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La ficción histórica y la Historia.


Reconozco que me sentó mal. No he leído la novela, que puede ser buena e incluso merecedora del premio que ha recibido, pero que la recomendase el Presidente del Gobierno y, además, como método para recordar una parte importante de nuestra historia, para saber qué ocurrió y conocer la verdad, me pareció fuera de lugar y absolutamente incongruente con la política educativa de estos últimos años y con la actitud ante las víctimas de ETA de personajes de su partido o determinados cargos públicos.

Podemos imaginar lo queramos…, ¿pero sabemos así lo que realmente fue?

Para recordar, basta no olvidar. Para saber lo que pasó, están las hemerotecas. Para conocer la verdad, al menos en gran parte, deberán estar muertos y enterrados todos nuestros coetáneos y nosotros mismos. Deberán ser accesibles a la investigación de los historiadores todos esos archivos, policiales o no, que contienen datos fundamentales y deberían, antes que eso, ser resueltos los centenares de crímenes de los que todavía no se conocen los autores materiales.

Se necesitaría además clarificar de una vez por todas que ETA no es solamente un asunto vasco y entre vascos. Fue y es un tema español, europeo. Internacional por las implicaciones políticas en su gestación, su financiación, en el apoyo directo o por omisión de otros países, partidos y gobiernos. Y nunca se debería olvidar que su mayor violencia se produjo cuando España era ya una democracia y no una dictadura.

Al margen de lo que se refiere a la crónica de esa organización terrorista y de sus crímenes, no es precisamente este gobierno ni los inmediatamente anteriores quienes hayan destacado por su fomento de las humanidades, tanto en la enseñanza básica como en la universitaria. Ni de los estudios históricos serios, ni de facilitar la publicación, difusión y conocimiento de quienes, ajenos a partidos políticos, dedican su tiempo, esfuerzo y vida a los estudios del pasado, reciente o lejano.

Los estudios históricos pueden tener puntos acertados o erróneos, aunque lo normal es que contengan su ración de ambos, pero para eso está la investigación, la crítica y el debate que producen un conocimiento más real de los acontecimientos del pasado. Pero en el caso de una novela, de una película sobre un período histórico o de una serie de televisión, ¿quién se va a molestar en decir o en mostrar que son falsas o erróneas? Nadie, porque lo son: son ficción, y la ficción es ese modo de falsedad que se respeta si tiene al menos calidad estética.

Por eso es absurdo pensar que de una novela se pueda percibir la verdad histórica. Se podrá provocar sentimientos favorables o desfavorables hacia los personajes ficticios. Acaso motivar para que las personas sensatas se interesen en el tema expuesto. Pero casi siempre lo que se consigue, si se promociona por intereses bastardos, es manipular la mente de todos aquellos que son tan simples que ni se molestan en mostrarse críticos con el mensaje que esa ficción les ofrece.

A lo mejor dentro de dos siglos conocerán más la verdad de lo sucedido que los contemporáneos de los hechos, pero eso será gracias a una investigación histórica seria no a través de novelas ni de series de televisión. Mucho menos si están promocionadas por todo un Presidente de Gobierno que parece saber de todo, menos de gobernar.

Y no les digo que no lean Patria, porque a lo mejor es buena como novela.

Pepe de Brantuas. Mayo de 2017, en España.

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El comercio de la sangre y sus manipuladores de oficio.


En los años 70 la segunda cadena alemana de TV, Zweites Deutsches Fernsehen, realizó una serie para enseñar a la gente a defenderse de la manipulación, de sus técnicas y de sus tácticas, y para mejor seguir los programas se editó un libro. Este libro fue traducido al castellano y publicado por la Editorial Gustavo Gili, S. A., en Barcelona, en 1982, con el título Manual de autodefensa comunicativa; sus autores, H. Benesch y W. Schmandt. Es exhaustivo y abarca desde los anuncios de detergentes a la propaganda política, pero no voy a mencionar nada más que unas frases: El manipulador no quiere una base de confianza como la que existe entre educador y educando o como la de un determinado influyente con su influido. Prefiere, con mucho, trabajar con el envilecimiento, con el sentimiento de inferioridad, con la confusión o con cualquier otra forma de inseguridad del manipulado, para así, subrepticiamente, ganar más fácilmente su acceso. Y añaden los autores, recurre a la degradación de los hechos opuestos y, por ello, fundamentalmente a la infamia.

De caja tonta a macabra...

De caja tonta a macabra…

Viene a cuento esto del reciente programa de Salvados, donde se entrevistaba al líder filoetarra, Otegui, pero no sólo a eso, sino a todo el proceso manipulativo al que se ha sometido a la sociedad española durante 12 años para llegar a ese punto. Está claro que inicialmente el énfasis se ponía en la paz, como fin único y ante el cual había que ceder en todo lo demás, aprovechando el hartazgo de esa misma sociedad, el deseo de que acabasen los atentados, los tiros en la nuca, las bombas indiscriminadas, los secuestros y todo tipo de chantajes y extorsiones. Esa permanente inseguridad, mayor en determinadas regiones españolas, en determinados sectores sociales y políticos, pero que afectaba y hacía a toda España víctima directa o indirecta del terrorismo. Esa sociedad confusa e insegura terminó por venirse abajo con los salvajes atentados de Madrid el 11M y se hizo maleable a las intenciones de los manipuladores. Pero el argumento de la paz no bastaba y no basta para disculpar los crímenes, era necesario la degradación de todo lo que se opusiera: las víctimas, sus asociaciones, los que todavía las defienden desde el ámbito de la política o desde otros ámbitos. Y en ese trabajo sucio es en el que están el señor Évole y otros presuntos periodistas, la cadena que le pone ante la audiencia, y aquellos partidos políticos empeñados en que veamos a los criminales de ETA como otras víctimas más.

