Archivo de la etiqueta: Historia

Sobre piedras, gallegos y otros misterios irresolubles


Por unas cosas que estoy haciendo me intereso una vez más por el origen de los topónimos. Más por los que derivan de antiguos posesores de la tierra que por otros, pero por curiosidad intelectual me decidí a enfrentarme a un trabajo titulado Las motivaciones de los nombres de las piedras en Galicia. Cultos, ritos y leyendas, del filólogo Vicente Feijoo Ares. Breve es, pero en sus consideraciones iniciales me encontré con tres perlas que me impidieron seguir. Años ha, muchos, lo habría leído de un tirón y sin pensar demasiado, pero ya no es el caso. No negaré que el autor sea un buen filólogo y es posible que me pierda algo interesante, pero las frases en cuestión eran las siguientes:

Para los gallegos, la piedra es algo más que el mineral sólido que se encuentra de forma natural en la superficie o en el interior de la tierra. En nuestras rocas late el misterio.

En cada litotopónimo está escrita una parte de la historia de nuestro pueblo, aquélla que no aparece en los libros.

La litolatría es una de las características más singulares de nuestra identidad como pueblo, un culto propio de los pueblos celtas que ha pervivido hasta nuestros días, a pesar de los intentos de erradicación por parte de la Iglesia desde la Edad Media.

Busquen la calavera del gigante…

Hace poco escribí por las redes que los nacionalistas confunden el <es> con el <fue> y, mucho me temo que al autor del artículo le sucede algo parecido. Lo que hayamos sido los gallegos en la antigüedad o nuestros antepasados lejanos en su variada composición, necesita pruebas y demostración, históricas y, si no las hay, al menos arqueológicas que nos indiquen por analogía con otras culturas que es lo que podría haber sido nuestro pasado. Lanzar hipótesis por mimetismo con otros autores no basta ni, menos aún, autoriza a afirmar que los gallegos de hoy tenemos las mismas creencias que en el pasado. Si el autor hubiese dicho que para nuestros antepasados la piedra fue algo más que mineral sólido no lo habría negado porque no tengo prueba alguna en contrario, aunque no creo que el autor las tenga a favor…

Por otra parte, si en cada litotopónimo estuviese escrita una parte de la historia de nuestro pueblo sabríamos muchísimo de nuestro pasado arcano, tanto que dejaría de serlo, pues en Galicia hay muchas piedras, grandes, medianas, pequeñas, y aquellas que no son fáciles de cambiar de lugar suelen tener sus nombres propios; unos por su mera apariencia, otros para que estudiosos de la lengua y la geografía se rompan sus seseras tratando de averiguar el porqué, lo cual es en principio estimable. Pero conocer el pasado o acercarse a él requiere mucho más que teorizar con lenguas muertas, aunque en ocasiones puede dar pistas a los arqueólogos en su filtrado de la superficie galaica para buscar lugares idóneos donde cavar, lo que no suele ocurrir a menudo, normalmente por la falta de fondos y apoyo para las excavaciones…

Lo de que la litolatría es una de las características más singulares de nuestra identidad como pueblo fue ya como la puntilla. Ya voy cargado de años y no he conocido gallega ni gallego que adorasen a las piedras. Sí he conocido a quienes las trabajaban maravillosamente para convertirlas en cruceiros, balaustradas, pórticos, etc. y todavía los hay que lo siguen haciendo, aunque la arquitectura actual no presta demasiada atención al noble arte de la cantería; aunque si se la presten los amigos de lo ajeno robando todo lo que pueden para que después adornen las piezas el jardín de un chalé en vayan a saber ustedes dónde. Es cierto que la Iglesia Católica con buen criterio, antes, durante y después de la Edad Media, lucha contra supersticiones e idolatrías varias, con bastante éxito en Galicia, pues no debe de haber más adoradores de piedras por estos lares que quienes se forran con las minas y canteras que tanto proliferaron en las últimas décadas.

