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Las autoridades municipales y la Virgen del Rosario


En 1589 las autoridades municipales de Coruña, en agradecimiento por la derrota de Francis Drake, hicieron el voto a la Virgen del Rosario y la nombraron patrona. En 1809 la Corporación renovó el voto ante la invasión francesa. Ninguna lo revocó jamás. Rastreramente el alcalde del PP quitó la festividad, y el actual de la Marea (Podemos) no acude a los actos y pone trabas a la celebración prohibiendo a la Banda Municipal participar en la procesión, expulsando de María Pita los adornos florales y eliminando la decoración floral con nocturnidad.

¡Y pretenden que creamos que fue un error administrativo!

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Cuando la izquierda se devalúa a sí misma.


Estudié en la Universidad Autónoma de Madrid en el postfranquismo, cuando el rector era socialista de corazón y todos los decanos de facultad, menos uno, militaban en el Partido Comunista. El profesorado era variopinto y el ambiente político en efervescencia, aunque bajaba en intensidad según uno descendía de la facultad de Letras, pasaba por la de Derecho, continuaba por Económicas y terminaba en la de Ciencias. Medicina era un mundo aparte en todos los sentidos. Sin embargo se podía pasar por sus múltiples pasillos longitudinales y transversales casi sin ver una pintada tipo garabato estúpido-reivindicativo. Carteles sí, en abundancia y de muchos colores políticos, porque lo otro parecía reservado a las puertas y a las paredes de los retretes. Recuerdo largas huelgas y multitudinarias asambleas en el polideportivo o en los salones de actos y los grises vigilando con un Land Rover en una loma desde la que se controlaba Canto Blanco, pero jamás hubo un ataque sectario, como el que acaba de ocurrir en la capilla de esta universidad, como no fuera la ultraderecha y sus acciones.

o la esencia nula de una ideología...

o la esencia nula de una ideología…

Sin duda, aquella izquierda era más culta, más aficionada a discutir con la palabra y el escrito político que a llenar paredes con máximas de pardillo o insultantes para otro grupo ideológico o religioso: se quería democracia y libertad y se querían las dos cosas de verdad, sin paliativos. Si algo se manipulaba eran las asambleas, toda una técnica que manejaba muy bien el PC y combatían con poco éxito los anarquistas, cuando lo que estaba en juego era una huelga general por esto o aquello. Los de ahora, esos que realizan o presumen de los ataques a las capillas de la Complutense y de la Autónoma, por un presunto monopolio ateo de lo público, no les llegan ni a las suelas de los zapatos. Aquellos luchaban y se la jugaban de verdad por crear y desarrollar una verdadera democracia que estaba en embrión y era débil; los de ahora se aprovechan de una democracia que parecía consolidada hasta que ellos aparecieron en escena con las maneras violentas de la antigua ultraderecha y las ideas anticatólicas de un republicano burgués del siglo XIX o de un majadero siberiano nostálgico de Stalin.

Después presumen de progresistas.

Pepe de Brantuas. Junio de 2016, en España.

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¿El museo Reina Sofía no censura? Dejen que lo dude…


Dónde hay humo hay fuego...

Dónde hay humo hay fuego…

Ante las múltiples protestas por una exposición en el museo de arte Reina Sofía los responsables del mismo publicaron una nota informativa en la cual mantienen rotundamente que esta institución no ha censurado ni puede censurar la obra de un artista, pues atentaría de lleno contra la libertad de expresión. Según eso, los artistas en general o aquellos que se consideren como tales, deberían tener derecho a que sus obras se expongan en la citada institución, ya que sus responsables manifiestan que no pueden hacer ningún juicio crítico sobre sus creaciones. Pero eso no es así, porqué sería imposible. Imposible en el espacio y en el tiempo, que todo el mundo que lo desease expusiera allí. Luego los responsables del museo censuran, porque ejercen su juicio crítico, sea éste mucho o poco, acertado o desacertado, sobre lo que tiene realmente derecho a figurar en sus instalaciones públicas.