Recomendaría leer el libro de Benesch y Schmandt si supiera que todavía es accesible, si no en librerías al menos en bibliotecas. Seguro que quienes tienen el cerebro para usarlo encontrarían muchas similitudes en esa obra con actitudes y discursos de esa triste docena de años en la que se nos convirtió en conformistas acríticos con el sufrimiento de tantas personas y se está a punto de conseguir que las lleguemos a considerar enemigas y culpables de lo que les sucedió, o al menos que lo llegue a hacer un sector importante de nuestra comunidad. Desgraciadamente en esa labor manipuladora han participado todos los gobiernos que hemos tenido desde 2003, incluso el presente, a mayor apoyo de aquellos que tienen la misma ideología, socialista o nacionalista, que la de los criminales y sus mentores.

Pepe de Brantuas. Abril de 2016, en España.

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Los cómplices silenciosos.


(The silent accomplices.)

Ni una mala palabra, ni una buena acción…

En estos tiempos en los cuales los jueces amigos de la Ley del Encaje se han vuelto de una diligencia inusitada en liberar a grandes criminales convictos y confesos, se observa una pasmosa pasividad por parte de quienes en teoría nos representan: diputados y senadores. Ante la algazara judicial, que parece recorrer todos los niveles jerárquicos del tercer poder, y el bochorno ciudadano, el selecto grupo de los elegidos guarda un silencio tan estruendoso que su eco recorre todo el país de cabo a rabo.

Dirán ustedes qué era lo que podíamos esperar con un sistema de listas cerradas (o casi cerradas, como la del Senado). Pero la verdad es que en esas listas han salido elegidas personas con nuestro voto, nos guste o no, y somos corresponsables de lo que hagan o dejen de hacer. Y lo somos, sobre todo, si en los cuatro años que dura su mandato no nos molestamos en hacerles saber lo que pensamos de sus actuaciones, de su dejación, de sus palabras o de su silencio.

Pinchando con el ratón en el logo que se encuentra en la cabecera de este texto, les salen las páginas oficiales del Congreso y el Senado. En cada una de ellas hay un apartado para los diputados y los senadores, respectivamente, en la que pueden ver a los que fueron elegidos con su voto en cada provincia. La mayoría de los diputados tienen una dirección de correo electrónico (no todos) y a los senadores pueden escribirles directamente desde el formulario que se abre al seleccionar su nombre. Si permanecemos al margen, si no les hacemos saber nuestro desacuerdo con su actitud cómplice, por acción u omisión, no tenemos derecho a criticarles.

Personalmente, les he escrito manifestándoles que me parece vergonzosa su actitud pasiva ante la escalada de liberaciones como si ellos, en vez de representarnos a nosotros, fuesen los representantes del Gobierno en la cámara o, peor aún, de los propios criminales. Y que no pienso volver a votar ninguna lista en la cual figuren sus nombres en el futuro, si permanecen en su actitud cobarde, negligente o de manifiesta connivencia. Y ya tengo la lista hecha y pegada en la puerta de la nevera para que no se me olvide.

Pepe de Brantuas. Noviembre de 2013, en España.

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El coro macabro, sus coreutas y corifeos.


(The macabre choir, choristers and their lackeys.)

o el discurso de los embusteros...

o el discurso de los embusteros…

Cuentan que el coro, en el teatro griego original, era largo de figurantes, bailarines y saltimbanquis, cuya función era enseñar al pueblo el ideal de comportamiento ante la función. Luego vino a menos y uno de ellos los representaba en ciertos diálogos, el corifeo. Pues, en este escenario mundano que es la vida política española una gran farsa se interpreta desde hace unos años. Por los modos y maneras parece una vuelta al arcaísmo coral, dado el gran número de coreutas que intervienen, aunque casi todos con vocación de corifeo. Tantos, que más que tragedia real parece danza macabra.

La paz vergonzosa que proponen, traman o defienden tantos distinguidos proxenetas de la verdad, no hay pueblo sensato que la trague. De ahí la labor coral que abarca desde togas arrastradas por fango, hasta plumas de encastillados señores, con tinta roja, pasando por dirigentes y mandatarios electos, con colmillos hipodérmicos cual vulgar chupasangre. En este singular acto (de la sentencia de Estrasburgo) unos acatan, dicen que por obligación, otros aplauden, porque desde siempre defendieron a los que asesinan, y los de más allá niegan protagonismo a las víctimas y a sus asociaciones, porque les recuerdan de continuo, como aquel siervo que acompañaba a los generales romanos triunfantes, Respice post te! Hominem te esse memento!

Pero no quieren mirar atrás; no desean que les recuerden que podrían haber sido víctimas, ni su vergonzosa y pasada actitud de mirar para otro lado o de defender a unos criminales porque eran antifranquistas, como ellos presumen haber sido. No soportan siervos que les susurren tras la oreja que no son dioses, ni mucho menos que el pueblo verdadero les diga en la cara lo que piensa de ellos, de sus mentiras, de su cobardía o de su complicidad manifiesta… Pongan ustedes los nombres a los personajes de cada una de estas ignominias, que seguro que no se equivocan porque el coro macabro está enaltecido y hasta el director de orquesta (más Cabrón de Aquelarre que Ternera) ya les pide mayor sumisión a sus deseos. No dejan ya casi espacio para la libertad, el honor y la justicia, que todo lo pervierten con su hipocresía, lo manosean con su poder prevaricador, lo prostituyen con sus ansias envilecidas de obligar al pueblo a pensar como ellos desean.

Por todo eso, hay que defender a ultranza a las víctimas y a sus asociaciones, porque son el último reducto de la memoria y de la verdad.

Pepe de Brantuas. Octubre de 2013, en España.

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