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Huelga de escobas


Este Jalogüin tendrán que conformarse con calabazas huecas —que abundan mucho en puestos de gobierno— y algún que otro zombi del noreste y monstruos similares porque las brujas están muy ocupadas con los debates de los presupuestos, si apoyan o no a Pedro, con la ley de eutanasia, con matar más niños con el aborto y en como perseguir al macho —semental o patriarcal es lo de menos, que ellas defienden a las vacas—, y que las escobas son instrumento servil… Eso sí, al muy cabrón ni tocarlo, aunque sea macho, que quién las iba a contentar a ellas.

CALABAZA

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A las puertas del mes de las Ánimas…


Si tengo una devoción especial es a esa multitud de la iglesia purgante, como se decía antaño, que sólo depende de nosotros para la alcanzar la plena felicidad. Algo influirá que soy gallego, pues les tengo además simpatía literaria, y cuando recorro con la cámara de fotos las iglesias y cementerios rurales de mi tierra suelo rezar un avemaría, al menos, por los que allí descansan desde hace siglos, pero si algo es propiamente gallego desde la noche de los tiempos es esa piedad popular que adornó el territorio con innumerables petos y miles de cruces, de madera, de hierro, de piedra, de cemento y cal, aquellos lugares donde la muerte inesperada alcanzó a algún vecino o viandante.

o de difuntos...

o de difuntos…

No sé quien fue el primero que acuñó de santa a la procesión fantasmagórica o de luces titilantes que se dice que vaga a veces por montes y caminos, pues para mis paisanos siempre fueron ánimas benditas, la compaña, la estantigua o la estádea. Lo de santa es calificativo mayor que sólo se usaba para quienes ya gozaban de la Gloria. Mi padre, que en los inicios de la Guerra Civil andaba con otros escapado por los montes durante el día, contaba que de noche bajaban a dormir a los cementerios, pues miedo de verdad le tenían a los vivos que iban armados y ellos se disputaban las mejores lápidas para descansar hasta el amanecer. Las Ánimas acaso les protegieron pues sus enemigos anticristianos no se acercaban de noche a ningún camposanto. Pero el miedo es libre y había hasta enrevesados conjuros para defenderse de ellas si uno se las encontraba de noche lejos de casa, cuando lo único necesario serían acaso unos padrenuestros o unas misas.

No sé que pensarán las Ánimas de los jalogüínes y samaínes que han puesto de moda los que adoran todo lo extranjero y repudian todo lo patrio, pero es cierto que siglos atrás el Día de Difuntos era festivo en nuestra tierra llegando a veces al exceso de las comilonas entre tumbas y bancos de las iglesias. Lo segundo fue erradicado hace tiempo por respeto al templo y a Quien está en él, y lo primero fue desapareciendo como otras costumbres gallegas que no han resistido la modernidad. También la juventud pedía por las casas lambetadas y otras viandas, y gastaba bromas nocturnas con velas y calabazas, pero sin el abuso folclórico y comercial de nuestros días. Los que niegan a lo cristiano cualquier originalidad nos aburrirán con sus recursos a lo céltico y pagano, pero lo cierto es que si el día de los muertos es un día que rebosa alegría sólo puede tener un fundamento cristiano. Al fin y al cabo las Ánimas ya tienen un pie en la eternidad y solo necesitan de nuestra ayuda para poder dar el último paso.

Ahora que en vísperas de Difuntos los políticos parece que van a elegir un presidente, aunque sea por derribo, bueno será pedirles a nuestras amigas del más allá que nuestros gobernantes encuentren el buen camino por el bien de todos.

Pepe de Brantuas. Octubre de 2016, en España.

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