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El voto inútil, ¿nace o lo hacen?


La martingala del voto útil no sé quién la inventó, pero desde décadas o lustros suena en nuestros oídos en momentos electorales, sobre todo cuando parece que le va a faltar la gota final dominadora al candidato que la arguye. No les basta el vaso medio lleno, o a dos tercios, que quieren el rebose, el desbordamiento parlamentario, el gobierno absoluto, dentro de lo que nuestra maltrecha democracia les permite. Como además, los tradicionales enemigos del sistema parlamentario, y de España, claro, siempre han invocado la ingobernabilidad celtibérica como dolencia asociada a todo lo que resulte de unas elecciones por sufragio universal (les gustaría que sólo votasen los listos), el voto útil deviene en remedo casero, en bálsamo de Fierabrás, en pócima milagrosa para conjurar el mal. Y no vayan a pensar que es la derecha, ya no tradicional, la única que lo esgrime, que tal hacía la izquierda no hace mucho y acaba de hacer, a medias con los separatistas, por aquello de alcanzar la quimera de la soberanía catalana.

construyendo muros...

construyendo muros…

Siempre que voté mi voto ha sido útil aunque no saliera el candidato; útil para mí, para no tener cargo de conciencia de haber votado a otros que no lo merecían; para no sentir vergüenza viendo lo que hacían o no hacían los elegidos después de las elecciones. Útil también para la patria, por no ser cómplice del mal gobierno y de toda villanía que suele cometerse desde las tarimas del poder. Aunque, a veces, me he equivocado al votar engatusado por la triste cantinela de la utilidad electoral, y quien ha salido con mi voto lo ha convertido en inútil, por su incapacidad, su debilidad, su vanidad o su soberbia. Pero era útil cuando entró en la urna de mi mano, virgen e ilusionado, y sólo después los malos administradores lo pervirtieron.

Personalmente creo que ahora hay millones de compatriotas que sienten, no sin razón, que su voto ha sido tirado a la papelera y que sólo es esgrimido como número estadístico legitimador de vanidades personales o de fanatismos ideológicos, sin ver la potencialidad plural que tiene cada voto ciudadano, cada uno individualmente; pues no es un sí o un no en un referéndum, sino que es una delegación de gobierno que presupone la inteligencia y la buena voluntad del quien lo recibe, y su capacidad de hacer política de la buena, de la que construye, la que busca puntos comunes con los opuestos, la que pone por encima el bien común o, en su defecto, el interés general, antes que los de la propia facción o de su líder.

¿Qué pensarán los votantes del PP o del PSOE ante la incapacidad de sus partidos para establecer una conversación civilizada y necesaria para la nación en la que viven? ¿Realmente pueden creer que su voto está siendo útil y no una mera coartada para reafirmar personalismos incompatibles y para crear trincheras insalvables? ¿No estará siendo el más inútil de todos los votos? Y me refiero a la mayoría, a los inteligentes, a los que no son meros fanáticos de unas siglas o de un sujeto al que reírle los chistes aunque no tengan gracia.

Desde luego, si hay nuevas elecciones todos nuestros votos habrán sido inútiles y tendremos otra oportunidad, para que quienes salgan no los vuelvan a convertir en basura. Eso espero.

Pepe de Brantuas. Enero de 2016, en España.

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De bajar los humos y otras historias políticas.


Terminado el fuego, acabados los humos...

Terminado el fuego, acabados los humos…

Cualquier crítica de un ciudadano bípedo e independiente de filias y fobias de partido es, sin embargo, clasificada como de partido si se dirige a un político, a su formación, a sus actos, pensamientos o ideología. Es como un efecto reflejo que comporta una cierta comodidad intelectual del criticado pues, sin más preámbulos racionales, asigna etiqueta y cierra el asunto, en falso, claro. Pero realmente la cuestión tiene más fondo porque, en demasiadas ocasiones, desde el establishment se ve a los ciudadanos con unos cristales distorsionantes, ya que están convencidos neciamente de que la mayoría está de acuerdo con ellos en todo. No se preocupan realmente por lo que la ciudadanía piensa, desea, cree, sueña, aspira o comparte. A lo más que acceden es a realizar encuestas puntuales sobre aquellos temas que les interesa implantar en la sociedad y, casi siempre, con muestras ínfimas de encuestados. Están demasiado convencidos de que es como a ellos les gustaría que fuese, en su demente y cada vez más degenerada concepción de lo políticamente correcto. Los ciudadanos a veces somos cómplices dejando hacer y desentendiéndonos de los temas públicos que, nos guste o no, afectan a nuestras vidas.

No sé si los tiempos cambian, que los vicios, vicios son, y los 7 pecados capitales siguen vigentes desde que Adan y Eva habitaron el Paraíso, pero a nivel político y en esta vieja Europa parecen soplar otros vientos, al menos en lo que a la conciencia ciudadana se refiere. No creo que la solución sea necesariamente la sustitución de los viejos partidos por otros nuevos, porque muchos aspirantes a ser califa en lugar del califa arrastran las mismas miserias que critican en los ya instalados, pero a lo mejor en algún que otro país sea la única forma de bajar los humos a los mandatarios públicos para que de una vez escuchen a los ciudadanos en vez de asignarles creencias políticas interesadas. Ahora que en Grecia la vieja escuela parece haber sido convertida en un colillero de ilustres marcas decadentes, acaso por estos lares aprendan la lección, aunque no tengo demasiada esperanza.

