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España asilvestrada.


Los seres humanos no sólo inventamos la civilización para nosotros sino también para ciertos seres que llamamos domesticados —por mucho que les fastidie a los animalistas, que más les fastidiaría a las que antiguamente se llamaba domésticas—. Gatitos y perritos, ganados diversos, reptiles insectívoros, insectos productores de alimentos (o alimentos en sí), con el tiempo, acabaremos por domesticar bacterias, virus —si es que no lo han hecho ya la CIA, la heredera de la KGB o las multinacionales farmacéuticas—, y un sinnúmero de vegetales alimenticios o decorativos. Pero esos animales y plantas cuando vuelven al medio natural, abandonados por el hombre o escapando, nunca vuelven a encajar en él como si nunca fueran domados: se vuelven asilvestrados, arrastrando como vicios lo que antes fueran virtudes.

Madrid, Safari Park en 1973.

Madrid, Safari Park en 1973.

A las sociedades, a los colectivos humanos menores, a las familias les pasa lo mismo en cierta manera cuando olvidan a Dios, cuando dejan de lado la ética y la moral por el todo vale, sobre todo si es un vale económicamente hablando o con una mera utilidad material y efímera cual breve orgasmo. Curiosamente, cuando esto sucede derivan hacia un individualismo egocéntrico, aunque los que hayan fomentado el nuevo rumbo sean colectivistas de pro. La razón es en parte evidente porque, aunque se imponga un socialismo uniforme e igualitario a estilo de Mao, al ser irreal, lo que pervive es el egoísmo por muy disimulado que quede entre las hipócritas proclamas públicas y la capacidad de fingir de los ciudadanos. Tanto el individualismo utópico como el socialismo radical conducen al mismo destino: a una sociedad asilvestrada y, como todo lo asilvestrado, sin respeto por el ser humano.

Hobbes defendía que el hombre era un lobo para el hombre y Rousseau casi lo opuesto, con su bondad del hombre en naturaleza, pero los dos, por excéntricos en sentido estricto, estaban equivocados. Los seres humanos somos capaces, todos y cada uno, de las mayores bondades y de las peores maldades, pero el paso de las primeras a las últimas depende siempre de la actitud, del empeño continuo por no dejarse llevar tontamente hacia el mal como si todo fuese relativo y, sobre todo y previamente, por conocer lo que está bien para nosotros y para cualquiera, y lo que es rechazable por su malignidad. España no es diferente, por mucho que se empeñase el eslogan turístico de la época de Franco; lo que vemos y escuchamos ahora de los resultados electorales, de los discursos de los líderes, de los militantes y simpatizantes de los partidos políticos, con su egolatría, con sus sinrazones proclamadas, con su ceguera facciosa, lo que nos muestran es una España asilvestrada que ha pervertido las viejas virtudes domésticas en vicios casi generalizados.

No sé si habrá un acuerdo para no tener que ir a otras elecciones, pero me temo que la finalidad no vaya mucho más allá de eso y no alcance a lo que verdaderamente es el bien común.

Pepe de Brantuas. Junio de 2016, en España.

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Esbirros, falsarios, trapisondistas y demás gente de mal vivir.


Los ciudadanos poco a poco vamos teniendo cada vez menos puntos de referencia fiables, menos personas, organizaciones, instituciones o medios de comunicación en los que depositar nuestra confianza dada la escasez de verdad, honestidad, hombría de bien, ética, moralidad, como parece haberse adueñado de nuestra patria, si hacemos caso a todo lo que se publica y difunde. Hoy saltaba otro escándalo —seguro que insignificante para más de uno— en el organismo que tiene que velar para que la protección de la juventud y de la infancia (que establece como límite el artículo 20 de nuestra Constitución) no se quede en palabras vacías. Lo cierto que el asunto se lo han pasado por la entrepierna durante décadas nuestros gobiernos centrales y autonómicos. Sino recuerden las series de dibujos animados para adultos creadas en el extranjero que aquí se emitieron y se emiten para niños: SHIN-CHAN, LOS SIMPSON, PADRE DE FAMILIA, FUTURAMA, AMERICAN DAD, etc. En el caso actual la causa parece estar en la presión de las comercializadoras (seguramente igual que antaño) que han conseguido convertir un consejo presuntamente independiente en servil a sus intereses por medio del ordeno y mando de un alto funcionario…

De lo recto y lo torcido, que de todo hay...

