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La Vida ese eco divino…


multicolor, a pesar de la muerte
multicolor, a pesar de la muerte

Escribió Wenceslao Fernández Flórez, en su ultílogo al Bosque Animado, que la vida nació de un solo grito del Señor y cada vez que se repite no es una nueva Voz que la ordena, sino el eco que va y vuelve desde el infinito al infinito. Y llama la atención que en los lugares más inhóspitos, más destruidos por el hombre o la propia naturaleza, más insospechados para la mente humana, la vida se aferra al único girón del tiempo que le permite prosperar, ya sea a través de un ciclo enloquecedor de muerte y regeneración o, por el contrario, con una longevidad inexplicable del casi único ser que puede sobrevivir en ese ámbito. Desde el virus más infame hasta los baobabs alaban al Dios que decidió que lo inanimado no bastaba, y no ha cambiado de opinión. Por alguna razón que Él sabe la muerte siempre es efímera y acaba por ser el apoyo de la nueva vida.

Por eso y por muchas cosas más sorprende que haya tantas personas, seres inteligentes, que prometan la muerte, que la deseen, que la fomentan, que la practican en sus semejantes con argumentaciones filosóficas, sociales, políticas o religiosas. Es como un tremendo non serviam, infructuoso, inútil, doloroso, disparatado y casi estúpido porque, a la postre, la Vida sigue siendo propiedad intransferible del único que la creó y la convirtió en irreversible hasta que su voluntad decida. Cualquier enaltecimiento del matar, del asesinar, no es más que una gran necedad que tiene tanta posibilidad de éxito como el de los castillos de arena contra las olas. De alguna manera el mal, el crimen, cambian las cosas, pero jamás de forma definitiva.

Hoy, que asistimos en primera línea mediática a los asesinatos cometidos por islamistas fanáticos en tantos lugares casi podemos estar seguros de que sirven diabólicamente a un empeño condenado al fracaso: la destrucción total de la Creación. Sin embargo no podemos responder de la misma manera porque no somos ellos ni somos siervos de la muerte y del mal. Pero sí que debemos dejar de creer ingenuamente que todas las culturas, creencias y filosofías son igual de dignas y defendibles, porque eso es precisamente lo que da fuerzas a los destructores, a quienes usan nuestra propia necedad para acabar con nosotros.

Pepe de Brantuas. Agosto de 2014, en España.

 

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El oro y el moro.


(The gold and the moor.)

Libertad religiosa contra fanatismo sectario

Hace unos días reenvié un mensaje de Twitter el el cual se afirmaba que Noruega prohibía a Arabia Saudita que financiase la construcción de una mezquita en su territorio, mientras no permitiese en el suyo construir iglesias. A mi texto se le hicieron muchos retwetts, antes de que yo me diese cuenta y pudiese avisar de que era una noticia de hace más de un año. En el fondo es el eco de la red que constantemente actualiza viejas historias.

Este país nórdico fue noticia hace poco debido a la escasez de mantequilla en sus comercios. Eso fue debido al proteccionismo que mantiene en muchos artículos para defender a sus propios productores. Pero ya se ve que no es lo único que defiende. Aunque cerca del 80% de los noruegos dicen manifestar indiferencia religiosa, lo cierto es que hay una iglesia nacional luterana, aunque la libertad religiosa es manifiesta y real.

¿Entonces, qué está defendiendo Noruega con esa prohibición? Pues, aunque parezca paradójico, la propia libertad religiosa de sus ciudadanos y la democracia misma. El gobierno noruego no impide la construcción de mezquitas, ni mucho menos el culto islámico. Lo único que trata de evitar es que una teocracia manejada por una familia socave los derechos humanos en su territorio, aprovechándose precisamente de ellos.

El salafismo, que es una secta retrógrada en el islam, que niega validez a cualquier interpretación posterior a Mahoma y a sus seguidores iniciales, toma el aspecto del Wahhabismo, en Arabia, doctrina oficial vinculada desde la antigüedad a la familia real saudí. Es contraria a cualquier sistema democrático y, en los pocos casos que permite participar en él, trata de destruirlo desde dentro imponiendo la legislación islámica.

La familia real saudí lleva muchos años construyendo mezquitas en Occidente y exportando el fanatismo wahhabista en todo el mundo. Y eso con el añadido de la persecución de cualquier confesión cristiana, en su país y en los demás islámicos donde alcanza su influencia. Que un país, occidental y democrático, ponga freno a la expansión de una secta antidemocrática es un oasis de esperanza en un desierto de estulticia institucionalizada.

En España, con el papanatismo de origen franquista de la tradicional amistad hispano árabe, reconvertida en Alianza de Civilizaciones por el anterior gobierno, estamos lejos aún de actuar con reciprocidad diplomática ante el abuso de derechos por parte de una nación extranjera.

Esperemos que el ejemplo nórdico no caiga en saco roto, y podamos defender nuestra democracia y nuestra libertad religiosa, ahora que aún estamos a tiempo.

Pepe de Brantuas. Enero de 2011, en España.

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