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Eso que damos por supuesto…


somos un puente entre pasdo y futuro...

somos un puente entre pasdo y futuro…

Una de las virtudes de hacer el propio árbol genealógico es el comprobar, según retrocedemos en el tiempo, que el número de antepasados se multiplica. Si no hubiera matrimonios entre parientes cada generación sería el doble de la anterior, pero incluso cuando los hay nuestra existencia ha dependido del libre albedrío de infinidad de personas de quienes poco o nada conocemos. Para alguien no creyente es posible que nosotros seamos fruto de la casualidad o del destino, según se mire, pero para un creyente no queda más que admitir que somos por la voluntad de Dios y porque aquellos que nos precedieron tuvieron hijos, esos hijos precisamente.

Bastaría que una sola persona de una de las ramas, en cualquier época anterior, hubiese decidido abortar, retrasar el tener hijos o no tenerlos, para que cualquiera de nosotros no existiese. Cualquiera de nosotros y todos los de ese lado desde el antepasado hasta nuestros días. Podría haber otros con los mismos nombres y apellidos, pero no seríamos nosotros con nuestra individualidad concreta y presente. Ni que decir tiene cuando uno comprueba que desciende del sexto hijo, de la novena hija, o de cualquier otro que no sea primogénito.

Damos por supuesta nuestra existencia con la misma facilidad que ignoramos a diario el aire que respiramos, pero no estamos aquí por casualidad, ni por destino, ni por derecho a estar. La voluntad libre de quienes nos precedieron, en consonancia, con la de Dios nos permite pertenecer a la Creación y a la Historia. Por esa razón se vuelve mucho más absurda la postura de quienes defienden el aborto, el control de la natalidad o la manipulación de embriones. De ellos y de quienes lo consienten por un prurito de modernidad, comodidad o interés. Su exterminio, si se me permite usar el término, abarca el presente de quienes no nacen ahora y, también, de quienes nacerían de ellos en el futuro. Es un inmenso agujero de la nada dentro del Universo, que producen con su inconsciente negatividad.

Ahora que hay elecciones a uno de esos organismos internacionales que se inmiscuyen en nuestras vidas, al Parlamento Europeo, tenemos la oportunidad con nuestro voto de elegir a quienes están a favor de la vida sin componendas, sin mediocridades, radicalmente desde su inicio hasta la muerte natural. Nadie va a cambiar el régimen autonómico por uno centralista, ni va a solucionar la corrupción política española, ni fortalecer la unidad de la patria desde Bruselas. Todos los cantos patrióticos o antipatrióticos de estos días no son más que cortinas de humo para que no demos importancia a lo que verdaderamente lo tiene: las personas, su vida y sus derechos.

Sin muchos nacimientos, sin jóvenes, no hay futuro para España, ni para Europa ni para la libertad. Pero podemos cambiarlo si nosotros somos capaces de cambiar, aunque solo sea por una vez.

Pepe de Brantuas. Mayo de 2014, en España.

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De progresos y regresos.


o volver a progresar...

o volver a progresar…

Si hay algo claro en la Historia es que hay progresos que son nefastos y regresos que son fructíferos. Utilizar los términos progresista o regresivo como sinónimos de bueno y malo es una sinrazón que sólo responde a la necia simplificación de las ideologías políticas o al discurso superficial de quienes no tienen otras razones que ofrecer. A nadie se le escapa que las bombas atómicas o nucleares son un progreso que amenaza con destruir a toda la Humanidad, pero les cuesta admitir que la democracia que disfruta hoy Occidente fue un regreso a la época ateniense de cinco siglos antes de Cristo. Hay más ejemplos de retornos: En plena Edad Media se fundan las primeras universidades de mano de la Iglesia, que son una vuelta a la Academia y al Liceo, instituciones prohibidas por el emperador romano en el siglo VI. Con la caída del imperio y de su derecho, la situación de la mujer mejora en el Medioevo y solo vuelve a empeorar con el retorno al paternalismo, que trae el progresista Renacimiento, agravado por la influencia musulmana en los reinos europeos.

Viene todo esto a cuento del empeño en hablar de retroceso cuando los partidarios del aborto libre se refieren al anteproyecto de reforma del gobierno español. Pero si uno eleva su mirada siglos atrás puede estar seguro que no se trata de un regreso, sino una restauración de la dignidad humana. Al margen del sacrificio pagano de niños (en el cual Cartago y Babilonia fueron especialmente crueles), aborto e infanticidio fueron permitidos en la antigüedad precristiana, e incluso fueron prescritos en leyes como la de Las Doce Tablas de Roma. También los espartanos mataban legalmente a los recién nacidos considerados débiles o deformes. Y en muchas culturas bastaba ser mujer para ser asesinada. De hecho, solo desde el comienzo de la Edad Media empezó a disminuir el infanticidio y los abortos, sobreviviendo más mujeres que antiguamente. En los países occidentales, el regreso al infanticidio y al aborto legal (propios de épocas precristianas) comienza hace medio siglo, con cientos de millones sacrificados hasta nuestros días. Aborto que, en países como China e India, incide mucho más sobre las mujeres que sobre los hombres y en alguno occidental como Bélgica ya ha supuesto el retroceso al infanticidio espartano.

            Algún día (espero que no sea lejano) el aborto legal, tolerado o fomentado, será considerado como el mayor Crimen Contra la Humanidad y quienes lo promuevan serán juzgados como criminales. Ese día recuperaremos el rumbo de progreso, en lo que a la dignidad humana se refiere. Y cualquier ley que lo dificulte y lo limite será un nuevo escalón para conseguir su total erradicación, aunque parezca un retroceso al siglo XX.

            Pepe de Brantuas. Enero de 2013, en España.

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