos creen saber (por ciencia infusa, es de suponer) lo que la mayoría de la sociedad española desea y quiere. El otro, con finalidad más pequeña, da por supuesto que la mayoría de los catalanes sienten y piensan lo mismo que él, hasta el punto de identificarse a sí mismo con Cataluña.

El progreso, les guste o no a estos proféticos agoreros, está en impedir la arbitrariedad política de quienes ostentan el poder. Lo de ellos es mentalidad retrógrada, que está lejos de servir al pueblo porque solo responde a sus personales inclinaciones, a su ideología política o a su interés particular. Y esto último es el primer paso hacia la tiranía, por mucho que lo quieran disfrazar de democracia.

Pepe de Brantuas. Noviembre de 2012, en España.


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El peso del crimen y la lógica del bien.


(The weigt of the crime and the logic of good.)

…en la defensa de la vida…

Los que vivimos la época en la cual se abrió la puerta en España a la legalización del aborto podemos recordar el abismo moral entre aquella sociedad y ésta. En los años setenta y ochenta los partidarios del aborto daban casi la impresión de pedir perdón por intentar defenderlo para los casos más extremos y solo para esos. Negaban que lo que se pretendía fuese el aborto libre y aunque siempre intentaban achacar a los defensores de la vida una postura meramente religiosa, hipócrita o cruel, según el caso, su argumentación estaba lejos de considerar como un derecho el matar al feto, o como un dogma progresista: se defendía como un mal menor. Los que nos oponíamos sabíamos por la experiencia de otros países que aquello no era más que el comienzo y que cada vez se degeneraría más hacia el aborto por cualquier causa o en cualquier plazo, como así ha sido.

Después de tantos años y de tantos miles de muertos, una parte de la sociedad se ha acostumbrado a tolerar ese crimen o a asumir como una conquista de progreso el hecho de que muchas madres permitan que médicos y enfermeras maten a sus hijos cuando están en su propio vientre. Y a eso hay que añadir el negocio que suponen las  clínicas abortistas y la capacidad de presión que tienen para defender su triste labor. No es pues extraño la fuerte oposición a cualquier modificación de la ley aprobada por el anterior gobierno ni el intento de impedir por cualquier medio que el Tribunal Constitucional pueda dictaminar su incompatibilidad con nuestra constitución.

Los crímenes son siempre crímenes aunque se tapen, se intenten justificar o se legalicen. Pesan sobre las conciencias, aunque muchos consigan acallarlas, y sobre la sociedad en general. Si quienes respaldan el aborto son capaces de defender ese homicidio continuado tan cruel y violento, ¿qué no harán para mantenerlo contra toda lógica y justicia? Que los medios de comunicación españoles y extranjeros oculten los asesinatos de partidarios Pro-Vida y otras violencias no por eso dejan de existir y de mostrar el nivel a que han llegado algunos defensores del aborto. Eso en paralelo con la presión de ciertas personas en la ONU o de ciertos organismos como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional que intentan obligar a que todos los países sean abortistas.

Saber esto, no obstante, debe ser un aliciente para seguir luchando, pues muestra como los argumentos lógicos, científicos y humanos están de nuestra parte. Si así no fuese los tan poderosos defensores de ese crimen no necesitarían recurrir a la coacción y a la violencia para defenderlo.

Además los creyentes tenemos omnipotentes aliados.

Pepe de Brantuas. Agosto de 2012,  en España.


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De lo real, lo legal y los argumentos bastardos.


(In reality, the legal and illegitimate arguments.)

…o la estrategia de los demagogos…

Dicen que el alto tribunal (en minúsculas), que ha decidido la legalidad de Sortu, argumenta que al ser una organización nueva solo se puede juzgar por lo que digan sus estatutos y en éstos se condena la violencia. No tiene en cuenta las actividades anteriores de los que fundan el partido ni los informes policiales ni el hecho cierto, proclamado hasta por el PSOE, de es la ilegal Batasuna, que nada condena como no sea la Democracia Española. Para estos presuntos juristas de prestigio, que bien podrían denominarse el sexteto de la muerte, lo que ellos deciden que es legal se convierte en lo real.

