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De muslimes, rodrigos y julianes.


Si hemos de creer a los mitos históricos hispanos será en sus moralejas, porque la sicología de los personajes sólo está escrita en el libro del Juicio Final y habrá que esperar a que nos la lean. Cuentan de Rodrigo que era algo lujurioso, a modo y manera del centro derecha de ahora, y el Julián de marras debió ser el progre de la época, que con ganas de venganza se alió al moro (del latín maurus, habitante negro de la Mauritania, que era como Roma llamaba al África profunda) y convirtió a Hispania en una penumbra que no se erradicó hasta 8 siglos después.

menos palabras y más soluciones...

menos palabras y más soluciones…

No sé si los mauros de la época eran como los terroristas de ahora, pero parece claro que los de DAESH, Al Qaeda y derivados, amén de los que los financian, o celebran sus crímenes en público o en privado, no siguen a ningún dios sino a Satán, el padre de la mentira, la violencia y todo tipo de crímenes. Y también, hogaño como antaño, tenemos rodrigos gobernando y julianes intrigando y haciéndole el juego a esta gentuza imperialista y violenta que trata de imponer sus diarreas mentales por todo el universo, que ahí está la moraleja del mito histórico.

No niego que el problema tenga difícil solución al tener toda una quinta columna en Occidente formada por millones de musulmanes y ésos que apoyan unilateralmente su cultura, en sentido amplio, aunque ésta se oponga frontalmente a los valores occidentales y a nuestras leyes democráticas. Pero tiene que haber soluciones para perseguir fanatismos político-religiosos con la misma intensidad que se persigue el nazismo. O, por lo menos, con el mismo empeño que se pretende combatir la islamofobia. Lo contrario, perseverar en una islamofilia ingenua, sería una rendición y un desastre para todos nosotros.

Les gustará o no a los progres julianes de nuestra época, pero estamos en una guerra abierta y a eso tenemos que atenernos o seremos barridos por los fanáticos, los intolerantes, los criminales, los terroristas, eso sí, con su complicidad de ingenuos y la desidia necia de los políticos gobernantes.

Pepe de Brantuas. Julio de 2016, en España.

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El proyecto “Zona gris” y Esopo.


El Gray Zone Project es una iniciativa de periodistas americanos de izquierdas para proteger al islamismo moderado de los ataques que podrían venir como reacción ante el terrorismo islámico. Esa Zona Gris de la sociedad estaría compuesta de musulmanes que no quieren ser soporte del radicalismo del DAESH, o de otros grupos terroristas de base islámica, y también, supongo, de aquellos que sin ser del islam, occidentales o no, quieren no ser islamófobos y desean una convivencia en paz con ellos. Su tesis, basada al parecer en textos terroristas, sería que los gobiernos occidentales, cuando éstos combaten contra las bases terroristas en Oriente Medio y África, estarían ayudando a los intereses del DAESH, que buscaría la destrucción de esa zona gris por medio de la radicalización de musulmanes y no musulmanes en Occidente.

¿O zona multicolor?

¿O zona multicolor?

En primer lugar, aunque parezca irrelevante, está la denominación de esa presunta zona como gris. Entre el blanco, suma de todos los colores, y el negro, ausencia de todos ellos, que pretenden hacer mayoritarios y únicos los terroristas y los islamófobos, existe una variada gama de colores que sólo son por la ausencia de alguno del espectro. No hay gama de grises nada más que en esa mentalidad intelectualmente daltónica de la izquierda, que considera a la comunidad como superior siempre a las personas individuales que la forman, cuando no niega todo valor a la individualidad. Representa también, bastante fielmente, a esa forma de ver la tolerancia como algo gris, que no destaca ni llega al extremo del blanco ni del negro, donde todo es relativo y nada tiene verdadera importancia. Algo así como una especie de masa informe que no chista ni se pronuncia ni hace nada a favor ni en contra. Pero se equivocan porque la sociedad es tan multicolor como personas individuales la forman.

No negaré que la iniciativa del Gray Zone Project puede tener en origen buena intención, aunque no lo parece. La impresión es que se pretende desligar totalmente del Islam y de las teocracias basadas en esta religión cualquier responsabilidad en la situación actual del terrorismo islamista, cuando no responsabilizar a los gobernantes occidentales de ser los promotores o de alimentar imprudentemente las intenciones criminales del DAESH y sus equivalentes de otras sectas de la misma religión. Es ignorancia histórica, pues el llamado panislamismo, buscador de un único califato mundial, es anterior al panarabismo de corte laicista, fomentado por la Alemania nazi, que dominó en Asia y en África después de la II Guerra Mundial con la independencia nacional de las colonias occidentales. Fueron los movimientos laicistas, muchos de ellos apoyados por la URRS durante la Guerra Fría, los que reprimieron el fundamentalismo islámico a sangre y fuego, sin acabar con él del todo porque se asienta en una interpretación unívoca y estricta de los propios escritos sagrados de su religión.

