Archivo de la etiqueta: Galicia

Las autoridades municipales y la Virgen del Rosario


En 1589 las autoridades municipales de Coruña, en agradecimiento por la derrota de Francis Drake, hicieron el voto a la Virgen del Rosario y la nombraron patrona. En 1809 la Corporación renovó el voto ante la invasión francesa. Ninguna lo revocó jamás. Rastreramente el alcalde del PP quitó la festividad, y el actual de la Marea (Podemos) no acude a los actos y pone trabas a la celebración prohibiendo a la Banda Municipal participar en la procesión, expulsando de María Pita los adornos florales y eliminando la decoración floral con nocturnidad.

¡Y pretenden que creamos que fue un error administrativo!

Anuncios

2 comentarios

Archivado bajo En100palabras

Sobre piedras, gallegos y otros misterios irresolubles


Por unas cosas que estoy haciendo me intereso una vez más por el origen de los topónimos. Más por los que derivan de antiguos posesores de la tierra que por otros, pero por curiosidad intelectual me decidí a enfrentarme a un trabajo titulado Las motivaciones de los nombres de las piedras en Galicia. Cultos, ritos y leyendas, del filólogo Vicente Feijoo Ares. Breve es, pero en sus consideraciones iniciales me encontré con tres perlas que me impidieron seguir. Años ha, muchos, lo habría leído de un tirón y sin pensar demasiado, pero ya no es el caso. No negaré que el autor sea un buen filólogo y es posible que me pierda algo interesante, pero las frases en cuestión eran las siguientes:

Para los gallegos, la piedra es algo más que el mineral sólido que se encuentra de forma natural en la superficie o en el interior de la tierra. En nuestras rocas late el misterio.

En cada litotopónimo está escrita una parte de la historia de nuestro pueblo, aquélla que no aparece en los libros.

La litolatría es una de las características más singulares de nuestra identidad como pueblo, un culto propio de los pueblos celtas que ha pervivido hasta nuestros días, a pesar de los intentos de erradicación por parte de la Iglesia desde la Edad Media.

Busquen la calavera del gigante…

Hace poco escribí por las redes que los nacionalistas confunden el <es> con el <fue> y, mucho me temo que al autor del artículo le sucede algo parecido. Lo que hayamos sido los gallegos en la antigüedad o nuestros antepasados lejanos en su variada composición, necesita pruebas y demostración, históricas y, si no las hay, al menos arqueológicas que nos indiquen por analogía con otras culturas que es lo que podría haber sido nuestro pasado. Lanzar hipótesis por mimetismo con otros autores no basta ni, menos aún, autoriza a afirmar que los gallegos de hoy tenemos las mismas creencias que en el pasado. Si el autor hubiese dicho que para nuestros antepasados la piedra fue algo más que mineral sólido no lo habría negado porque no tengo prueba alguna en contrario, aunque no creo que el autor las tenga a favor…

Por otra parte, si en cada litotopónimo estuviese escrita una parte de la historia de nuestro pueblo sabríamos muchísimo de nuestro pasado arcano, tanto que dejaría de serlo, pues en Galicia hay muchas piedras, grandes, medianas, pequeñas, y aquellas que no son fáciles de cambiar de lugar suelen tener sus nombres propios; unos por su mera apariencia, otros para que estudiosos de la lengua y la geografía se rompan sus seseras tratando de averiguar el porqué, lo cual es en principio estimable. Pero conocer el pasado o acercarse a él requiere mucho más que teorizar con lenguas muertas, aunque en ocasiones puede dar pistas a los arqueólogos en su filtrado de la superficie galaica para buscar lugares idóneos donde cavar, lo que no suele ocurrir a menudo, normalmente por la falta de fondos y apoyo para las excavaciones…

