Archivo de la etiqueta: Soberanía

Corrupción, despilfarro, deuda pública y soberanía.


Qué razón tenía Thomas Jefferson sobre el endeudamiento público. La soberanía de un país es su libertad. Cuando un estado está endeudado por encima de sus posibilidades inmediatas está a merced de los prestamistas, como un pobre hombre que fue pródigo acaba en la ruina o en manos de los usureros.

obras fantasmas...

obras fantasmas…

Hoy comprobamos como muchas naciones son presionadas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional para implantar políticas concretas que poco o nada tienen que ver con la economía, al menos a corto plazo: aborto, control de la natalidad, ideología de género, unión gay, derechos laborales… Y esas las conocemos porque las han convertido en políticamente correctas: ¿cuántas habrá por detrás y al margen del conocimiento de la opinión pública?

Y lo más paradójico de todo es que la izquierda es quien más ha promovido ese endeudamiento de los estados y de las administraciones públicas, quien simpatiza con muchas de las políticas presuntamente correctas promovidas por esas instituciones internacionales y quien, constantemente, critica a los mercados financieros extranjeros y nacionales, a quienes lleva décadas cediendo soberanía a cambio de más capital para sus políticas despilfarradoras. Pérdida de soberanía que se traduce en pérdida de libertad política y económica de los ciudadanos, que son relegados en su voluntad de decidir y expoliados en su propiedad por los impuestos abusivos.

La situación es tan grave que hasta el conservadurismo se ha convertido en la práctica en un socialismo de derechas aceptando el statu quo, rebajándose a los requerimientos ideológicos de los organismos financieros o, lo que es peor, aceptándolos como dogma y creando todavía más deuda pública. Se puede ser ingenuo y echar toda la culpa a quienes ceden su capital en préstamo, pero sin duda que la principal responsabilidad es de los partidos y gobernantes pródigos, derrochadores, corruptos y acomodaticios.

Mientras la mayoría de los partidos políticos no lleven en sus programas la reducción masiva de la deuda pública y el empeño real de llevarlo a cabo desde el poder, con la consiguiente reducción de impuestos (pues ya no habrá necesidad de tantos tributos destinados a pagar plazos de intereses y amortizaciones), la libertad de los ciudadanos y la soberanía de la nación permanecerán mediatizadas o reducidas, aunque nos quieran hacer creer lo contrario.

Pepe de Brantuas. Mayo 2015, desde España.

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Cosas de España, Eso que llaman política, Por el Mundo, Vida humana

La paradoja del Tercer Poder.


Trubunal Superior de Justicia de Galicia.

Trubunal Superior de Justicia de Galicia.

Sin duda, me refiero al Poder Judicial.

Una de las mayores perversiones que se pueden producir en una democracia es convertir a los partidos políticos en los agentes plenipotenciarios de la soberanía popular. Son herramientas necesarias, acaso imprescindibles, para el funcionamiento del sistema y la canalización de las ideas, intereses y voluntad de los ciudadanos. Pero en ningún caso pueden sustituir a éstos como sujetos de esa soberanía. Y dejan de cumplir su función cuando se convierten en herméticos grupos de intereses, ajenos a los votantes y a las opiniones que ellos defienden. Y eso es, precisamente, lo que parece que está ocurriendo en España, casi sin excepciones en el arco parlamentario.

Pero quería hablarles de una paradoja que, sin embargo, es fundamental en una democracia. El poder ejecutivo y el poder legislativo necesitan en cierto modo la acción de los partidos, en su elección y en su control, como canalizadores de la voluntad de la mayoría y de la pluralidad real de la sociedad. Sin esa intervención partidista, la política acabaría por ser manejada en la sombra por otros poderes reales que existen en la sociedad y que suelen ser minoritarios. Pongan ustedes el ejemplo que deseen. Aunque, en cierto modo, cuando los partidos políticos abandonan el campo de las ideas para convertirse en meras banderías o grupos de intereses comunes, el resultado suele ser el mismo.

Sin embargo el poder judicial no necesita para nada a los partidos políticos. No son necesarios en su elección, ni para su funcionamiento, ni le añaden nada de democracia con su actuación. La función principal del Poder Judicial en un Estado de Derecho es el control de la legalidad de los actos de los otros poderes y de los ciudadanos en general. No tiene función representativa alguna ni se esperan de él unas grandes ideas para llevar al país por el camino del buen gobierno. Es más, cuanto más alejado esté de la acción y de la contienda partidista, más democrático será, porque debe emplearse principalmente en que los actos de gobierno y el funcionamiento del legislativo se correspondan a las leyes que los regulan y a Ley en general.

La creencia absurda de que el poder judicial es más democrático porque los que lo gobiernan son elegidos por consenso o negociación entre los partidos políticos, es una falacia tan evidente hoy en día que sólo se explica por los intereses de éstos en manipular al tercer poder. Si se quisiera realmente que fuera más democrático su nombramiento bastaría con que los españoles eligiéramos cada 7 años (por ejemplo), en circunscripción única y con listas abiertas, a 30 jueces o magistrados y después, cuando hubiera vacante, los candidatos deberían proceder obligatoriamente de ésos, ya electos por el pueblo. Y si en el plazo de un mes no hubiera consenso, ocuparía automáticamente el cargo aquel de ellos que hubiera sido elegido con más votos ciudadanos.

La paradoja, pues, es que cuanto más lejos de los intereses de los partidos esté la elección de los miembros del Consejo General del Poder Judicial, más democrático será éste. Y lo que vale para el poder judicial debería valer para el Tribunal Constitucional, aunque en este caso, por su aberrante origen, es más lógica su elección por el Congreso y el Senado.

Hasta que los ciudadanos consigamos recuperar esa porción de soberanía que nos ha sido usurpada por unos partidos políticos decadentes y devolver al tercer poder su independencia de los intereses partidistas, estaremos expuestos a perder nuestras libertades en virtud de los consensos totalitarios de aquellos que dicen representarnos, pero que sólo representan sus propias ambiciones o las de minorías inconfesables.

Pepe de Brantuas. Diciembre de 2013, en España.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported

Deja un comentario

Archivado bajo Baul de Twitter, Cosas de España, Vida humana