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Corrompe a los niños y destruirás la sociedad.


Que un millonario de Nueva York financie el anuncio de una asociación española induciendo al engaño a los niños podría parecer anecdótico, pero es un plan muy bien meditado y que tiene sus raíces muchos años atrás. Ya en los comienzos de Obama –ese presidente increíblemente adorado por una parte de la casta–, asomaba el intento de corromper a los más jóvenes por todos los métodos, y no dejaba de tener relación con el deseo de despenalizar la pedofilia y, más tarde sin duda, la pederastia. No les bastaba con limitar la procreación o con matarlos en el vientre de sus madres, sino que era necesario embrutecer a quienes sobrevivieran a sus políticas contra la natalidad.

Ellos son el objetivo...

Ellos son el objetivo…

Detrás de todo está ese intento absurdo, ilógico e irreal de tratar de reducir la población del planeta a la décima parte de la actual preservando, eso sí, a minorías blancas, adineradas y presuntamente superiores a todos los demás. Crear un mundo donde una minoría privilegiada puede hacer todo aquello que desea, sea esto moral, inmoral o claramente perverso, a costa de una mayoría que estaría al servicio de sus placeres, sus intereses o sus necesidades. Los lobbies homosexuales, los de la ideología de género y otros similares no son más que los peones títeres para conseguir sus objetivos. Algunos de ellos puede que compartan los motivos últimos de los instigadores, pero en realidad están tirando piedras contra su propio tejado y el tiempo lo demostrará.

Lo más asombroso de toda esta historia de la inducción al suicidio colectivo es la cooperación necesaria de políticos, empresarios y periodistas que supuestamente defienden los derechos humanos y la libertad. Y también el consentimiento bobalicón de una parte importante de la sociedad que parece estar complacida con todo esto porque les han convencido de que es la modernidad, el progreso, cuando en realidad sería el retroceso más grande en la historia de la humanidad si llegase a salir adelante. Esa laxitud generalizada es la principal cómplice del proceso aberrante que esa minoría mundial intenta aplicar en todo el planeta.

Hay sin embargo una buena noticia que es el movimiento a nivel internacional en defensa de la vida, la libertad y el sentido común. Que no está siendo ineficaz lo prueba el hecho de que los defensores de las políticas destructoras de la sociedad humana recurren cada vez más a la violencia, a la imposición legal y a la censura pública de quienes se les oponen, lo que muestra el inicio de su declive, la incapacidad para convertir sus mentiras en verdad y la imposibilidad de esconder su maldad por mucho tiempo.

Pepe de Brantuas. Enero de 2017, en España.

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De Mercedes Beunza


Considerar desde una institución sanitaria que es ético destruir por compasión a un feto enfermo, con corta esperanza de vida, portador de discapacidad severa, o que dará lugar a una vida dependiente, es una forma de inducir al aborto eugenésico y estigmatizar a los padres que deciden respetar la vida de sus hijos y amarlos hasta el final”, expresa el ginecólogo Esteban Rodríguez. Todo eso podría evitarse, a juicio del ginecólogo, si se prescindiera del “diagnóstico prenatal eugenésico (cribado de cromosomopatías), que no tiene ninguna utilidad terapéutica, y cuya eliminación o postergación salvaría la vida de miles de niños en el mundo, sobre todo de los afectados por síndrome de Down”.

Mercedes Beunza .El diagnóstico prenatal, la eugenesia del nuevo siglo. 11 de julio de 2012. En Cultura de la Vida: Selección de artículos de Aceprensa, de Sofía Altimari di Benedetto

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29 diciembre, 2016 · 8:30

Vida humana y derechos.


Sin entrar en las diversas formas, cada vez más pueriles y acientíficas, que los defensores a ultranza del aborto emplean para denigrar la humanidad del no nacido, sea éste cigoto, embrión o feto en desarrollo, el hecho de ser un individuo de la especie humana le confiere la misma dignidad que a un ser humano adulto en plenas facultades. Y de ahí viene su derecho a la vida, si no queremos convertir ése y otros derechos en mera conveniencia político-social. No puede ejercer sus derechos ni tampoco defenderse, pero ninguno de esos está por encima del derecho a la vida, porque de él dependen para tener sentido y para poder ser ejercidos en su momento, cuando su autonomía y la Ley lo permitan.

Sin defender la vida no hay derechos...

Sin defender la vida no hay derechos…

Vivimos tiempos en los cuales es demasiado frecuente saber de personas que pierden su vida o se la juegan por defender su libertad religiosa, su libertad de pensamiento o de expresión, por poner unos ejemplos evidentes y del día a día, pero en ningún caso se pueden equiparar esas libertades, esos derechos, al de la vida, ni ponerlos por encima de éste. Lo contrario sería aceptar que tal derecho a la vida no existe para nadie ni es real, pues estaría en función de nuestra capacidad para ejercer los otros derechos o la mayoría de ellos, con independencia de la edad de la persona, como piensan los defensores de la eutanasia, entendida como capacidad de matar a personas imposibilitadas para defenderse o para suicidarse, aunque ellos no suelan manifestarlo públicamente.