Lo de que la litolatría es una de las características más singulares de nuestra identidad como pueblo fue ya como la puntilla. Ya voy cargado de años y no he conocido gallega ni gallego que adorasen a las piedras. Sí he conocido a quienes las trabajaban maravillosamente para convertirlas en cruceiros, balaustradas, pórticos, etc. y todavía los hay que lo siguen haciendo, aunque la arquitectura actual no presta demasiada atención al noble arte de la cantería; aunque si se la presten los amigos de lo ajeno robando todo lo que pueden para que después adornen las piezas el jardín de un chalé en vayan a saber ustedes dónde. Es cierto que la Iglesia Católica con buen criterio, antes, durante y después de la Edad Media, lucha contra supersticiones e idolatrías varias, con bastante éxito en Galicia, pues no debe de haber más adoradores de piedras por estos lares que quienes se forran con las minas y canteras que tanto proliferaron en las últimas décadas.

Si alguna vez el citado culto de pedregullo formó parte de nuestra identidad como pueblo, explicaría mínimamente el porqué parecemos muchas veces un pueblo sin identidad, pues esto seguramente es más por la ignorancia de la verdadera Historia de Galicia, que como pueblo no ha cambiado de nombre en 1.600 años, que nace realmente a partir del siglo V de nuestra era y acunado por la religión católica. Lo que haya sido la pre-Galicia aún está por probar y discernir, pero para eso hacen falta más estudios históricos serios, excavaciones sistemáticas y enseñanza responsable. Y no parece que los políticos estén por la labor, ni los de ahora ni los de antes. Es más fácil (y económico) fomentar, financiar y proteger mitos románticos, con samaínes, druidas y toda esa parafernalia seudocéltica, con folletos y libros que luego se regalan aquí y allá, que estudiar a fondo nuestro pasado y enseñarlo de verdad en las escuelas.

En Galicia hay muchos misterios, pero mayor que aquel, que presuntamente late en nuestras rocas, es sin duda el que habita en muchas de nuestras cabezas ilustradas.

Pepe de Brantuas. Mes de Difuntos de 2017, en España.

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported

Deja un comentario

Archivado bajo Cosas de España, Eso que llaman política, Vida humana

El Multador de Gallegos y otros oficios estrafalarios.


No les hablo de guardias civiles ni de su Benemérita Institución, aunque a veces los usen para sus fines. Les hablo de personas reales que ocupan cargos políticos o administrativos y que, después de muchos años ejerciendo en lo público, han demostrado saber mucho de su especialidad universitaria, pero no han aprendido nada sobre nuestra historia, sobre nuestra sociedad, sobre nuestra cultura, sobre nuestra geografía…, en resumen, sobre nuestra forma de ser y de vivir. Los gallegos, como alguno de ellos dice a pesar de haber nacido aquí, debemos ser sometidos, no al viejo estilo de la doma y castración del Reino, sino al más moderno de freírnos a impuestos, con infinidad de leyes y decretos, de mangonearnos en todo y de multarnos si nos salimos del rego; del suyo, del que han inventado en sus despachos, en sus cátedras, o en los sitios que se reúnan para concebir sus despropósitos.

y peligrosos para la libertad.

Cuando aprobamos el Estatuto de Autonomía de 1981 muchos estábamos convencidos de que era un instrumento para nuestra libertad, la de los ciudadanos, la de las gallegas y los gallegos, como se dice ahora, pero no podíamos sospechar lo que, con el tiempo y la actuación de centenares de políticos de todos los colores, se iba a gestar: un monstruo ordenador y regulador de nuestras vidas hasta extremos insospechados. Un monstruo que, cual Hidra de Lerma, tiene infinitos tentáculos y en cada uno de ellos una maligna cabeza. Claro que sólo una es la que controla su cuerpo, dirán algunos y yo no lo sé, pero a veces parece que disfrutan de una libertad que se nos niega a la ciudadanía. Basta gastar un poco de tiempo investigando para descubrir cuales son esos tentáculos aunque cuesta mucho, además del dinero que se llevan, el saber que utilidad real tienen demasiados de ellos.

