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El 15M ante la realidad.


(The 15M to reality.)

…nosotros, los ciudadanos…

Muchas cosas se han dicho o escrito en carteles y pancartas, pero eso de PPSOE fue de lo más frecuente. Y por mucho que el movimiento de los quincemeros crea que es invento suyo, ya tiene sus lustros esa comparación antinatural, usada en diferentes elecciones por terceros partidos en discordia. Supongo que a estas alturas hasta los más ingenuos se habrán dado cuenta de las importantes diferencias entre el Partido Popular y el Partido Socialista, por mucho que, entre la bruma de la crisis y de las declaraciones, todos los políticos parezcan grises.

Si hace un año las críticas del movimiento casi nunca eran de forma directa contra el anterior gobierno, sino que parecían difuminarse en un monstruo bicéfalo que encarnaba a los dos principales partidos políticos, en esta ocasión ya no hay escusa ni timidez en atacar llanamente al gobierno del PP. El partido del señor Rubalcaba pudo haber sido acusado de hacer cosas propias de la derecha, pero ahora gobierna el señor Rajoy y, aunque a veces parece tomar medidas propias de la izquierda, ésta jamás lo reconocerá. Y no lo hará porque la esencia del 15M es de izquierdas y no una mera indignación de los ciudadanos a quienes dicen representar.

La realidad es lo que tiene, que pone a todos en su sitio. Y aunque el 15M ya había perdido muchos simpatizantes solo tres meses después de su inicio, ahora parece claro que si no eres de izquierdas ni simpatizas con sus ideas es poco inteligente canalizar la protesta por los caminos ya trillados de la concentración callejera. Más aún si esa actitud solo sirve de pantalla para dar cobertura a los grupos más antidemocráticos que existen hoy en Occidente.

La representación es algo bastante importante para admitir que una minoría que nadie ha elegido nos representa a la mayoría de los ciudadanos. Sobre todo si esa actitud aparenta ser tan estacional que aparece de nuevo en primavera como las migrañas, las alergias y la tan manida astenia.

Pepe de Brantuas. Mayo de 2012, en España.

 

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No se lo vayan a creer…


 (You will not believe it…)

 

No buscan más democracia

No luchan contra el capitalismo. No se violentan contra el paro. No destruyen vehículos y mobiliario urbano para fomentar la cultura e incrementar la educación pública. No se manifiestan para mejorar las condiciones de los trabajadores. No acosan a los políticos en sus viviendas particulares, como hacían los nazis con los comercios judíos, para mostrar su repulsa. No defienden todas esas acciones por culpa de la reforma laboral. No se lo vayan creer, porque lo único que les ocupa y les preocupa es que el pueblo les haya dado la espalda en las urnas de forma tan contundente, tan mayoritaria, tan extendida.

Desde la cúpula del PSOE hasta el militante más ínfimo del grupo antisistema más majadero, casi todos ellos, no admiten la pérdida del poder, de su estilo de vida en el entramado administrativo español, de aquellos a quienes votaban o a quienes toleraban porque les daban coba, dinero público o les permitían soñar con el advenimiento de su utopía política particular. O no creen en las urnas o han perdido su esperanza de recuperar en ellas a corto plazo el manejo de los presupuestos públicos. Han cambiado las papeletas por las pancartas y por el acoso callejero a todos aquellos que rechazan su ideología. Han dejado de ser oposición para convertirse en quinta columna.

Lo que están fomentando en España estos días no es más democracia, sino totalitarismo; no es una primavera estudiantil o sindical, sino un otoño de la izquierda asustada, derrotada, sin ideas, sin esperanza; pasan de las palabras a la acción, porque en el fondo no creen en los Parlamentos ni en la democracia occidental. Puede que sea el canto del cisne del marxismo revolucionario, del anarquismo nihilista o del socialismo al viejo estilo. Pero no tiene nada de progresismo, porque despiden el tufo de las algaradas nazis previas a la toma del poder de Hitler, o de las involuciones comunistas que el mundo han sido.

Son su lucha contra las urnas con la sublevación en la calle. Si antes ya lo hicieron, ¿por qué no habrían de hacerlo ahora?

Pepe de Brantuas. Marzo de 2012, en España.

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Demócratas de boquilla, totalitarios de corazón.


 (Democrats nozzle, totalitarian at heart.)

La tiranía que viene.

Cuando el gobierno del PSOE, allá en la época de Felipe González, se invento la letra de marras del NIF añadiéndola al número del DNI, dijo en su descargo que era para diferenciar ambos, pero como tantas veces no era cierto. Ahora ya figura en todos nuestros carnets de identidad y cualquier policía, de hecho o de derecho, puede obtener gran información de cada ciudadano, sea ésta necesaria para sus investigaciones o por curiosidad malsana y con otros propósitos.