¿Cuál es el modo de censurar que tiene el museo? Realmente no lo sabemos, como no sabemos los criterios de selección de tantos organismos que hay en España que funcionan con dinero público: es decir, con el dinero de todos nosotros. Podemos sospecharlo o quizás especular viendo sus actos y sus notas de prensa, pero, en este caso, no deja de ser curioso que la censura que emplean está vinculada a convenios con otras instituciones europeas, también públicas en su mayoría. Convenio que tiene como fin el luchar contra el capitalismo y la globalización, al parecer, solo en el ámbito del arte. Acaso también en el real, pues si uno lee las webs vinculadas a L’Internatonale, que es la curiosa asociación a la que pertenece el museo Reina Sofía, descubrirá fácilmente la militancia ideológica de quienes participan, si es que el propio nombre no les sugiere alguna. La censura, como juicio crítico, de los responsables de esta institución es activa y no pasiva en este caso, pues promueven una ideología con toda la capacidad de los presupuestos, financiados por todos. Al elegir y defender una, discriminan a las opuestas.

Para colmo, en su nota de prensa quieren limitar el derecho a la crítica de los demás cuando dicen que esa obra utiliza una expresión propia de un contexto histórico específico y determinado, y sólo puede ser interpretada y discutida metafóricamente en el presente. En un país como el nuestro donde sí que fueron quemadas iglesias en épocas tristes del pasado, cuando no asesinados quienes las frecuentaban o servían, es una falta de respeto democrático hacer una afirmación de ese tipo. Es como pretender limitar la libertad de expresión a quienes son eruditos en un tema o desempeñan un cargo público relacionado con el mismo. La Memoria Histórica, al menos la de los ciudadanos, abarca mucho más que el Franquismo y sus variantes, por mucho que le fastidie a la izquierda que la sacó a relucir o a la derecha boba y acomplejada que la sufre para quedar bien.

Por todo lo expuesto, aunque no puedo negar que las obras de arte que están presentes en esta muestra reflejan únicamente las opiniones de sus autores, pero no representan en modo alguno una opinión o actitud del Museo en relación a los asuntos y expresiones que en ellas se manifiestan, tal como afirman en la nota de prensa, si niego que esas obras no tengan ninguna relación con las ideas de los responsables del Reina Sofía. A los hechos me remito.

Pepe de Brantuas. Noviembre de 2014, en España.

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¿De la tiranía de la mayoría a la de la minoría?


(From the tyranny of the majority to the tyranny of the minority?)

o la cadena de la intolerancia de las minorías...

o la cadena de la intolerancia de las minorías…

En su viaje a Norteamérica, Tocqueville quedó impresionado por la presión que la opinión mayoritaria tenía allí sobre las minorías. No es que la Administración persiguiera a los discrepantes o a los disconformes, sino que era la sociedad misma la que les reprimía con su ostracismo o, incluso, con su acción violenta. Él estaba convencido de que si no había alguna forma de contrapesar aquello podría degenerar en tiranía, del pueblo, pero tiranía, y así llegó a pronosticar que si alguna vez se llegara a perder la libertad en América, se tendría que achacar al hecho de la omnipotencia de la mayoría, que habrá empujado a las minorías a la desesperación hasta obligarlas a recurrir a la fuerza material. Vendrá entonces la anarquía, pero esta llegará como consecuencia del despotismo.

180 años después de esas palabras yo no estoy muy seguro de que D. Alexis opinase lo mismo. Si bien, eso que hoy calificamos como políticamente correcto, era en aquella época un producto esencialmente de la mayoría, no era una construcción ideológica impuesta a las masas a través de los medios de comunicación, de la enseñanza, de las artes escénicas, como parece que lo es en nuestros tiempos. De una reacción lógica contra la tiranía mayoritaria, para proteger a las minorías, nos encontramos, no con el respeto hacia ellas, sino con la imposición de los valores y de las culturas minoritarias en igualdad de condiciones o como superiores a las de la mayoría. Y, por supuesto, no solo en Norteamérica, sino en todo Occidente.

Y en ese saco de lo superior y políticamente correcto se mete desde las religiones paganas desaparecidas, a la homosexualidad doctrinaria, al animalismo militante, a la costumbre cultural más absurda que podamos imaginar o al mero ateísmo, que también existía en la época de Tocqueville. No se trata tanto de invocar respeto a las minorías que comparten viejas culturas o inventan nuevas ideologías, como de imponerlas como superiores a cualquier concepción mayoritaria de la sociedad.

Desconozco si Tocqueville se referiría a eso como anarquía. Yo lo dudo, porque más bien parece una nueva tiranía de la minoría, y ésta sí, impuesta desde el poder en muchos casos.

            Pepe de Brantuas. Noviembre de 2013, en España.

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