Si alguna vez el citado culto de pedregullo formó parte de nuestra identidad como pueblo, explicaría mínimamente el porqué parecemos muchas veces un pueblo sin identidad, pues esto seguramente es más por la ignorancia de la verdadera Historia de Galicia, que como pueblo no ha cambiado de nombre en 1.600 años, que nace realmente a partir del siglo V de nuestra era y acunado por la religión católica. Lo que haya sido la pre-Galicia aún está por probar y discernir, pero para eso hacen falta más estudios históricos serios, excavaciones sistemáticas y enseñanza responsable. Y no parece que los políticos estén por la labor, ni los de ahora ni los de antes. Es más fácil (y económico) fomentar, financiar y proteger mitos románticos, con samaínes, druidas y toda esa parafernalia seudocéltica, con folletos y libros que luego se regalan aquí y allá, que estudiar a fondo nuestro pasado y enseñarlo de verdad en las escuelas.

En Galicia hay muchos misterios, pero mayor que aquel, que presuntamente late en nuestras rocas, es sin duda el que habita en muchas de nuestras cabezas ilustradas.

Pepe de Brantuas. Mes de Difuntos de 2017, en España.

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Cosas de España, Eso que llaman política, Vida humana

La ficción histórica y la Historia.


Reconozco que me sentó mal. No he leído la novela, que puede ser buena e incluso merecedora del premio que ha recibido, pero que la recomendase el Presidente del Gobierno y, además, como método para recordar una parte importante de nuestra historia, para saber qué ocurrió y conocer la verdad, me pareció fuera de lugar y absolutamente incongruente con la política educativa de estos últimos años y con la actitud ante las víctimas de ETA de personajes de su partido o determinados cargos públicos.

Podemos imaginar lo queramos…, ¿pero sabemos así lo que realmente fue?

Para recordar, basta no olvidar. Para saber lo que pasó, están las hemerotecas. Para conocer la verdad, al menos en gran parte, deberán estar muertos y enterrados todos nuestros coetáneos y nosotros mismos. Deberán ser accesibles a la investigación de los historiadores todos esos archivos, policiales o no, que contienen datos fundamentales y deberían, antes que eso, ser resueltos los centenares de crímenes de los que todavía no se conocen los autores materiales.

Se necesitaría además clarificar de una vez por todas que ETA no es solamente un asunto vasco y entre vascos. Fue y es un tema español, europeo. Internacional por las implicaciones políticas en su gestación, su financiación, en el apoyo directo o por omisión de otros países, partidos y gobiernos. Y nunca se debería olvidar que su mayor violencia se produjo cuando España era ya una democracia y no una dictadura.

Al margen de lo que se refiere a la crónica de esa organización terrorista y de sus crímenes, no es precisamente este gobierno ni los inmediatamente anteriores quienes hayan destacado por su fomento de las humanidades, tanto en la enseñanza básica como en la universitaria. Ni de los estudios históricos serios, ni de facilitar la publicación, difusión y conocimiento de quienes, ajenos a partidos políticos, dedican su tiempo, esfuerzo y vida a los estudios del pasado, reciente o lejano.

Los estudios históricos pueden tener puntos acertados o erróneos, aunque lo normal es que contengan su ración de ambos, pero para eso está la investigación, la crítica y el debate que producen un conocimiento más real de los acontecimientos del pasado. Pero en el caso de una novela, de una película sobre un período histórico o de una serie de televisión, ¿quién se va a molestar en decir o en mostrar que son falsas o erróneas? Nadie, porque lo son: son ficción, y la ficción es ese modo de falsedad que se respeta si tiene al menos calidad estética.

Por eso es absurdo pensar que de una novela se pueda percibir la verdad histórica. Se podrá provocar sentimientos favorables o desfavorables hacia los personajes ficticios. Acaso motivar para que las personas sensatas se interesen en el tema expuesto. Pero casi siempre lo que se consigue, si se promociona por intereses bastardos, es manipular la mente de todos aquellos que son tan simples que ni se molestan en mostrarse críticos con el mensaje que esa ficción les ofrece.

A lo mejor dentro de dos siglos conocerán más la verdad de lo sucedido que los contemporáneos de los hechos, pero eso será gracias a una investigación histórica seria no a través de novelas ni de series de televisión. Mucho menos si están promocionadas por todo un Presidente de Gobierno que parece saber de todo, menos de gobernar.

Y no les digo que no lean Patria, porque a lo mejor es buena como novela.

Pepe de Brantuas. Mayo de 2017, en España.

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported

Deja un comentario

Archivado bajo Cosas de España, Eso que llaman política, Vida humana