Una de esas testas, en mi opinión, es la que ostenta la Dirección Xeral de Ordenación Forestal…, el nombre ya lo dice todo. A comienzos de julio, en una entrevista en la radio, coreada por la prensa escrita, con una agresividad inusitada, amenazó con multar a media Galicia. Al menos a aquella parte que es propietaria, en su mayoría por herencia, de fincas con árboles que aquí llamamos montes. No leiras ni prados ni pradellas, montes, aunque su cabida en centiáreas o ferrados sea tan pequeña que acaso no quepa en ella un autobús. No son montañas, ni cerros ni colinas, ni oteros grandes o pequeños, son pequeñas parcelas que antaño estaban llenas de arbustos y nuestros abuelos plantaron de árboles antes de que existiera el ICONA de la dictadura o sus hijastros posteriores. Gracias a esas plantaciones tempranas, que en muchos casos disfrutamos sus hijos y sus nietos, se crearon empresas, pequeñas y grandes, que se nutren de su madera y que han creado una riqueza en muchas zonas rurales que ninguna administración pública fue capaz de crear ni lo será nunca.

Pero claro, nuestros abuelos vivían en el campo, mejor o peor, se ayudaban unos a otros si había un incendio, controlaban sus fincas y aprovechaban el esquilmo, eso que llaman biomasa, como cama del ganado y posterior abono en sus cultivos. La superficie forestal gallega creció gracias a la multitud de pequeños propietarios que gestionaban sus tierras con mucha más libertad y con casi ninguna ayuda o interferencia pública. Pero esa multitud de propietarios es la que siempre molestó a los teóricos de montes venidos de otras partes, ignorantes de lo nuestro, pero muy sabios en formas y maneras siempre mejores que las nuestras, según ellos. Nuestros bosques siempre fueron, para ellos, un galimatías forestal, porque sus mentes sólo son capaces de encontrar algo de belleza o de utilidad en lo ordenado, en lo planificado, en lo diseñado fríamente en un gabinete o en un estudio profesional, en convertir nuestros valles y montañas en un inmenso jardín cuadriculado donde cada especie tenga su sitio al margen de la voluntad de quienes son propietarios.

Pero todas las vanas ilusiones que pueblan esas cabezas no serían peligrosas si no tuvieran el poder que tienen ahora, si no escondieran tras la presunta conservación de la naturaleza o el hipotético cambio climático los intereses de multinacionales por hacerse con la propiedad o, al menos, con la gestión de la riqueza forestal gallega, si no aprovecharan el miedo de un incendio desastroso, como el reciente de Portugal, para engañar a los ciudadanos diciendo que puede ocurrir lo mismo aquí por culpa de la mayoría de los propietarios de parcelas forestales, de montes, como hizo en la Radio D. Tomás Fernández-Couto y Juanas, el responsable de ese tentáculo administrativo que es la Dirección Xeral de Ordenación Forestal, que además ostenta representación en otros pedúnculos cuales son SEAGA, la inoperante SOGARISA y el inútil AGADER. Y digo inoperante, en un caso, porque desde 2016 ejerce su función una empresa de capital privado vinculada al grupo empresarial gallego Fomento de Iniciativas, e inútil, en el otro, porque no ha conseguido sus objetivos de desarrollo rural ni ha evitado, por lo tanto, el despoblamiento.

Cada vez estoy más convencido de que las políticas para que el campo gallego se despueble no son una conspiración, sino una estrategia a medio plazo para hacerse con la propiedad de la tierra en Galicia o, al menos, con su uso y usufructo. Sólo mirándolo desde ese punto de vista se entiende el fracaso en consolidar la población en una tierra fértil como la nuestra y todas las leyes o decretos que se han aprobado en los últimos lustros. Al fin y al cabo ya se hizo en otras épocas y en otras partes, como la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX, donde acabaron por apropiarse de la mayoría de las pequeñas y medianas explotaciones generando grandes latifundios y provocando la emigración masiva, que proporcionaría mano de obra barata a la revolución industrial británica. En nuestro caso puede favorecer el proceso la ignorancia de la mayoría y la incompetencia de demasiados políticos que dicen representarnos. No sé si el proceso ya es irreversible ni tampoco donde incluir al Director Xeral de Ordenación Forestal. Pero no me extrañaría que algún día a una multinacional —gallega o no—, se le ofrezca la oportunidad de fomentar una iniciativa para explotar la mayoría de nuestras fincas forestales, de nuestros montes, con o sin nuestro permiso.