La izquierda radical española, como la de otros países europeos, repite como consignas las cuatro cosas que defienden los promotores del Gray Zone Project, pero sin cuestionarse que porcentaje de realidad puede haber en semejante tesis y que intereses son los que de verdad la promueven. Olvidan que todas las guerras obligan a tomar partido por uno de los bandos a todos los ciudadanos, sin excepción, de los pueblos implicados en el conflicto. Siempre fue así y siempre será: los habitantes de los países de África y Asia arrasados por la guerra lo saben bien, por eso huyen si pueden. Lo único que nos diferencia de esos pueblos es que aquí la guerra toma la forma de atentados terroristas indiscriminados y la radicalización se muestra por ahora sólo en las urnas. Pero si los gobiernos occidentales no hacen nada por combatir la logística terrorista, por debilitar su capacidad de matar y por desarmarla ideológicamente, la radicalización pasará de las urnas a las calles, tristemente.

Recomendaba hace pocos días a dos simpatizantes de Podemos que leyeran la fábula de Esopo sobre los Lobos y las ovejas, donde los primeros convencen a las segundas para que se deshagan de los perros y después acaban con ellas. No la habrán leído, pero el griego pone al final como conclusión algo que le podría ocurrir a Occidente: Así también las ciudades que traicionan fácilmente a sus dirigentes, sin darse cuenta, pronto se ven sometidas también ellas a sus enemigos.

Pues eso.

Pepe de Brantuas. Julio de 2016, en España.

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Manifiesto personal: conmigo que no cuenten…


Después de leer el nuevo manifiesto contra la guerra (la de Occidente, claro, no las guerras de otros) la primera impresión que tengo es que está bastante mal escrito y que sus autores no son muy intelectuales, no sé si accidentalmente o en esencia. Claro que puede ser culpa de la LOGSE o como se llame.

Quien se moja con viento del norte es tonto o es torpe...

Quien se moja con viento del norte, es tonto o es torpe…

El primer párrafo es facilito, suave, digerible para cualquiera que no sea un maníaco violento, un fanático belicista o un tipo que se beneficie con la venta de armas de guerra. Va dirigido a los que leen sólo los primeros párrafos –para ver de qué va– y así conseguir barata su solidaridad con la totalidad del texto o bien con las intenciones de los autores, si sus lectores son tontos además de vagos.

El segundo ya es más oscuro. No sé si por cursilería, por esnobismo o con intención de animar a los ya medio iniciados, lo cierto es que tras una frase bastante desafortunada, dan por supuesto una serie de prejuicios que no se molestan en argumentar. Deberían explicarnos por qué el fanatismo islámico es funcional y el presunto fanatismo europeo es racista. Con funcional tampoco está muy claro lo que quieren decir: ¿Que el fanatismo islámico es práctico? ¿Que es algo fácil, útil y cómodo de hacer? ¿Qué no tiene nada que ver esencialmente con el Islam? ¿Que no tiene nada de racista ni de xenófobo?

Dejando a un lado lo que llaman bombardeos indiscriminados ineficaces y xenofobia institucional, que se deben referir a los del régimen sirio de Bashar Hafez al-Asad, está la burda generalización esa de nuestros gobiernos, que no se sabe muy bien si son los de la UE o si incluyen a Rusia, a Turquía, a la Venezuela de Maduro, o al universo entero menos Corea del Norte. Después de reiterar su negativa estructural, terminan el párrafo con la falacia de que aquellos que se defienden de la violencia ajena son rehenes del odio, el terror y la intolerancia. Vamos, que hay que dejarse matar y escribir manifiestos de no en mi nombre, como si hacer eso no fuera sucumbir…

El tercer párrafo, aunque reiterativo, también sería aceptado por los que se conformaron con el primero, si hubieran llegado hasta él. Su reiteración sólo tiene la intención, bastante burda, de que aquellos que están de acuerdo con el maniqueísmo del segundo párrafo se reafirmen en oponerse a los malos: Que no son los terroristas, por supuesto.

En el cuarto párrafo abren el frasco de las esencias y ya sale todo regurgitado cual si fueran rumiantes del intelecto con obstrucción intestinal dialéctica. Convocan una manifestación municipal contra todos, los buenos y los malos, pero identificando lo que ellos, en su pobre razonamiento, consideran la causa primera de todos los males: la trinidad maléfica de las Azores –que eran cuatro, pero del otro nadie se acuerda– la tan manida de Bush-Blair-Aznar. Hay que agradecerles que no mencionen esta vez a Franco, pero es lógico que no lo hagan porque ellos son sus dignos herederos en lo de la tradicional amistad hispano-árabe…, y en otras cosas también.

No obstante, peor sería que nos convocasen a una sesión de Vudú para conjurar el mal… Por el camino que llevan, cualquier día.

Pero conmigo que no cuenten para una cosa ni para la otra.

Pepe de Brantuas. Mes de Difuntos de 2015, en España.

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