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La sola y desdichada España…


(The lonely and unhappy Spain…)

lamento cervantino

lamento cervantino

¡Alto, sereno y espacioso cielo
que, con tus influencias, enriqueces
la parte que es mayor de este mi suelo
y sobre muchos otros le engrandeces,
muévate a compasión mi amargo duelo
y, pues al afligido favoreces,
favoréceme a mí en ansia tamaña,
que soy la sola y desdichada España!
Miguel de Cervantes

 

En boca de España pone Cervantes el lamento precedente, en su obra La destruición de Numancia, pero es cierto que, si ella somos todos, bien podría clamar hoy con las mismas palabras. Y no porque haya ciudad numantina sitiada de romanos, más que el Partido Popular y su gobierno, sino por los vicios adquiridos que la volvieron doliente. Tampoco es porque esté sola como antaño, sino mal diagnosticada por tanto galeno político y con una indecisa terapia que no atina a cortar el mal de raíz.

Hoy el Consejo de Ministros aprobó una buena medida, si no queda con el tiempo en mera intención, y otra que no sabemos como acabará porque tendrá que convertirse en proyecto y después tramitarse en Cortes. La primera es la Agenda Digital para España que, aunque solo sea por la capacidad que tiene en otros países para generar empleo, merece ser puesta en marcha aquí con urgencia. La otra es un anteproyecto para la Racionalización y Estabilidad de la Administración Local, que trata de recomponer una parte del despilfarro público, pero que da la impresión de quedarse corto.

No es que ambas medidas no sean necesarias, pero saben a poco. Y lo que es peor, sigue sin aprobarse ninguna sobre la deriva secesionista catalana ni sobre la burla que supone para las víctimas del terrorismo ver a los asesinos mimados por las instituciones públicas. Nada hay tampoco que corte de una vez la sangría de vidas humanas que supone la vigente ley del aborto. Ya no digamos del necesario aumento del plazo de prescripción de los delitos cometidos por cargos públicos, a diez o veinte años, para que no escapen a la acción de la justicia. Al fin y al cabo, tan o mayor fraude fiscal es como el de quienes escabullen el pago de impuestos por millones.

Falta también una política decidida que ampare y promueva la industria productiva. Y no se trataría tanto de favorecer el consumo de productos nacionales sino de apoyar la producción de bienes en nuestro país que sean competitivos y exportables. Pues hay empresas que han tenido que dejar la fabricación propia para convertirse en comercializadoras de fabricados de importación. Y tampoco estaría de más fomentar todo aquello que redunde en una mayor unión de todos los españoles, que si la unidad es necesaria siempre, con mayor razón en épocas de crisis.

Así evitaríamos ese otro lamento del mismo poema cervantino:

 ¿Será posible que contino sea
esclava de naciones extranjeras
y que un pequeño tiempo yo no vea
de libertad tendidas mis banderas?
Con justísimo título se emplea
en mí el rigor de tantas penas fieras,
pues mis famosos hijos y valientes
andan entre sí mismos diferentes.

 Pepe de Brantuas. Febrero de 2013, en España.

 USA

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… y del carro tirando.


por la cuesta, adelante

por la cuesta, adelante

Hay cosas que en España no cambian. Cuando llegan las postrimerías del año, con el discurso del Jefe del Estado, la vieja tradición no perdona las valoraciones de los políticos ni las interpretaciones de la prensa. Los primeros muestran su acuerdo o discrepancia con las palabras dichas y con las que, según cada uno, debería haber mencionado. Los medios abarcan en ocasiones lo anterior, pero no se detienen ante eso: el decorado, la postura, las muecas, la apariencia, las fotografías, la mesa, la bandera, todo eso es analizado cuales arqueólogos ante arcano desenterrado.

Y si a lo anterior añadimos las cuitas futboleras propias de los avatares del engendro bilateral Madrid-Barcelona —sobre todo cuando es alterado por un tercero en discordia, que es capaz de jugar tan bien con mucho menos dinero—,  los turrones y otros manjares propios de las fiestas, ya tenemos completa la arquitectura pagana de nuestra Navidad. Con la mudanza del año y la visita de los Santos Magos de Oriente nos encontramos de golpe con la llamada cuesta de enero. Lo peor es que en este momento aún nos hallamos en la de enero de 2012, que se alargó hasta el presente.

A los ciudadanos se nos pide apretar el cinturón y tirar del carro, que cualquier día nos dirán que no es cinturón sino cincha, pues poco les falta para tratarnos como semovientes. Y no sería ultraje si fuese para acompañar en el Belén a la Sagrada Familia, que poco más que eso somos a la par del Dios Niño, pero se nos pide la austeridad indefinida para llevar un carro que ellos han vaciado convenientemente en sus graneros y a muchos ni les han dejado el alimento para sobrevivir.

La bestia de la foto lleva anteojeras y tampoco puede girarse para ver el carro vacío, aunque lo sienta ligero, y sube la cuesta al paso.  Acaso tanto le de lo que lleva a rastras y sea feliz al modo equino, pero no podemos permitirnos pasear el vacío de criterio, ideas y soluciones que manifiestan nuestros políticos, como si también nosotros las llevásemos puestas. No hay crisis económica, sino política y moral. Más aún en un sistema como el actual en el que la política y la burocracia invaden todos los recovecos de la economía y de la vida de los ciudadanos. En una democracia que la izquierda llenó de telas de araña y en la cual la derecha, lejos de hacer limpieza, parece conformarse con controlar sus pútridos hilos.

Del carro tirando, sí, pero sin anteojeras.

Pepe de Brantuas. Diciembre de 2012, en España.

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