Cuando se quiere vestir la mentira de verdad y sobran propagandistas partidarios del embuste nunca reparan en las contradicciones. Sin ir más lejos ese señor del PSOE que gobierna en el País Vasco gracias a los votos del PP, ha declarado sobre esa sentencia que le parecía bien ya que la mayoría de la sociedad vasca era partidaria de convertir en legal lo que era real. Y añadió que Batasuna (con su disfraz, también legalizado por el mismo tribunal) ya gobernaba en Guipúzcoa y en muchos municipios vascos.

Semejante argumento bastardo ha sido empleado en otras ocasiones para legalizar el aborto, para pedir lo mismo para la prostitución, el consumo de drogas o cualquier otra cosa que le interese al argumentador. Hasta el momento jamás se les ha ocurrido decir semejante disparate sobre e fraude fiscal, el asesinato, la fuga de capitales o la corrupción de los políticos. Aunque en este último caso casi lo consiguen por la tácita complicidad de los tres poderes.

Pero lo importante no es solo lo espurio de tal premisa sino el hecho de que contradice la propia argumentación de los jueces que apoyan esa siniestra sentencia. Eso bastaría para que nos diésemos cuenta de que responden a un plan preconcebido cuyo objetivo es la presencia de ETA en todas las instituciones. Lo de menos son la Justicia y los Derechos Humanos, que debería defender el Tribunal Constitucional, sino llevar hasta e final la estrategia política de un gobierno ya derrotado en las urnas.

Y lo más triste de todo es que ahora tenemos otro gobierno que no ceja en su insistencia de esperar a lo que diga ese mismo grupo de presuntos juristas de prestigio sobre la Ley del Aborto, sobre el permitir el matrimonio de homosexuales o sobre la EPC. Sería algo candoroso si no fuese porque detrás de esa postura de abandono se esconde una falta de verdaderas convicciones en temas que atañen a la vida humana y a la propia supervivencia de nuestra sociedad. Eso, o a una connivencia hipócrita con los promotores de semejantes aberraciones.

Pepe de Brantuas. Junio de 2012, en España.


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Eso que llaman “matrimonio”.


 (That so-called “marriage”.)

Argumento de razón o argumento de autoridad.

En estos días que el Partido Popular ha estado en el Congreso de Sevilla hemos podido observar el intento de arrastrar el ideario del partido a posturas más próximas a las del PSOE. Los mismos que pretendían retirar el adjetivo cristiano, al Humanismo que reconocían los Estatutos —quienes solo consiguieron cinco votos a favor—, trataron de obtener una postura favorable hacia el llamado matrimonio gay. Pero en este segundo caso se zanjó el tema antes de celebrarse el citado congreso. No sabemos si por el miedo a que también fuese derrotado.

Lo que ha decidido la ejecutiva del partido —no sus militantes, democráticamente— es no decidir nada. Aparentemente se trataba de no mojarse antes de la sentencia del Tribunal Constitucional, pero la realidad parece ser otra si escuchamos a los dirigentes de ese partido, cuando les preguntan medios de comunicación partidarios de los intereses del movimiento gay. En el texto aprobado se ve claramente una postura favorable a la ley actual, precisamente porque en la justificación de la decisión se apela a los argumentos de aquellos que defienden esa figura legal: la presunta discriminación contra los homosexuales.

Podríamos dudar de lo que realmente desea la cúpula del PP: 1.- que el alto tribunal declare inconstitucional el llamado matrimonio gay; 2.- que haga lo contrario o bien, 3.- que diga, como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que no hay razón para considerar discriminatorio el matrimonio, exclusivo entre hombre y mujer. Podríamos dudar, digo, pero la ideología de género ha infectado las cabezas dirigentes de este partido de tal forma, que parece más sensato suponer que desean que salga la segunda opción.

Como la ejecutiva del partido ha hurtado dicho tema de los debates congresuales, desconocemos los argumentos que podrían usar aquellos que hace unos meses pusieron en Las Cortes el recurso de inconstitucionalidad. Razones y demostraciones que son abundantes para no caer en el error de equiparar el matrimonio con la unión, o convivencia, homosexual. Razones sociales, físicas, sicológicas y políticas en contra del llamado matrimonio gay, que parecen ser ignoradas por quienes lo promueven y, lo que es peor, por muchos de los que están en contra, o que dicen estarlo.

Pepe de Brantuas. Febrero de 2012, en España.

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