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De lo perenne y lo caduco.


...o como remediar el entuerto...

…o como remediar el entuerto…

Ahora que vivimos el otoño, por poco que uno se asome a jardines, campos o bosques, podemos observar la variedad de colores que componen el paisaje. Cada planta deja secar sus hojas con uno diferente y eso es lo que hace tan fotogénica la estación. Pero, entre la mezcla de castaños, rojos y naranjas, sobresale con insistencia lo verde de las plantas de hoja perenne. Durante todo el año muere su hojarasca, mientras otra nace, y su color parece eterno a pesar de las estaciones, pero es algo ilusorio que a veces dificulta conocer cuando están enfermas o moribundas.

En las sociedades pasa algo similar, unos nacen y otros mueren, disimulando así el declive y, solo cuando los síntomas ya son tan evidentes que nadie los puede ignorar, esa comunidad se hunde si no se pone un rápido remedio. Y la que nos ha tocado vivir en España muestra ya muchos achaques y anomalías, sin que los galenos se pongan de acuerdo en los remedios. Unos creen que bastan emplastos y otros quieren hacer sangrías, pero acaso, como a los árboles, lo necesario sea una buena poda y cambiarle el abono.

Chesterton, que vivió una época convulsa y de corrupción, escribió que los abusos públicos son tan visibles y pestilentes que arrastran a toda la gente generosa hacia una especie de unanimidad ficticia. Olvidamos que, mientras estamos de acuerdo sobre los abusos, podemos diferir mucho en los usos. Y en los remedios, añadiría yo. Se impone aparcar los fanatismos ideológicos de quienes por ley nos representan, al menos los de aquellos que todavía creen en España y en la democracia, y buscar lo que en común la beneficia, lo que la hizo perenne, no una sociedad desaparecida y caduca.

Vienen dos fechas, una moderna y conmemoración del inicio de la única democracia verdadera de nuestra historia, el seis, y otra muy nuestra, el ocho, fiesta de la InmaculadaModernidad e Historia, que no tienen por que estar enfrentadas por mucho que se empeñen los adoradores del progreso y los idólatras de tradiciones muertas. Acaso la solución esté, como casi siempre, en el respeto a la primera y la devoción a la segunda, aunque otros desprecien ambas.

Pepe de Brantuas. Diciembre de 2012, en España.

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De lo urgente y lo surgente.


…el Sol sale todos los días y el tiempo pasa inexorable…

En días pasados, una parlamentaria del PP decía en la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados que la reforma de la Ley del Aborto no era urgente. Nos guste o no, es todo un síntoma del gobierno de este partido desde hace ocho meses. Desde la oposición les critican de forma hipócrita por no cumplir su programa electoral, pero montan campañas difamatorias y agresivas cuando sí intentan hacerlo. Otros, desde el presunto bando del Gobierno le achacan lo mismo cuando se trata de medidas económicas, pero en el fondo parecen ignorar lo que la mayoría de los votantes de ese partido querían: que fuese capaz aplicar políticas no partidistas para solucionar la crisis, pero que derogase aquellas leyes que el PSOE aprobó en minoría y con la mayoría de la opinión pública en contra.

Si hay algo que no se le puede reprochar al gobierno del Sr. Rajoy es que actúe contra la crisis a su manera, aunque su ideología sea otra, independientemente que esas medidas parezcan disparates o nos molesten. En cambio sí que se le puede censurar que, en aquellos asuntos que no afectan a la economía o que incluso la mejoran, sus parlamentarios no hayan elaborado ni un solo anteproyecto de ley. La reforma de la Justicia, la de la Administración Pública, la del Código Penal, la de la Ley del Aborto, la de las uniones gay, la de la EPC, la de la enseñanza, la de los castellano hablantes en Cataluña, Galicia y País Vasco, etc. Y también aquella otra que no afecta a la economía y está siguiendo en contra de todo lo dicho anteriormente: la política antiterrorista contra ETA.

La impresión que dan ante sus partidarios es doble: de indolencia o vagancia, en temas de derechos fundamentales,  y de hipocresía, en el caso del terrorismo separatista. Y los hechos recientes muestran un mayor desprecio de los ciudadanos hacia los políticos de los partidos clásicos y un surgir creciente de otras alternativas que pretenden atraer a los desencantados del Partido Popular y del PSOE. La mayoría de los ciudadanos no hemos olvidado la grave responsabilidad del segundo partido en el agravamiento de la crisis en su época de gobierno. Pero, aunque no deseamos su vuelta, podríamos provocarla indirectamente negando el voto al Partido Popular.

Puede que el Gobierno y su partido estén ciegos, pero deberían de darse cuenta de que muchos ciudadanos podríamos tolerar las duras restricciones económicas, siempre que no fueran negligentes y perezosos en los temas fundamentales, que a ellos no les parecen urgentes. Si no lo hacen, probablemente irán por similar camino al que llevó a la UCD al desastre.

Pepe de Brantuas. Septiembre de 2012, en España.

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