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De creerse los propios camelos y otras frustraciones…


El escándalo que está dando la prensa internacional, americana, europea y por supuesto española, tan democrática como presume ser, ante la victoria incontestable de Donald Trump, muestra hasta que punto los medios quieren creerse sus propios errores, falacias o entes mentales, aunque la realidad se muestre implacable con ellos. En cierto modo, no debería quejarme porque me ha permitido borrar de mis listas de Twitter a una serie de ellos, de quienes ya no puedo fiarme porque añaden a su incompetencia un grado superlativo de parcialidad, pero no deja de producirme cierto grado de triste desconcierto, pues, guste o no, sólo en la pluralidad de la información se puede atisbar la verdad de muchos asuntos.

sin veracidad no hay información...

sin veracidad no hay información…

Ciertamente las elecciones en EEUU son fundamentales para todo el mundo, de una forma o de otra, pero eso que se llama anticuadamente la opinión pública y que siempre ha sido lo que opinaba la mayoría de la prensa, ha dejado de lado a la información veraz, al trabajo bueno y profesional de contar los hechos con la mayor objetividad posible, para convertirse en plataforma de lo políticamente correcto a través de las columnas de opinión, de las tertulias radiofónicas o televisadas. Y en demasiados casos esa opinión creada responde únicamente a los intereses de los principales accionistas de los medios en cuestión y se aleja peligrosamente de lo que cree y defiende una gran mayoría de los ciudadanos que, además, tanto en América como en Europa ha decidido tomar sus propias decisiones haciendo oídos sordos a lo que los medios proponen.

Si Donald Trump llega a ser bueno para EEUU y para la humanidad dependerá menos de sus conocimientos que de la capacidad que tenga para rodearse de colaboradores inteligentes y preparados para llevar adelante sus políticas. De Ronald Reagan decían similares disparates y su período fue uno de los mejores de la Historia. Sin duda supo rodearse de gente capaz y cabal. A lo mejor eso es lo que temen quienes no hacen más que patalear rabiosos con la victoria de Donald Trump, aunque no haya tenido tiempo de empezar a gobernar. En todo caso su victoria muestra que aquellos que quieren cambiar el mundo según intereses bastardos, dirigir lo que se puede decir, hablar o pensar, han tenido un mal día, pero no están dispuestos a cejar en su empeño a pesar de que les hayan explotado en las narices sus propios camelos.

¡Dios dirá lo que vendrá!

Pepe de Brantuas. Noviembre de 2016, en España.

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Los referendos los carga…, ¿la oposición o el pueblo?


Gran Bretaña, Colombia y Hungría, tres referendos que tienen en común el haber sido convocados por los gobiernos respectivos. Aunque sólo en un caso el resultado ha supuesto un refrendo de las tesis gubernamentales, en los tres casos el pueblo ha votado en contra de lo políticamente correcto, eso que deseaban los que dirigen la corrección política en el planeta, o pretenden hacerlo, y que han visto frustradas sus intenciones. Hay que retroceder 11 años para encontrar otras votaciones democráticas que dieran significativamente el NO a las pretensiones de minorías dirigentes: Francia y Países Bajos votaron en contra de la llamada Constitución Europea.

o las bondades de decir NO...

o las bondades de decir NO…

Sobre el censo, el NO fue apoyado por el 18,79% en Colombia, por el 37,53% en Gran Bretaña y por el 41,55% en Hungría, pero únicamente en este último caso se habla de no validez, por no ser vinculante. Lo absurdo es que cuando en 2005 se votó en España la Constitución Europea sólo el 34,55% de los votantes dijo y el gobierno español lo celebró y lo aplicó como si fuese vinculante, sin serlo, (para quedar en ridículo después ante franceses y holandeses). El caso es que el SÍ español de la época era políticamente correcto y el NO húngaro de ahora no lo es. El paralelismo entre lo sucedido en Hungría y España es todavía mayor, pues la participación en nuestro referéndum fue del 42,32% y en el de los húngaros el 42,40%. Si el gobierno español de la época lo consideró un apoyo a su política, ¿por qué no habría de hacerlo el gobierno de Víctor Orbán?

El problema de pretender dirigir desde el poder las conciencias de los ciudadanos y mantener una apariencia democrática es que los votantes, el pueblo, podrían no estar de acuerdo con lo que los gobernantes quieren y suceder cosas como las de Hungría, Gran Bretaña y Colombia, o las anteriores de Francia y los Países Bajos. Por eso, con independencia de que esos resultados puedan ser, más o menos, buenos o malos, lo que sí debemos celebrar es que los ciudadanos puedan todavía llevar la contraria a los intereses de los más poderosos de forma plenamente democrática.

No sé hasta cuando, porque lo políticamente correcto se vuelve cada vez más totalitario, en Estados Unidos, en la Unión Europea y en otras partes del mundo donde la democracia todavía sobrevive.
Pepe de Brantuas. Octubre de 2016, en España.

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