Ahora que dentro de ese partido hay una pugna entre lo pretérito y lo vetusto, para ver quien ocupa el cargo de secretario general, hay ideólogos de tres al cuarto que pretenden que el chip añadido a nuestras tarjetas de identificación lleve en su memoria el nivel de renta de cada uno. El presunto objeto de esta medida, que se desea incorporar a la ponencia marco del Congreso de Sevilla, es cobrar más por las tasas públicas a los ricos que al resto. Y digo presunto porque siempre que se aduce ese argumento es para perjudicar a todos, menos a los paupérrimos y a los millonarios.

A uno le recuerda eso que dijo Doña Esperanza Aguirre sobre cobrar más por la Sanidad Pública a quien más tiene o, peor todavía, a la ley de Reforma Sanitaria de Obama que pretende implantar obligatoriamente a todos los ciudadanos un chip bajo la piel, en el cual figure su estado de salud y sus recursos económicos o de seguro privado.  Así los hospitales sabrían a que atenerse en cuanto a las necesidades médicas del individuo y a su capacidad de abonar las abultadas tarifas. Ese invento todavía puede entrometerse más en la intimidad personal guardando datos fiscales, penales, etc. según idea que ya procede de la época de Bill Clinton.

Como casi siempre los extremos se tocan. Y cuanto más presume un político de demócrata o liberal, más razones tenemos los ciudadanos para pensar que nones. Desean tenernos bien controladitos, más fichados que a los terroristas, para gastar nuestros dineros en sus partidos políticos, en sus sindicatos, en sus ONGS amigas, en sus normalizaciones lingüísticas, en sus falsas políticas sociales o, lo que suele ser peor, en sus amigos y familiares que, pobrecitos, nunca han tenido un empleo decente y estable en su vida.

Que paguemos impuestos y precios públicos abusivos en aquellos servicios en los cuales ellos despilfarran, parece ser la solución de futuro de los socialistas y de algunos que presumen de no serlo. Eso, y saber todo lo posible de cada uno de nosotros.

Pepe de Brantuas. Enero de 2011, en España.

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España: Prisas y pausas.


(Spain: Haste and pauses)

España busca una salida

Esto de la bajamar electoral tiene unos efectos bastante sorprendentes. Como la marina, si es viva, deja ver todo tipo de fondos y recovecos que en circunstancias normales no se perciben. Si añadimos, además, los temporales que vienen de occidente se pierde uno en tanto remolino político y económico como estamos envueltos. Para unos todos son prisas y para otros las omisiones negligentes no son más que pausas necesarias.

España busca una salida. Sí, España. Es decir los españoles en su mayoría, que la tierra que pisamos no es más que nuestros pantalones, nuestros enseres, nuestros útiles de trabajo, por mucho que nuestro corazón se apegue a ella. Las personas, que la somos y la hacemos, somos la única España que hay, y pedimos cordura a quienes acaban de ser elegidos.

No nos entusiasma que unos hablen de plazos constitucionales para alargar su permanencia, cuando éstos no son más que límites que no es obligado agotar. Tampoco nos ilusionan quienes piden dejar la ley de lado porque soplan fuerte los vientos del mercado. Se puede trabajar con diligencia, anticipar lo que se puede adelantar, dejar para más tarde lo que se puede retrasar. Trabajar como en el dicho, sin prisa pero sin pausa. Con prudencia, virtud principal para los gobernantes.

Ahora que la tempestad del voto revuelve las fotos electorales y los lemas de los partidos como hojarasca seca de otoño, que es lo que son, es preciso cuidarse de agoreros interesados, de los que pescan en río revuelto, de los profetas del desastre de todos los días. Ahora es el momento de ver si los que tienen responsabilidad de gobernar tienen ideas y remedios para tanto estrago. Si en el trasfondo de su pasado silencio había conocimiento de causa y ciencia terapéutica que vaya más allá de los lugares comunes, de los prejuicios ideológicos.

Millones de ojos escrutamos cada gesto, cada silencio, cada acción. Nada es como antes ni lo será y cuanto antes lo comprendan los militantes a la antigua, tanto mejor para todos. Que la gran mayoría de indignados fuimos a votar aunque no lo hayamos hecho a la manera que suponían algunos. Y como votamos vamos a exigir desde ya, sin más preámbulos, sin períodos de gracia ni vacaciones post electorales.

España somos casi todos, menos los que no saben ni lo que son.

Pepe de Brantuas. Mes de Difuntos de 2011, en España.

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