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Europa, democracia y cristianismo.


 (Europe, democracy and Christianity.)


La realidad de la Historia

¿Una cultura anticristiana puede tener una base de origen cristiano? Pues a priori sí, por rechazo. De la misma forma que el odio puede venir a veces de un amor previo. Pero también puede devenir en anticristiana una civilización por dejadez e ignorancia de quienes están obligados a actuar y a conocer. Escribió José Orlandis[i] sobre el nacimiento cristiano de Europa y sobre la desfiguración histórica que supone negarlo, pero también de lo lejos que están del Evangelio demasiados sectores europeos. Y, ante la influencia negativa de esos sectores, demasiados cristianos permanecen al margen. Unos por ignorancia de las ideologías de fondo que las sustentan y de sus aspiraciones. Otros, por la creencia insana de que hay que respetar cualquier idea, pues esa sería la tolerancia, cuando ésta, si es auténtica, lo que de verdad protege es a las personas, por medio de la comprensión y de la razón, incluso de las convicciones destructoras que poseen.

Hilarie Belloc[ii] dijo, hace casi un siglo, que la Fe es Europa y Europa es la Fe. Para él, solo el católico tenía la capacidad de comprender lo que era realmente la cultura europea. Y eso no como desprecio de puntos de vista ajenos al catolicismo, sino por la imbricación del catolicismo con la génesis y el desarrollo de la comunidad europea. Y desde esa convicción podemos afirmar que la mayor responsabilidad de todo lo que está sucediendo es nuestra, de los católicos, de lo que hacemos y dejamos de hacer. No cabe mantenerse al margen por un prurito falsamente democrático, basado en la convicción de que no ser clerical es lo mismo que no insistir en la defensa de nuestras convicciones. O, peor aún, sustentado en la comodidad de suponer que la Iglesia es indestructible y que las aguas volverán a su cauce por si solas. Y digo peor, porque la Iglesia pervivirá hasta el final de los tiempos, pero para eso no necesita a Europa y, en cambio, ésta no sobrevivirá con unas entrañas anticatólicas.

Viene todo esto a cuento de la demanda de Cristina Cifuentes y Ángel Garrido para que, en el próximo Congreso de Sevilla, se retire la palabra cristiano de la ponencia en la cual se define el Partido Popular. Sin entrar en las creencias que puedan tener ambos proponentes, que desconozco, sería triste y un sinsentido que tal petición prosperase. No solo por lo expuesto anteriormente, sino por el hecho de confundir lo que es la religión con el humanismo cristiano y los valores que defiende. Es más, no deberían retirarle ese adjetivo, sino añadir el de europeo, pues esa sería una definición más acertada y completa. Esperemos que los muchos católicos que son de ese partido no se mantengan al margen e impidan lo que, lejos de ser una tolerante modificación, es una manipulación ideológica en toda regla. Un humanismo que no fuese cristiano y, por lo tanto, no europeo, no sería nada más que una caricatura grotesca.

            Pepe de Brantuas. Febrero de 2012, en España.


[i] José Orlandis. Europa y sus raíces cristianas. Ediciones Rialp, S.A.. Madrid 2004: Europa —acaba de verlo el lector— nació cristiana y tiene raíces cristianas: negarlo o silenciarlo sería desfigurar la realidad histórica. Pero también es cierto que existen hoy amplios sectores sociales europeos que distan mucho de estar impregnados por las doctrinas del Evangelio de Jesucristo. En muchos ámbitos domina un neopaganismo —alentado por poderosos medios de comunicación sociales—que no venera ni añora a las viejas divinidades sino que rinde culto a los nuevos ídolos de la postmodernidad: un secularismo dogmático y excluyente, un menosprecio a la fe como fuente de conocimiento intelectual, un temporalismo que limita las perspectivas del hombre al mero horizonte terrenal, un relativismo negador de la verdad; y, en fin, una patológica exacerbación del sexo, acompañada por la aparición de una homosexualidad elevada al rango de fenómeno social. Estos rasgos y otros más que están en la mente de todos configuran la fisonomía de las sociedades neopaganas.
[ii] Hilaire Belloc. Europa y la Fe. Ciudadela Libros, S.L.. Madrid 2008. Rendiré, más bien, un homenaje a la verdad, diciendo que no existe un punto de vista católico de la historia europea. Hay un punto de vista protestante, uno judío, uno mahometano, o japonés; porque todos ellos consideran a Europa desde el exterior. Mas el católico contempla a Europa desde dentro, y no puede haber un punto de vista católico de la historia europea, como no puede haber un punto de vista de un hombre respecto a sí mismo.

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