Pretender que alguien que no puede defender ni ejercer sus derechos carece del más básico y elemental de ellos, cual es el derecho a que se respete su vida, es un sinsentido que tratan de introducir en la sociedad con falsos argumentos de dignidad, con apelaciones a otros derechos ajenos, con la defensa de la calidad de vida de terceros. Tan grave es el asunto, que hasta el tribunal europeo que se dice defensor de los derechos humanos ha considerado oportuno que se le pueda quitar la vida a un ciudadano que no puede defenderse por estar imposibilitado físicamente para expresarse. El argumento de la muerte digna o sin dolor es tan viejo como falso cuando se emplea para matar a otros seres humanos. Pero la mayoría de nosotros no habríamos sobrevivido si, recién nacidos, no se permitiese a nadie alimentarnos ni cuidarnos. Pues ese es el argumento que ha aceptado como válido el TEDH para que dejen morir a un ciudadano que no puede valerse por sí mismo.

Si Occidente está dispuesto a renunciar de hecho a todos los Derechos Humanos, como un sinsentido mantenido por conveniencia política, entonces puede seguir permitiendo que se mate a personas en el vientre de sus madres, a discapacitados de nacimiento o devenidos por enfermedad, edad o accidente. Pero los ciudadanos deberían saber que es el primer paso infame para perder con el tiempo todas sus libertades, y acaso la vida.

Pepe de Brantuas. Junio de 2015, en España.

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Elites, dirigencias y vida humana.


Elite o caricatura... (Foto original: Pool Moncloa. Viernes, 16 de enero de 2015)

Elite o caricatura… (Foto original: Pool Moncloa. Viernes, 16 de enero de 2015)

Lo mejor para una sociedad sería estar dirigida por una verdadera elite, por los mejores, pero es objetivo difícil de conseguir. Algunos piensan que la democracia es el peor sistema para conseguir esto, pero cualquier otra alternativa, dado que Dios no suele nombrar directamente a los gobernantes desde hace milenios, es susceptible de acabar traicionada por el ego inmenso de uno solo, caso de Hitler, o por la soberbia colectiva de un grupo político o social, el terrible Stalin. En ambos casos y en todos aquellos análogos se consideran los mejores sin que nadie más pueda opinar. El verdadero peligro de una democracia es cuando se anquilosa y degenera en mera apariencia de actos rituales, lo que sucede cuando se crean infinidad de mecanismos intermedios que dificultan la decisión de los ciudadanos en la elección de sus lideres y, sobre todo, en el control de los mismos.
Esta última posibilidad parece ser en la que nos encontramos en España. No es que no podamos elegir libremente a quien nos dirige, pero cada vez podemos controlar menos sus actos, sean estos por propia iniciativa o al servicio de grupos de interés. Desde una década atrás nos gobiernan y nos han gobernado dirigentes que han mostrado claramente su mediocridad, cuando no su servidumbre a ocultos objetivos. Del anterior gobierno nada diré porque asentó las bases de la disgregación que padecemos hoy, pero el actual no ha podido o no ha querido enmendar lo anterior cuando, dado su programa y la ilusión generada entre sus electores que le consiguieron una mayoría casi hegemónica, tenía toda la justificación democrática y todos los medios legales para hacerlo. Podríamos argumentar de otra manera o, incluso, llegar a justificar parte de sus actos por las coyunturas políticas conocidas, pero nunca sería bastante para fundamentar su negación total del programa político que le llevó al poder.
El caso de la defensa de la vida humana es un paradigma de lo anterior. En el congreso político del Partido Popular, previo a las elecciones, quedó mayoritariamente claro que se derogaría o se reduciría a mínimos la ley del aborto aprobada por gobiernos socialistas. Sin embargo, después de sospechosos retrasos nunca justificados, se abortó el intento de reforma con la dimisión incluida del ministro que la proponía. El argumento que dio el Presidente del Gobierno fue falaz, sino estúpido, porque si no lo fuese sería que nos estarían ocultando las presiones y a quienes las ejercieron para impedir todo cambio en esa ley, viniesen éstas de la propia España o del extranjero… Un país como el nuestro, con un retroceso galopante de la población, no puede permitirse una ley (que es criminal en sí misma por el abultado número de muertos que provoca al año), que se usa como mera arma de control de la natalidad y que en realidad provoca en gran parte esa implosión demográfica.
Si en realidad nos gobernase una verdadera elite y no una mera dirigencia electa pondrían todo su empeño en parar el proceso de decadencia que pone en peligro, para un futuro no lejano, no sólo la democracia sino la mera existencia de España como pueblo. Y el primer acto, aunque no el único, sería acabar con esa sangría humana que es el aborto legalizado. Ahora, con ánimo evidente de engañar a sus votantes, dicen que van a modificar esa nefasta ley en lo que se refiere al consentimiento de las menores, lo que es bueno, pero no evitarán la larga lista de víctimas abortadas cada año ni estarán cumpliendo su programa electoral.
Que dentro del partido y del propio gobierno hay personas, muchas o pocas, que se opondrían al aborto si estuviesen en la oposición, podemos creerlo, pero mientras su partido en el poder se comporte como un pesebre, siento decirlo, donde comen lo que les echen sólo por mantenerse, dudo que esas personas defiendan la vida humana radicalmente. No, mientras mantengan y apoyen cualquier decisión política, sea buena o mala, de esa caricatura de elite que nos mal gobierna.
Pepe de Brantuas. Febrero de 2015, en España.

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