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No se lo vayan a creer…


 (You will not believe it…)

 

No buscan más democracia

No luchan contra el capitalismo. No se violentan contra el paro. No destruyen vehículos y mobiliario urbano para fomentar la cultura e incrementar la educación pública. No se manifiestan para mejorar las condiciones de los trabajadores. No acosan a los políticos en sus viviendas particulares, como hacían los nazis con los comercios judíos, para mostrar su repulsa. No defienden todas esas acciones por culpa de la reforma laboral. No se lo vayan creer, porque lo único que les ocupa y les preocupa es que el pueblo les haya dado la espalda en las urnas de forma tan contundente, tan mayoritaria, tan extendida.

Desde la cúpula del PSOE hasta el militante más ínfimo del grupo antisistema más majadero, casi todos ellos, no admiten la pérdida del poder, de su estilo de vida en el entramado administrativo español, de aquellos a quienes votaban o a quienes toleraban porque les daban coba, dinero público o les permitían soñar con el advenimiento de su utopía política particular. O no creen en las urnas o han perdido su esperanza de recuperar en ellas a corto plazo el manejo de los presupuestos públicos. Han cambiado las papeletas por las pancartas y por el acoso callejero a todos aquellos que rechazan su ideología. Han dejado de ser oposición para convertirse en quinta columna.

Lo que están fomentando en España estos días no es más democracia, sino totalitarismo; no es una primavera estudiantil o sindical, sino un otoño de la izquierda asustada, derrotada, sin ideas, sin esperanza; pasan de las palabras a la acción, porque en el fondo no creen en los Parlamentos ni en la democracia occidental. Puede que sea el canto del cisne del marxismo revolucionario, del anarquismo nihilista o del socialismo al viejo estilo. Pero no tiene nada de progresismo, porque despiden el tufo de las algaradas nazis previas a la toma del poder de Hitler, o de las involuciones comunistas que el mundo han sido.

Son su lucha contra las urnas con la sublevación en la calle. Si antes ya lo hicieron, ¿por qué no habrían de hacerlo ahora?

Pepe de Brantuas. Marzo de 2012, en España.

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5 comentarios

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Demócratas de boquilla, totalitarios de corazón.


La tiranía que viene.

Cuando el gobierno del PSOE, allá en la época de Felipe González, se invento la letra de marras del NIF añadiéndola al número del DNI, dijo en su descargo que era para diferenciar ambos, pero como tantas veces no era cierto. Ahora ya figura en todos nuestros carnets de identidad y cualquier policía, de hecho o de derecho, puede obtener gran información de cada ciudadano, sea ésta necesaria para sus investigaciones o por curiosidad malsana y con otros propósitos.

Ahora que dentro de ese partido hay una pugna entre lo pretérito y lo vetusto, para ver quien ocupa el cargo de secretario general, hay ideólogos de tres al cuarto que pretenden que el chip añadido a nuestras tarjetas de identificación lleve en su memoria el nivel de renta de cada uno. El presunto objeto de esta medida, que se desea incorporar a la ponencia marco del Congreso de Sevilla, es cobrar más por las tasas públicas a los ricos que al resto. Y digo presunto porque siempre que se aduce ese argumento es para perjudicar a todos, menos a los paupérrimos y a los millonarios.

A uno le recuerda eso que dijo Doña Esperanza Aguirre sobre cobrar más por la Sanidad Pública a quien más tiene o, peor todavía, a la ley de Reforma Sanitaria de Obama que pretende implantar obligatoriamente a todos los ciudadanos un chip bajo la piel, en el cual figure su estado de salud y sus recursos económicos o de seguro privado.  Así los hospitales sabrían a que atenerse en cuanto a las necesidades médicas del individuo y a su capacidad de abonar las abultadas tarifas. Ese invento todavía puede entrometerse más en la intimidad personal guardando datos fiscales, penales, etc. según idea que ya procede de la época de Bill Clinton.

Como casi siempre los extremos se tocan. Y cuanto más presume un político de demócrata o liberal, más razones tenemos los ciudadanos para pensar que nones. Desean tenernos bien controladitos, más fichados que a los terroristas, para gastar nuestros dineros en sus partidos políticos, en sus sindicatos, en sus ONGS amigas, en sus normalizaciones lingüísticas, en sus falsas políticas sociales o, lo que suele ser peor, en sus amigos y familiares que, pobrecitos, nunca han tenido un empleo decente y estable en su vida.

Que paguemos impuestos y precios públicos abusivos en aquellos servicios en los cuales ellos despilfarran, parece ser la solución de futuro de los socialistas y de algunos que presumen de no serlo. Eso, y saber todo lo posible de cada uno de nosotros.

Pepe de Brantuas. Enero de 2011, en España.

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