Pepe de Brantuas. Enero de 2015, en España.

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La Ley del Silencio…


(The Law of Silence…)

Las subvenciones a empresas de comunicación por parte del Gobierno y de las Comunidades Autónomas (y la excesiva discrecionalidad a la hora de contratar la publicidad institucional) convierten a la mayoría de los medios en serviles al poder. Aunque no existiesen radios y televisiones públicas (que son correa transmisora de los intereses y de la ideología que tiene mayoría en la institución a la cual pertenecen), el ocultamiento de aquello que al poder no le interesa ver publicado sería suficiente manipulación, pero es más grave precisamente por la abundancia de medios públicos. Cuando los privados se pliegan a los intereses gubernamentales, los ciudadanos estamos perdidos.

Ahora mismo asistimos a la ley del silencio impuesta por el gobierno de Mariano Rajoy. Debido al reiterado incumplimiento por parte del Partido Popular de un punto de su programa electoral, que estipulaba la derogación de la ley del aborto, llamada Ley Aído, diferentes asociaciones cívicas y pro vida han convocado concentraciones y manifestaciones en toda España para el día 17, domingo. Que algunos medios son claramente pro abortistas ya se sabe, pero no se entendería el silencio de los demás si no fuese porque desde La Moncloa ha salido la consigna de acallar en los medios cualquier información sobre la citada convocatoria.

Por la vida y la libertad

Los dirigentes del Partido Popular  están incomodados con el rechazo de una gran parte de sus votantes, debido a la liberación de presos terroristas, violadores y otros asesinos por culpa de la sentencia del tribunal de Estrasburgo. No han sido capaces de convencer a los ciudadanos de que el partido y el gobierno no tienen nada que ver, y ahora temen que a esa indignación de su electorado se sume otra por su incumplimiento de derogar una ley que produce más de 100.000 víctimas inocentes al año.

Lejos de acelerar el proceso legislativo prefieren utilizar los métodos propios de cualquier república bananera. Por esa razón los ciudadanos que nos oponemos al aborto tenemos más obligación que nunca de concentrarnos este día 17. Mientras esa ley homicida no se derogue estará abierta la posibilidad de la eutanasia, incluso de niños que no pueden decidir libremente como intentan aprobar en Bélgica.

Pepe de Brantuas. Noviembre de 2013.

USA

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Ignorancia, hogueras y falsos demócratas.


(Ignorance, fires and false Democrats.)

o el conservadurismo decadente

o el conservadurismo decadente

Si por algo son admirables Japón y Gran Bretaña es porque han sabido compaginar tradición y modernidad. El modernismo paleto, que parece un efecto colateral de la sinrazón jacobina, ha confundido casi siempre la construcción de lo moderno con la destrucción del pasado, sobre todo si ese pasado tiene una significación o un origen cristiano. Si tuviese una remota procedencia pagana, no les importaría reinterpretarlo como huella cultural, al margen de que su inicio ancestral procediese de sacrificios humanos. Y, aunque parezca que esta postura está ligada al progresismo de izquierdas, en demasiadas ocasiones el conservadurismo actúa de igual forma. El ejemplo lo tenemos los coruñeses con la conversión del día de nuestra patrona, la Virgen del Rosario, en día laboral.

Este va a ser el último año que el 7 de octubre sea festivo, porque nuestro corregidor, D. Carlos, se ha dejado llevar de las presiones para cambiar la festividad local por el Día de las Hogueras, que tal es aunque se presuma de San Juan. Fiesta de los petardos, borracheras y desmadre que deja buenos dineros a los que se nutren de ella al inicio del verano. Se argumenta que la mayoría de los coruñeses está de acuerdo con el cambio, pero es falso lo que se dice porque ser alcalde no otorga el don de la omnisciencia ni, por supuesto, se ha molestado en consultarlo a la ciudadanía. Ahora que están de moda las consultas municipales soberanistas (que presume legales el partido de nuestro alcalde al permitirlas) bien podría preguntarnos a los coruñeses si deseamos sustituir una tradición de siglos por una batahola nocturna de fuego y alcohol. Si es demócrata y está tan seguro, no veo el problema…

La mayoría de los que han presionado a la autoridad conservadora es más que posible que no le hayan votado en la elección ni lo piensen hacer en la próxima, por eso deberíamos suponer que los intereses políticos van por otros derroteros. Y debería reflexionar D. Carlos que las hogueras, si fuese verdad que tuviesen un origen celta, procederían de una costumbre pagana que en similar época del año quemaba vivos a seres humanos. En nuestro vecino país, de origen galo, se sustituyeron las personas por animales y después por muñecos, gracias al cristianismo, la misma religión que tanto ignorante desprecia. Por eso, como a nuestro insigne preboste parecen gustarle más las hogueras que una fiesta tradicional y cristiana, debería cuidarse de no acabar quemado políticamente en ellas, pues su mayoría podría depender de un voto.

Pepe de Brantuas. Octubre, mes del Rosario, de 2013, en España.

USA>>> Campaña de Hazte Oir para mantener la Fiesta

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