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Complicidad, comodidad y cobardía.


A nadie se le escapa que cualquiera de esas tres ce es la que permite en demasiadas ocasiones que los sinvergüenzas triunfen. Si a ellas añadimos esa necia convicción según la cual cualquier ideología (mayormente defendida por la Izquierda) que participe en el sistema democrático es, sólo por eso, democrática, sobre todo si tiene un número significativo de votantes, nos encontraremos ante la tremenda encrucijada en la que se encuentra hoy España y gran parte de Europa. No se trata solamente del comunismo y del islamismo, sino también del acceso al poder de terroristas y de secesionistas que se niegan a respetar la Ley, a su capricho. Y no es que falten ejemplos lejanos y cercanos en la Historia que nos avisen del peligro.

los tres pilares de la capitulación...

los tres pilares de la capitulación…

Ante la intentona de personajes, como Arnaldo Otegui, de presentarse como candidatos a las elecciones, a pesar de que la Ley se lo impide, la postura del PSOE (o de su sección vasca) es ambivalente: o se ponen de perfil o aplauden hasta con las orejas. En el primer caso la argumentación, si se le puede llamar así, es que si ellos se oponen, los de Bildu tendrán más votos, lo que muestra una táctica comodona y cobarde. En el segundo, al parecer, la responsable autonómica del PSE ve muy interesante una colaboración (no sé si coalición) entre ellos, los de Podemos y los representantes de ETA, y esta postura es de complicidad con los enemigos de la Democracia, les guste o no a los del partido socialista.
La ambivalencia  de los socialistas es vieja, como viejo es su principio de que el fin justifica los medios, siempre que el fin sea alcanzar el poder. Desde que Felipe González convirtiese la gran mentira en un libro titulado Un discurso ético, el mal se ha ido agravando en el PSOE con el transcurso del tiempo, con la connivencia necia de una parte de la sociedad, de los medios de opinión y de otras fuerzas políticas que les han hecho el juego por intereses de táctica política, incluido el Partido Popular. Con el resultado de que su bendición democrática a cualquier facción política que les pudiera ayudar para alcanzar o retener el poder, ha llegado al extremo actual de considerar aceptables e incluso imitables aquellas doctrinas que en sus inicios sólo eran tolerables para el PSOE.
Nada nos debería extrañar, pues, que ahora abracen con deleite a los antiguos terroristas, incorporen a su ideario político cualquier majadería totalitaria de sus presuntos rivales de la Izquierda o que se escondan cómodamente ante una ilegalidad manifiesta con la excusa de que debe ser la Justicia quien actúe, como si lo que pidieran los partidos democráticos fuese una comisión parlamentaria para investigar los ERE de Andalucía. Su miopía estratégica y su necedad táctica son las que permiten que se envalentonen los enemigos de la democracia y de la libertad, los criminales no arrepentidos y los sinvergüenzas que ellos apoyan por empatía política.
Y lo más triste es que no va a ser únicamente su partido el perjudicado sino toda la sociedad española.
Pepe de Brantuas. Agosto de 2016, en España.

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De muslimes, rodrigos y julianes.


Si hemos de creer a los mitos históricos hispanos será en sus moralejas, porque la sicología de los personajes sólo está escrita en el libro del Juicio Final y habrá que esperar a que nos la lean. Cuentan de Rodrigo que era algo lujurioso, a modo y manera del centro derecha de ahora, y el Julián de marras debió ser el progre de la época, que con ganas de venganza se alió al moro (del latín maurus, habitante negro de la Mauritania, que era como Roma llamaba al África profunda) y convirtió a Hispania en una penumbra que no se erradicó hasta 8 siglos después.

menos palabras y más soluciones...

menos palabras y más soluciones…

No sé si los mauros de la época eran como los terroristas de ahora, pero parece claro que los de DAESH, Al Qaeda y derivados, amén de los que los financian, o celebran sus crímenes en público o en privado, no siguen a ningún dios sino a Satán, el padre de la mentira, la violencia y todo tipo de crímenes. Y también, hogaño como antaño, tenemos rodrigos gobernando y julianes intrigando y haciéndole el juego a esta gentuza imperialista y violenta que trata de imponer sus diarreas mentales por todo el universo, que ahí está la moraleja del mito histórico.