De lo recto y lo torcido, que de todo hay…

Puede que lo anterior no preocupe demasiado a las mentes inertes de demasiados ciudadanos, pero es un síntoma más de nuestra decadencia moral. Hasta ésos que predicaban contra los corruptos de la casta, parecen haber nacido y medrado a costa de la financiación extranjera. Claro que algunos dirán que nada es verdad ni es mentira, que todo es según el color con que se mira, ya que hasta el Gobierno parece estar implicado en la filtración de las investigaciones policiales, o eso dicen algunos, que ya no sabe uno a qué carta quedarse, sobre todo si tenemos en cuenta que nuestro ministro de Asuntos Exteriores, el tan locuaz Sr. Margallo, calla como un muerto sobre este tema. Lo cierto es que los dirigentes de Venezuela e Irán llevan más de una década de colaboración para crear opinión y apoyar a formaciones políticas en otras naciones en contra de USA y de sus aliados; las democracias como la nuestra. Lo que no está claro, al menos por ahora, son los millones de petrodólares que podrían haber financiado a políticos españoles.

Soy optimista y por ahora no he cambiado. Además, las mejores épocas de la Historia han nacido tras grandes crisis. Pero si he de decir la verdad, lo que me preocupa es el daño y el sufrimiento humano, que suele ser mayor en estos períodos, y la indiferencia acompañada de ignorancia de todos los que podemos contribuir a mejorar las cosas, pero nada hacemos porque tampoco nos molestamos nosotros en ser mejores ni en apoyar a quienes luchan por remediar todo el mal. Verdad, libertad, honestidad, ética, hombría de bien, moralidad, fortaleza, honradez, tolerancia…, no son palabras vacías por mucho que nos intenten convencer de eso, sobre todo si nos empeñamos en vivirlas y apoyar de verdad a quienes las viven o quieren vivirlas: ¡Qué los hay! ¡Ni lo duden!

Pepe de Brantuas. Abril de 2016, en España.

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Galicia, el estado de la sociedad y la irrealidad política.


(Galicia, the state of society and the political unreality.)

…o los guías ciegos…

Creo que es la primera vez que no escucho hablar de las elecciones cuando ya quedan pocos días para votar. Cada uno de nosotros parece guardar en su interior sus sueños y sus pesadillas, si es que las hay, en las que los protagonistas sean los políticos. Con la crudeza de la realidad presente y un futuro cada vez más ininteligible, las proclamas de los candidatos y sus partidos son poco atrayentes:  Para hacerles frente, BNG; Hay que pararlos, AGE; Somos libres, UPyG; Es el momento. Galicia decide, PSOE; Galicia por encima de todo, PP; etc.

En este abanico de mensajes se va desde la incitación al enfrentamiento, propio de los nacionalistas y de la extrema izquierda, a lo inexplicable de la derecha, pasando por las perogrulladas de los otros. Y es que me da la impresión de que la realidad es tan dura que los aspirantes a gobernarnos no quieren mostrar nada que nos la recuerde o, simplemente, no son conscientes de ella. En el peor de los casos es que se han vuelto extemporales y viven aún en otra época.

Hace pocos días tuve que buscar el nombre de las piezas que formaban parte de nuestros tradicionales molinos de agua. Accedí a un documento del Museo do Pobo Galego y después de un rato leyendo me di cuenta de que hablaba en presente de infinidad de costumbres y cosas que desaparecieron de nuestra sociedad hace más de 50 años. Algunas, mucho antes. Y la sensación de irrealidad que sentí es la misma que percibo cuando escucho el discurso político habitual.

Casi no funciona en Galicia ningún molino de agua para el uso que fue construido, pero lo que está claro es que las reuniones populares que se formaban entre la juventud que acudía allí solo vive en el recuerdo de nuestros mayores. No me cabe duda —sobre todo en el caso de los nacionalistas— que la mente de demasiados políticos está en una época anterior, en algún caso en el tiempo de las muiñadas, que así se llamaban las reuniones nocturnas de mozos y mozas en tiempo de cosecha.

Los hay que desearían una independencia a cualquier precio, aunque no lo digan. Otros farfullan lo del federalismo y los de más allá sueñan con una reforma del Estatuto, con más competencias y autogobierno. Pero no se dan cuenta de que la mayoría de los gallegos no queremos nada de eso. No deseamos más competencias sino que desaparezca la incompetencia. No aspiramos a un nuevo estatuto porque no deseamos tener más derechos teóricos que los demás españoles ni que nuestros gobernantes tengan más poder que el que ya tienen. A la mayoría, si pudiésemos elegir de verdad, nos gustaría que el dinero permaneciese más en nuestros bolsillos y no fuese a engordar la tesorería de inútiles, derrochadores y engreídos burócratas.

Sus encuestas les dicen que no habrán demasiados cambios porque el cambio fundamental, que los ciudadanos estamos hartos de su doblez y de su ineptitud, solo se hace visible en la abstención. Claro que, si es alta y llueve, dirán que es culpa de la lluvia y si hace sol, que nos hemos ido de excursión para una vez que lo disfrutamos. Cualquier cosa con tal de ignorar que esta Galicia ya no es la de nuestros padres ni, mucho menos, la de nuestros abuelos.

Pepe de Brantuas. Octubre de 2012, en España.


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