Y eso no es Neo Liberalismo, es Neo Socialismo, acaso en versión moderna.

Pepe de Brantuas. Julio de 2017, en España.

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported

Deja un comentario

Archivado bajo Cosas de España, Eso que llaman política, Vida humana

A las puertas del mes de las Ánimas…


Si tengo una devoción especial es a esa multitud de la iglesia purgante, como se decía antaño, que sólo depende de nosotros para la alcanzar la plena felicidad. Algo influirá que soy gallego, pues les tengo además simpatía literaria, y cuando recorro con la cámara de fotos las iglesias y cementerios rurales de mi tierra suelo rezar un avemaría, al menos, por los que allí descansan desde hace siglos, pero si algo es propiamente gallego desde la noche de los tiempos es esa piedad popular que adornó el territorio con innumerables petos y miles de cruces, de madera, de hierro, de piedra, de cemento y cal, aquellos lugares donde la muerte inesperada alcanzó a algún vecino o viandante.

o de difuntos...

o de difuntos…

No sé quien fue el primero que acuñó de santa a la procesión fantasmagórica o de luces titilantes que se dice que vaga a veces por montes y caminos, pues para mis paisanos siempre fueron ánimas benditas, la compaña, la estantigua o la estádea. Lo de santa es calificativo mayor que sólo se usaba para quienes ya gozaban de la Gloria. Mi padre, que en los inicios de la Guerra Civil andaba con otros escapado por los montes durante el día, contaba que de noche bajaban a dormir a los cementerios, pues miedo de verdad le tenían a los vivos que iban armados y ellos se disputaban las mejores lápidas para descansar hasta el amanecer. Las Ánimas acaso les protegieron pues sus enemigos anticristianos no se acercaban de noche a ningún camposanto. Pero el miedo es libre y había hasta enrevesados conjuros para defenderse de ellas si uno se las encontraba de noche lejos de casa, cuando lo único necesario serían acaso unos padrenuestros o unas misas.

No sé que pensarán las Ánimas de los jalogüínes y samaínes que han puesto de moda los que adoran todo lo extranjero y repudian todo lo patrio, pero es cierto que siglos atrás el Día de Difuntos era festivo en nuestra tierra llegando a veces al exceso de las comilonas entre tumbas y bancos de las iglesias. Lo segundo fue erradicado hace tiempo por respeto al templo y a Quien está en él, y lo primero fue desapareciendo como otras costumbres gallegas que no han resistido la modernidad. También la juventud pedía por las casas lambetadas y otras viandas, y gastaba bromas nocturnas con velas y calabazas, pero sin el abuso folclórico y comercial de nuestros días. Los que niegan a lo cristiano cualquier originalidad nos aburrirán con sus recursos a lo céltico y pagano, pero lo cierto es que si el día de los muertos es un día que rebosa alegría sólo puede tener un fundamento cristiano. Al fin y al cabo las Ánimas ya tienen un pie en la eternidad y solo necesitan de nuestra ayuda para poder dar el último paso.

Ahora que en vísperas de Difuntos los políticos parece que van a elegir un presidente, aunque sea por derribo, bueno será pedirles a nuestras amigas del más allá que nuestros gobernantes encuentren el buen camino por el bien de todos.

Pepe de Brantuas. Octubre de 2016, en España.

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported

2 comentarios

Archivado bajo Baul de Twitter, Por el Mundo, Vida humana