No niego que el problema tenga difícil solución al tener toda una quinta columna en Occidente formada por millones de musulmanes y ésos que apoyan unilateralmente su cultura, en sentido amplio, aunque ésta se oponga frontalmente a los valores occidentales y a nuestras leyes democráticas. Pero tiene que haber soluciones para perseguir fanatismos político-religiosos con la misma intensidad que se persigue el nazismo. O, por lo menos, con el mismo empeño que se pretende combatir la islamofobia. Lo contrario, perseverar en una islamofilia ingenua, sería una rendición y un desastre para todos nosotros.

Les gustará o no a los progres julianes de nuestra época, pero estamos en una guerra abierta y a eso tenemos que atenernos o seremos barridos por los fanáticos, los intolerantes, los criminales, los terroristas, eso sí, con su complicidad de ingenuos y la desidia necia de los políticos gobernantes.

Pepe de Brantuas. Julio de 2016, en España.

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El proyecto “Zona gris” y Esopo.


El Gray Zone Project es una iniciativa de periodistas americanos de izquierdas para proteger al islamismo moderado de los ataques que podrían venir como reacción ante el terrorismo islámico. Esa Zona Gris de la sociedad estaría compuesta de musulmanes que no quieren ser soporte del radicalismo del DAESH, o de otros grupos terroristas de base islámica, y también, supongo, de aquellos que sin ser del islam, occidentales o no, quieren no ser islamófobos y desean una convivencia en paz con ellos. Su tesis, basada al parecer en textos terroristas, sería que los gobiernos occidentales, cuando éstos combaten contra las bases terroristas en Oriente Medio y África, estarían ayudando a los intereses del DAESH, que buscaría la destrucción de esa zona gris por medio de la radicalización de musulmanes y no musulmanes en Occidente.

¿O zona multicolor?

¿O zona multicolor?

En primer lugar, aunque parezca irrelevante, está la denominación de esa presunta zona como gris. Entre el blanco, suma de todos los colores, y el negro, ausencia de todos ellos, que pretenden hacer mayoritarios y únicos los terroristas y los islamófobos, existe una variada gama de colores que sólo son por la ausencia de alguno del espectro. No hay gama de grises nada más que en esa mentalidad intelectualmente daltónica de la izquierda, que considera a la comunidad como superior siempre a las personas individuales que la forman, cuando no niega todo valor a la individualidad. Representa también, bastante fielmente, a esa forma de ver la tolerancia como algo gris, que no destaca ni llega al extremo del blanco ni del negro, donde todo es relativo y nada tiene verdadera importancia. Algo así como una especie de masa informe que no chista ni se pronuncia ni hace nada a favor ni en contra. Pero se equivocan porque la sociedad es tan multicolor como personas individuales la forman.

No negaré que la iniciativa del Gray Zone Project puede tener en origen buena intención, aunque no lo parece. La impresión es que se pretende desligar totalmente del Islam y de las teocracias basadas en esta religión cualquier responsabilidad en la situación actual del terrorismo islamista, cuando no responsabilizar a los gobernantes occidentales de ser los promotores o de alimentar imprudentemente las intenciones criminales del DAESH y sus equivalentes de otras sectas de la misma religión. Es ignorancia histórica, pues el llamado panislamismo, buscador de un único califato mundial, es anterior al panarabismo de corte laicista, fomentado por la Alemania nazi, que dominó en Asia y en África después de la II Guerra Mundial con la independencia nacional de las colonias occidentales. Fueron los movimientos laicistas, muchos de ellos apoyados por la URRS durante la Guerra Fría, los que reprimieron el fundamentalismo islámico a sangre y fuego, sin acabar con él del todo porque se asienta en una interpretación unívoca y estricta de los propios escritos sagrados de su religión.

