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La Navidad y “O Rabudo”


Después del atentado de Estrasburgo y otras burradas antinavideñas podríamos pensar que Mahoma nos felicita las Pascuas, pero nada más lejos de la realidad. Jesús, en el Corán, está incluso por encima del Profeta, en su santidad, sus palabras y sus hechos. Que no lo reconozca como Dios no quiere decir que no lo respete profundamente. Pero quien siempre odió la Navidad, la seguirá odiando y acabaría con ella si pudiera es a quien los gallegos llamamos O Rabudo, para no tener que pronunciar su nefasto nombre. Los terroristas son sus sirvientes por mucho que invoquen a Alá. ¡Feliz Navidad!

Feliz Navidad

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El proyecto “Zona gris” y Esopo.


El Gray Zone Project es una iniciativa de periodistas americanos de izquierdas para proteger al islamismo moderado de los ataques que podrían venir como reacción ante el terrorismo islámico. Esa Zona Gris de la sociedad estaría compuesta de musulmanes que no quieren ser soporte del radicalismo del DAESH, o de otros grupos terroristas de base islámica, y también, supongo, de aquellos que sin ser del islam, occidentales o no, quieren no ser islamófobos y desean una convivencia en paz con ellos. Su tesis, basada al parecer en textos terroristas, sería que los gobiernos occidentales, cuando éstos combaten contra las bases terroristas en Oriente Medio y África, estarían ayudando a los intereses del DAESH, que buscaría la destrucción de esa zona gris por medio de la radicalización de musulmanes y no musulmanes en Occidente.

¿O zona multicolor?

¿O zona multicolor?

En primer lugar, aunque parezca irrelevante, está la denominación de esa presunta zona como gris. Entre el blanco, suma de todos los colores, y el negro, ausencia de todos ellos, que pretenden hacer mayoritarios y únicos los terroristas y los islamófobos, existe una variada gama de colores que sólo son por la ausencia de alguno del espectro. No hay gama de grises nada más que en esa mentalidad intelectualmente daltónica de la izquierda, que considera a la comunidad como superior siempre a las personas individuales que la forman, cuando no niega todo valor a la individualidad. Representa también, bastante fielmente, a esa forma de ver la tolerancia como algo gris, que no destaca ni llega al extremo del blanco ni del negro, donde todo es relativo y nada tiene verdadera importancia. Algo así como una especie de masa informe que no chista ni se pronuncia ni hace nada a favor ni en contra. Pero se equivocan porque la sociedad es tan multicolor como personas individuales la forman.

No negaré que la iniciativa del Gray Zone Project puede tener en origen buena intención, aunque no lo parece. La impresión es que se pretende desligar totalmente del Islam y de las teocracias basadas en esta religión cualquier responsabilidad en la situación actual del terrorismo islamista, cuando no responsabilizar a los gobernantes occidentales de ser los promotores o de alimentar imprudentemente las intenciones criminales del DAESH y sus equivalentes de otras sectas de la misma religión. Es ignorancia histórica, pues el llamado panislamismo, buscador de un único califato mundial, es anterior al panarabismo de corte laicista, fomentado por la Alemania nazi, que dominó en Asia y en África después de la II Guerra Mundial con la independencia nacional de las colonias occidentales. Fueron los movimientos laicistas, muchos de ellos apoyados por la URRS durante la Guerra Fría, los que reprimieron el fundamentalismo islámico a sangre y fuego, sin acabar con él del todo porque se asienta en una interpretación unívoca y estricta de los propios escritos sagrados de su religión.

La izquierda radical española, como la de otros países europeos, repite como consignas las cuatro cosas que defienden los promotores del Gray Zone Project, pero sin cuestionarse que porcentaje de realidad puede haber en semejante tesis y que intereses son los que de verdad la promueven. Olvidan que todas las guerras obligan a tomar partido por uno de los bandos a todos los ciudadanos, sin excepción, de los pueblos implicados en el conflicto. Siempre fue así y siempre será: los habitantes de los países de África y Asia arrasados por la guerra lo saben bien, por eso huyen si pueden. Lo único que nos diferencia de esos pueblos es que aquí la guerra toma la forma de atentados terroristas indiscriminados y la radicalización se muestra por ahora sólo en las urnas. Pero si los gobiernos occidentales no hacen nada por combatir la logística terrorista, por debilitar su capacidad de matar y por desarmarla ideológicamente, la radicalización pasará de las urnas a las calles, tristemente.

Recomendaba hace pocos días a dos simpatizantes de Podemos que leyeran la fábula de Esopo sobre los Lobos y las ovejas, donde los primeros convencen a las segundas para que se deshagan de los perros y después acaban con ellas. No la habrán leído, pero el griego pone al final como conclusión algo que le podría ocurrir a Occidente: Así también las ciudades que traicionan fácilmente a sus dirigentes, sin darse cuenta, pronto se ven sometidas también ellas a sus enemigos.

Pues eso.

Pepe de Brantuas. Julio de 2016, en España.

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