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Del laicismo jacobino a la flatomancia: un salto cualitativo


El laicismo jacobino, tan propio del añejo republicanismo hispánico, de cuyos acólitos decía el gran Castelao que se habían convertido en meros representantes del diablo, anda revuelto con la visita del Papa. Y en los dos diarios del reinado socialista, el depuesto, El País, y el heredero, Público, no dejan de salir soflamas contra la JMJ 2011. No sabemos si por un jacobinismo sincero o por reconducir al 15M callejero en dirección diferente a donde el PSOE está.

Lo de menos es que en Público el espadachín, o espadachina, sea la reina de la noche Shangay Lily, el Enrique acaso le llamaban en su pueblo, pluma insigne del radicalismo gay, que llama golpe de estado a que se reúnan en Madrid más de un millón de jóvenes con el Papa. Acaso si fuesen machiegos y mujeriegas del día del orgullo, opinaría de otra manera. Pues ya dejó dicho, él o ella, que los del PSOE eran sus aliados naturales y la única opción que tenía antes de quedarse en bragas delante del toro pepero. No es extraño que el 15M le repatee el hígado, tan ácratas ellos como su antepasado Durruti.

En El País, a quien han soltado de la cadena es a Doña Ruth Toledano, desde enero Cronista oficial de la Villa, a propuesta del PSOE y con los votos de los demás, católicos incluidos. Esta disimula más, que le gusta el 15M callejero y dice que la Puerta del Sol les pertenece y es símbolo mundial de un nuevo sistema. Desde la conjunción planetaria de Doña Leire Pajín no habíamos leído algo tan turbador. Tampoco le gustan los confesionarios del Retiro y sí la fiesta del orgullo en su barrio que, según ella, atrae a Madrid a 250.000 extranjeros, más que cualquier otro evento nacional. La JMJ 2011 trae a más de 1.000.000, pero como no es en su barrio ni se van a poner en bragas ni taparrabos, pues que no, claro. Y eso a pesar de que hace un año, en una entrevista dijeron de ella que acoge a los diferentes y a la familia, a los afines y a los opuestos. Porque inspira solidaridad, confianza y muy buena vibración. Pues se le habrá estropeado el vibrador a la genial plumífera…

¡Oh zanahorias insignes del Goebels redivivo de Ferraz! ¿No tendrían más mérito dedicandose el primero a la flatomancia, más que nada por darle un uso más natural a su orificio trasero, y esta Diva vegetariana no le ayudaría a cultivar unas habichuelas, que consiguiesen entre ambos unos vaticinios más rotundos y acertados?

¡Cuanta cultura desperdiciada!

Pepe de Brantuas. Agosto de 2011, en Barataria.

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La “representatividad inmanente” de la Izquierda…


(The Left and its “immanent representation”)

Por mucho que nos esforcemos nunca nos lo explicarán, pero es un hecho que repite una y otra vez, que hasta el más tonto que invoque al pueblo ya tiene sentido lo que dice. No parlamenta por sí ni con razones, no lo necesita. Basta que se ponga a hablar en nombre de la ciudadanía desde un punto, que el asume por principio como progresista, que se vuelve inatacable. Se le puede criticar, contradecir, razonar, reprochar, desaprobar o reconvenir, que siempre será, para él y sus fieles, tu opinión personal, interesada, clasista, fascista, fundamentalista o retrograda. La suya representa el futuro, la democracia, el pueblo, la nación, el progreso; la tuya, la represión, la facción, el particularismo, los intereses oligárquicos, etc.

Que el mal es antiguo lo sabemos quienes hace muchos años asistíamos a las asambleas universitarias, pero se le ha dejado crecer indebidamente. Alentado por los partidos y sindicatos de izquierdas, por la prensa pretendidamente democrática, con más totalitarios por metro cuadrado que arañas en el techo, por toda una derecha más preocupada por mantener poder y rozarse con demócratas legítimos, si es que eso existe, que en desmontar la facecia bobalicona de sus oponentes políticos.

Esa supuesta sabiduría progresista se ha venido abajo con el estrépito de un castillo de naipes de hormigón. En 1989 ya deberían, y deberíamos, haber aprendido la lección de que las utopías, por muy bien construidas filosóficamente que estén, son un camelo ideológico que solo conduce a la tiranía, al desastre, a la ruina moral y económica, pero les dejamos llorar sus penas y mantener la aureola de progreso y democracia que siempre han creído tener. De los treinta y tres años de nuestra democracia han gobernado ventidos, dos terceras partes, y nos han llevado a la ruina en dos ocasiones, pero las soluciones siempre son las suyas…

No nos extrañemos pues que a la primera crisis grave de un sistema que se pretendía liberal, pero que es más conservador y controlado que la entrada a un club social de VIPS en Beberly Hills, hayan renacido de las covachas donde medraban con nuestros impuestos, donde se mantenían en espera para recuperar el terreno perdido, donde guardaban como un tesoro mágico su representatividad inmanente, para arrojarla sobre nuestras cabezas.

No les hicimos reconocer sus disparatadas ideas, ni les obligamos a pedir perdón por todos los crímenes cometidos por sus correligionarios a lo largo y ancho del mundo. Nos complacimos en tenerlos al lado como si fuesen un trofeo vivo al que mostrar de vez en cuando o incluso del que presumir. Nosotros les permitimos seguir creyendo que poseían legitimidad democrática, aunque fuesen herederos de aquellos majaderos totalitarios que se enseñorearon de medio mundo.

Ahora los tenemos en las calles manipulando las ilusiones de cambio de miles de ciudadanos, como si sus soluciones fuesen reales y no un remedo absurdo de un fracaso universal. Están en algunos periódicos y desde ellos sueltan sus proclamas autocomplacientes y virulentas, como esa señora, Ruth Toledano, que nos perdona la vida a todos ciudadanos desde las páginas de El País y pretende presumir que sabe lo que diría Jesucristo sobre la venida del Papa, con la mentira del argumento de la financiación pública de la JMJ.

La culpa es nuestra, de los demócratas que sabemos de que pie cojean y no desmontamos en estos pasados años todas las sinrazones que mantenían guardadas en su memoria, por una confusión estúpida entre tolerancia y relativismo. Y es que no se necesitaba la violencia para nada, bastaba la razón y no lo hicimos.

Sin embargo, podrían ser sus pretensiones nada más que el canto del cisne de unas ideologías que nacieron en la errática segunda mitad del siglo XIX, pero si han conseguido llegar al XXI es gracias a nuestra connivencia, que les ha permitido seguir pasando por delante de nuestras narices esa representatividad inmanente que nadie posee y, por tanto, ellos tampoco.

Ojalá aprendamos de una vez.

Pepe de Brantuas.  Agosto de 2011,  en Barataria.

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