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Ponga un dragón en su piscina…


Cuenta Malaxecheverría en su obra Bestiario Medieval que, según el antiguo de Cambrai, el dragón no mata a hombre alguno, sino que lo devora lamiéndolo con su lengua; símbolo inequívoco de la adulación. Y es que ésta es arma terrible y eficaz, que cuando alcanza a la mayoría de un pueblo podríamos calificarla de destrucción masiva, pues es la principal de todo nacionalismo. Hace creer a los ciudadanos que se vuelven sus víctimas que son especiales, brillantes, insuperables, mejores que cualquier otro de diferente raza, cultura, religión o nacimiento. No hay génesis histórica de un nacionalismo férreo y fanático que no la haya utilizado para generar un sentimiento de superioridad en la mayoría del pueblo. Y aquí no somos una excepción, llegando a desenterrar costumbres olvidadas, con la excusa de la defensa de la cultura propia, mitos lejanos en el tiempo y tergiversaciones históricas, para acrecentar una pasión casi irracional que les conviene a los dirigentes políticos de turno.

y déjese arrullar...

y déjese arrullar…

Tanto los grandes imperios del pasado como las pequeñas comunidades geográficas con cierta uniformidad cultural, de ayer y de hoy, pueden ser víctimas de sus dragones particulares que tratan siempre de hacerles parecer víctimas de pueblos barbaros, inferiores a ellos, a sus virtudes, a sus méritos históricos, a su derecho ancestral. En esta España nuestra de hoy no tenemos necesidad de rebuscar mucho para encontrar a esos aduladores colectivos con medios económicos y políticos suficientes para desarrollar su labor laudatoria y ponzoñosa. No hay comunidad autónoma que no los tenga, en mayor o menor medida, y se puede observar fácilmente como en varias décadas hemos pasado de una justa defensa del multiculturalismo hispano a una perniciosa proliferación de minúsculas vanidades patrioteras, en demasiados casos basadas en cosas muertas ya o en interpretaciones infantiles del pasado.

Hablo de Cataluña porque es la más actual en este momento, ya que su particular dragón, el Sr. Mas, no ceja en su empeño de lamer con su lengua a un auditorio que parece serle fiel. Lo último, lo de la nueva hacienda catalana, no asombra por el hecho en sí, sino por el aspecto de sus oyentes en la presentación pública. Eran pocos, pero significativos, y si alguien dijera que aquella era una reunión de los principales accionistas de un gran banco, sin conocer al conferenciante ni el tema, no le costaría demasiado admitirlo. Acaso se hayan cargado ya a su patrón S. Jorge y ahora adoren a la bestia mítica que aquel derrotó…

Decía en la entrada anterior que ya no había serpientes de verano, pero no me cabe duda de que, si nos empeñamos o nos descuidamos, todos podemos acabar poniendo un dragón en la piscina; en la propia o en la ajena.

Pepe de Brantuas. Julio de 2015, en España.

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40 millones de apátridas celtibéricos…


o ninguna parte...

o ninguna parte…

Si yo quisiera afirmar que el señor Mas es un cobarde, se lo llamaría a él, no diría que los catalanes son cobardes; y si desease comunicar que Homs es un idiota kantiano, tampoco se me ocurriría llamar imbécil a Cataluña o a su pueblo. Aunque estoy seguro que llegado el caso, ambos personajes afirmarían, hipócritamente ofendidos, que yo estaba insultando a los catalanes y a Cataluña.

Esa auto-identificación a lo Luis XIV que hacen los nacionalistas al revestirse con el pueblo de su territorio, cual birrete, toga o bufanda, como si solamente ellos lo fuesen; o la tonta manía de hablar de España o de Madrid cuando se refieren al Gobierno central, no son coherentes y tampoco obligatorias para el resto de los ciudadanos. Si lo fuesen, yo no sería español porque no pertenezco al Gobierno

De una forma injusta, el nacionalismo nos convierte en apátridas virtuales a la mayoría de los ciudadanos al desterrarnos de aquí o de allá según les convenga en su discurso, en su propaganda, en su estrategia xenófoba, y es bastante estúpido hacerles el juego en la prensa, en las Cortes o en cualquier otro foro, cuando hablamos o escribimos en parecidos términos de Cataluña y España, de catalanes y españoles, como si nos refiriéramos a Haití y a Japón, entidades difícilmente asimilables.