La izquierda radical española, como la de otros países europeos, repite como consignas las cuatro cosas que defienden los promotores del Gray Zone Project, pero sin cuestionarse que porcentaje de realidad puede haber en semejante tesis y que intereses son los que de verdad la promueven. Olvidan que todas las guerras obligan a tomar partido por uno de los bandos a todos los ciudadanos, sin excepción, de los pueblos implicados en el conflicto. Siempre fue así y siempre será: los habitantes de los países de África y Asia arrasados por la guerra lo saben bien, por eso huyen si pueden. Lo único que nos diferencia de esos pueblos es que aquí la guerra toma la forma de atentados terroristas indiscriminados y la radicalización se muestra por ahora sólo en las urnas. Pero si los gobiernos occidentales no hacen nada por combatir la logística terrorista, por debilitar su capacidad de matar y por desarmarla ideológicamente, la radicalización pasará de las urnas a las calles, tristemente.

Recomendaba hace pocos días a dos simpatizantes de Podemos que leyeran la fábula de Esopo sobre los Lobos y las ovejas, donde los primeros convencen a las segundas para que se deshagan de los perros y después acaban con ellas. No la habrán leído, pero el griego pone al final como conclusión algo que le podría ocurrir a Occidente: Así también las ciudades que traicionan fácilmente a sus dirigentes, sin darse cuenta, pronto se ven sometidas también ellas a sus enemigos.

Pues eso.

Pepe de Brantuas. Julio de 2016, en España.

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Romanticismo cultural y realidad social: reconstruir Palmira.


Ningún monumento histórico vale una sola vida humana.

piedras ensangrentadas...

piedras ensangrentadas…

El secretario general de la ONU, el alcalde de Londres y un número incalculable de personas se han felicitado por la toma de la ciudad siria de Palmira por las tropas de Assad y de Rusia, expulsando a los milicianos terroristas de DAESH. Pero parece que lo importante son las ruinas de la vieja ciudad clásica, ahora más ruinas que nunca, y no los millones de personas muertas, desplazadas, saqueadas y aterrorizadas por el terrorismo y por los demás bandos combatientes. Del señor Banki Moon nada diré, que no sé qué ideas políticas tiene ni que juego de intereses han influido para que ocupe el cargo, pero Boris Johnson, alcalde electo democráticamente, que parece el clon inglés de Donald Trump, parece estar convencido de que Occidente (en versión cutre británica) está obligado a reconstruir las ruinas para que coincidan con las fotografías, películas, planos y estudios que se han hecho sobre ellas durante más de un siglo.

La iniciativa sería loable si fuese acompañada por el mismo celo e indignación por reconocer y resolver la tragedia humana que el islamismo fanático ha provocado contra el cristianismo, el islamismo de otras facciones, contra la etnia de los yazidíes y contra cualquier ciudadano de Oriente, de Occidente o de África que no secunde su visión simplista y criminal del islam. Mientras DAESH asesina y destruye, sus inspiradores (y acaso financieros) de Arabia Saudita y de otros países del Golfo matan por las mismas razones en sus propios países y en el Yemen, con la agravante de que el secretario de la ONU es uno de los principales responsables de nombrar a los representantes de los sauditas como defensores de los Derechos Humanos o de hacer pasar a Irán por una república democrática.

La cultura universal es importante como un medio para la mejora de la Humanidad, no como un fin en sí misma, por mucho que haya sido declarada Patrimonio de la Humanidad. La Humanidad la forman todos los seres humanos y cualquiera de ellos está por encima de cualquier monumento o símbolo cultural, aunque haya sido “muy estudiado” por arqueólogos británicos o de otras partes. Si el Sr. Johnson, el Sr. Moon y los demás afines que por el mundo tienen no son capaces de encontrar un fin transcendente que merezca la pena de ser buscado y defendido, al menos que pongan como fin a las personas individuales que sufren de verdad en el mundo y no a un conjunto de piedras artísticas que de tanto ser estudiadas a lo largo del tiempo su desaparición física no nos produce una merma cultural demasiado onerosa. Al menos no tan exageradamente onerosa y escandalosa como su recuperación y reconstrucción en medio del océano de sangre de todas las víctimas inocentes.

Pepe de Brantuas. Marzo de 2016, en España.

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