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Una de piratas…


No voy de romántico con este tema, aunque no me importaría escribir con la canción de Serrat de fondo. Por estas fechas, millones de personas tenemos que pasar por las horcas caudinas de la declaración de impuestos, que es lo mismo que te humillen además de robarte. No es que el resto del año no paguemos infinidad de exacciones públicas ni tampoco que quienes no están obligados a declarar dejen de pagar lo que les toca, que tontos habrá que se lo crean, pero el rito fiscal de la primavera me hace imaginar lejanas épocas en las cuales el buen tiempo traía los peligros de los desembarcos de piratas y filibusteros que se hacían a la mar con la bonanza. Pero encima, su impunidad manifiesta contra cualquier ciudadano ha propiciado que se multipliquen las naves de los asaltantes, estatales, autonómicas, provinciales y municipales, sin olvidar el diezmo que se lleva el tinglado europeo.

o de corsarios con licencia.

o de corsarios con licencia.

No es que sea contrario a nivel teórico de la necesidad de los impuestos, pero sí del abuso de los mismos en el cual nos encontramos actualmente. Si despilfarros y corrupciones varias, amén de organismos inútiles, chiringuitos para colocar a los facciosos amigos y subvenciones a partidos o sindicatos, desapareciesen de una vez por todas, el nivel de opresión fiscal en el que vivimos bajaría a límites razonables. No hay muchos políticos en activo que parezcan tener esa buena intención, más bien lo contrario, que se oyen voces reformistas que claman por una mayor rapacidad fiscal con la excusa de cobrar más a los ricos, que a la postre siempre somos todos los ciudadanos, ganemos poco o algo más, tengamos mucho o nada.

¿Qué hay una parte de la ciudadanía que recibe mucho más de lo que paga? Sería lo justo y verdadero como lo es que en las pólizas de seguros pagamos unos por los otros, pero para serlo tendrían esas personas que recibir ayuda en especie en vez de dineros, porque cuando compran pagan impuestos como todos los demás, aunque ellos no se lo crean o planteen. Si a eso añadimos que quienes nos quieren robar más son los mismos que creen a pie juntillas que el dinero público es de ellos y no de nosotros, los ciudadanos, es para pensarse mucho en votar a nuevos corsarios con esa bandera.

Pero poco remedio habrá a tanto bucanero advenedizo mientras los ciudadanos no presionemos de verdad a todos estos sacamantecas que dicen representarnos, para que bajen de verdad sus exigencias fiscales. Criticar la corrupción está bien, pero sería mejor remedio que los gobernantes (como niños malcriados que son) anduviesen cortos de dineros, pues la abundancia produce despilfarro y ansia de enriquecimiento injusto.

Mientras tanto, señoras y señores, a pagar.

Pepe de Brantuas. Abril de 2015, en España.

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Con la intención basta…, que diría Pedro Gotero.


¿Corralito o pocilga?

¿Corralito o pocilga?

Y es que, según cuentan, el suelo del infierno está alfombrado de buenas intenciones. Pero acaso no sean excelentes las de don Mariano y su gobierno, porque en demasiadas ocasiones las intenciones no tienen nada de buenas, por responder a hipocresía o a ánimo de embaucar, y solo se buscan excusas para no llevarlas a cabo porque desde el principio no se comparten. Todos son problemas, falsas razones y componendas para dejar de cumplir lo prometido, aunque se considerasen sagradas por los actores de la farsa.

Tanto da, en apariencia, si hablamos de impuestos o del aborto, aunque en el segundo caso son muchos los miles de inocentes muertos al año como para encontrar parecido. Lo cierto es que don Cristóbal y don Alberto, cada uno en su campo son expertos en hallar argumentos circunstanciales para hacer lo contrario de lo dicho. Y a lo mejor su jefe (y el nuestro) piensa que con la intención basta para recuperar el descrédito.

Podrá bastar a conciencias laxas y a seguidores fanáticos, pero al común de los mortales nos cuesta creer ya cualquier cosa que digan. Y es que el exalcalde de Madrid nunca fue creíble como un tenaz defensor del derecho a la vida desde el momento de la concepción y la realidad nos muestra que sigue sin serlo. No parece preocuparle en absoluto que se mate a miles de españoles en el vientre de sus madres, porque si le preocupase ya habría derogado o cambiado la ley infame que lo permite.

En cuanto al otro (que ni nombrar quiero), recaudador compulsivo de alcabalas, tasas y estipendios varios, no sé lo que dice porque ya no le escucho, que no gana uno para sustos en cuanto abre la boca o firma un decreto. Que el ámbito de nuestra libertad económica es ya tan reducido que ni en metálico podemos pagarnos un capricho si pasa de la frontera cutre estimada por los duchos colaboradores que le asesoran.

Y si estas penas fuesen pocas, pues sabido es que a menos economía libre menor libertad real, nos sale doña Ana Pastor (que forma de desperdiciar una buena ministra de sanidad) con la persecución de los propietarios de inmuebles que sacan unos euros alquilándolos en verano. Copia de lo que don Alberto Núñez intenta en Galicia y a consecuencia de la presión de un oligopolio hostelero que seguro que no tendría ninguna vergüenza de culpar a los propietarios de viviendas de la ruina de su insigne compañero (hoy procesado por la justicia) Díaz Ferrán.

Y dicen que no hay corralito…, y dirán verdad, que esto se parece cada vez más a una porqueriza infernal donde nosotros somos las bellotas.

Pepe de Brantuas. Mayo de 2013, en España.

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