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29M: Huelga general o estupidez generalizada.


(General strike, or general stupidity.)

Trabajo, sí...

Desconozco el número de empresas españolas que están boyantes y se pueden permitir un día de huelga de sus empleados. Ignoro si las hay, como ignoro también el número de autónomos que tienen la felicidad de ver que su negocio prospera durante la crisis, que no son acreedores desesperados de ninguna administración ni de la mayoría de sus clientes. Tampoco sé cuantos aguantan, por responsabilidad social y empresarial, de una empresa pequeña o grande con futuro incierto. Pero sí sé que hay de estos y que van cayendo como moscas gracias a la incompetencia pagadora de las administraciones, a la intransigencia doctrinaria de los sindicatos, a la asfixia financiera propiciada por una izquierda ávida de préstamos, que desperdiciaron y desperdician en aventuras horteras, en gastos suntuarios y en llenarse los propios bolsillos. Y los que no son izquierda e hicieron lo propio, que también los hay.

Y todos aquellos, además de los empleados con sentido común que ven peligrar sus puestos de trabajo, observan como los sindicatos llamados de clase y los partidos políticos que los apadrinan ideológicamente, se lanzan a una correría más: una huelga general exclusivamente política. Una huelga que pretende torcer por la fuerza lo que se ha aprobado democráticamente en el parlamento de la nación, y por sobrada mayoría. Y, si eso fuera poco, tienen que escuchar de boca de un sindicalista de sueldo millonario, privilegiado de la RENFE, que el derecho de huelga está por encima del derecho al trabajo, con la insana intención de justificar la violencia de esos comandos urbanos que llaman piquetes. Y lo dice con la autoridad de un augur fanático al cual se le hubiera aparecido una divinidad menor de la mitología clásica. Lo que sería para ellos legitimidad, es para nosotros charlatanería.

No hay sentido. Ni del común, que sería de esperar, ni del racional, menos frecuente, totalmente ausente en los promotores de la algarada y de la holganza general. Por esa sinrazón es necesario acudir a trabajar el 29, ir de compras ese mismo día y procurar convertir esa jornada en una lo más normal posible, si los facinerosos de turno no lo impiden por la fuerza. No importa tanto que al día siguiente presuman o no de haber triunfado, como que los ciudadanos dejemos de comportarnos como borregos ante los políticos necios y ante los sindicatos chupasangre.

Pepe de Brantuas. Marzo de 2012, en España.
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Infalibilidad política y libertad de opinión.


Decía Stuart Mill que negarse a oír una opinión, porque se está seguro de que es falsa, equivale a afirmar que la verdad que se posee es la verdad absoluta. Y añadía que toda negativa a una discusión implica una presunción de infalibilidad. Y los presuntuosos infalibles son especie que abunda y cualquiera de nosotros puede en determinado momento pertenecer a ella, aunque sea de forma temporal e individual. Pero la peor de todas es aquella que se ejerce de forma colectiva por táctica política, por prejuicio ideológico o por interés espurio.

La segunda la tenemos estos días muy a la vista en España con las manifestaciones y la convocatoria de huelga general, por parte de gran parte de la izquierda y de los llamados sindicatos de clase. Durante varias décadas los prejuicios ideológicos de éstos han dominado la legislación española, incluso con gobiernos de la derecha. Unas leyes laborales rígidas, en parte heredadas del franquismo y en parte legisladas después, volvieron poco flexible la contratación provocando la inadaptación de nuestra economía a una crisis grave y profunda. El resultado ha sido el mayor número de desempleados de nuestra historia y el más elevado de Europa.

Pues, a pesar de los hechos, sindicatos y partidos de izquierdas, se niegan a aceptar que puedan estar equivocados. Se sienten infalibles y no están dispuestos a concebir otra idea que aquella que dicta su doctrina política. Es más, están dispuestos a imponerla por la fuerza de la coacción social.

La primera forma, la de la táctica política, es la que parece estar siguiendo una parte de la oposición cubana al régimen de Castro. Desde que se anunció la visita del Papa a la isla se opusieron con firmeza a la misma, pues aseguraban que ésta era una forma de respaldar a la dictadura. Como parece ser inevitable, trataron de condicionar la actuación papal exigiendo unos gestos que debería hacer el pontífice de forma obligatoria. Y ahora, por parte de un partido político fundado en Miami, se ha organizado una ocupación de templos católicos que terminó con el desalojo de una iglesia de la Habana y la crítica a las autoridades eclesiásticas.

La tercera sería la campaña que se ha organizado en España contra la asociación Hazte Oír. Desde algunos sectores políticos y de medios de comunicación no se quiere tolerar que una organización ciudadana presione y defienda determinadas ideas. El método en este caso es acusarla de ultraderechista, o de estar vinculada a no se sabe que sospechosos intereses y grupos.

Todas ellas son consecuencia de la presunta infalibilidad que creen poseer los actores mencionados, los cuales sin embargo presumen de defender la libertad, de los trabajadores, del pueblo cubano o de vaya a saber usted quien, según el caso y el lugar.  Pretenden doblegar al que se opone a su visión, pero, como también decía Stuart Mill,

siempre hay esperanza cuando las gentes están forzadas a oír las dos partes, cuando tan solo oyen una es cuando los errores se convierten en prejuicios y, la misma verdad, exagerada hasta la falsedad, pierde hasta los propios atributos de ser verdadera.

¿Se enterarán algún día?

Pepe de Brantuas. Marzo de 2012, en España.

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