Porque, un americano ignorante, un borracho noruego o un memo sudafricano (por poner tres ejemplos posibles) pueden considerar a Cataluña y a España como conjuntos disjuntos, sin intersección ni inclusión posible, o pueden fingir estar convencidos de que ETA mantuvo una guerra de liberación contra España; pero sería del género bobo (ése del que nadie habla, pero tanto abunda) el que nosotros pensásemos lo mismo.

En esto del discurso las palabras son llaves y herramientas de acción política. Si empezamos a emplear su jerga de propaganda, con descuido y papanatismo les estamos facilitando la labor a los estrategas del odio y la segregación. Y los ciudadanos deberíamos tener cuidado con ese maleficio lingüístico, porque, al final, quienes avalan con sus vidas y con su dinero los experimentos majaderos de los políticos, somos nosotros, los cada vez más apátridas celtibéricos por las acciones u omisiones de quienes dicen representarnos.

Esta semana, entre el barullo armado por los caciques del nordeste, nos colaron una ley pro-gay (hasta el momento única en España) los bien pensantes del Partido Popular de Galicia y sus acólitos de la oposición. A lo mejor estos listillos pensaban que no nos íbamos a enterar con el ruido de la sardana. Ya puestos a hacer burradas, si pretendiesen solucionar el retroceso demográfico de Galicia, más les valdría haber legalizado las comunas que ese engendro de la unión homosexual que acaban de equiparar con la familia.

Pero, en fin, esa es la época que nos ha tocado vivir y solo podremos estar con la conciencia tranquila si identificamos sus falsos discursos y actuamos en consecuencia, porque para toda esta cohorte de políticos el bien común debe estar limitado a sus pasiones, a sus intereses y, por lo que parece, al mundillo de machiegos y mujeriegas que ellos miman.

Pepe de Brantuas. Abril 2014, en España.

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El quid de la cuestión del referéndum catalanista.


(The  whole point  of catalanist referendum.)

En las nubes...

En las nubes…

El pasado jueves, José Antonio Giner, periodista y maestro de periodistas, publicaba en Twitter sus Claves de la Consulta Catalana[i], que se pueden sintetizar en tres y en una profética perogrullada:

1 – Una pregunta doble muy elaborada, la primera parte sin contenido, pero que induce a la segunda (Sí marcas un sí es muy difícil marcar luego un no) y que contenta a todos los promotores nacionalistas. (1, 4 y 10)

2 – El Sený, reconvertido en chulería nacionalista, posa con aparente cordialidad y unidad en busca de la agresividad del gobierno español (Madrid, como diría cualquiera de ellos). Mas (Elevado a ser Barcelona o Cataluña), en su línea de no ser menos que nadie dentro del nacionalismo catalán, deja descolocado a un PSC ambiguo y desnortado y hace entrar por el aro a ERC. (2, 6, 7, 8, 9, 11, 13 y 15)

3 – El Gobierno y los partidos constitucionales (Madrid, Rajoy y Rubalcaba, PP y PSOE, para cualquier nacionalista catalán), aparentemente distraídos, hacen sus declaraciones respectivas. (3, 5 y 12)

Profética perogrullada: La Constitución se puede cambiar, se ha cambiado y se acabará cambiando, cualquier día. (14)

A nadie debería extrañarle la pregunta ni la presunta oportunidad para publicarla. Nada es inesperado ni sorpresivo. Todo responde a un plan prefijado donde están estudiados hasta los desacuerdos coyunturales y aparentes. Que la cuestión y el proyecto soberanista sean inteligentes o no lo sean, no puede ocultar el hecho de que en cada una de sus sucesivas manifestaciones son, bajo la apariencia democrática y popular, una serie reiterada de provocaciones, que buscan más la respuesta airada que conseguir un diálogo cada vez más imposible.

Las leyes (La Constitución es la principal de todas) se vuelven obsoletas por su incumplimiento reiterado. No haré una relación de los disparates jurídicos (Incluidos los avalados por el Supremo y el Constitucional) que se han venido realizando en la última década, pero lo cierto es que los mecanismos legales y legítimos que tiene el Gobierno de España no pueden dejarse de lado por dificultosos o lentos, porque estaríamos aplicando el descabello a nuestra carta magna. Lo que es lento simplemente requiere previsión y lo difícil sólo necesita arrojo.

Como ya no sé nada ni me fío de nada, en política, desconozco si nuestro gobierno ha tenido la previsión de estudiar las respuestas legales adecuadas y si, a los que lo forman y les apoyan, les alcanza el arrojo para aplicarlas, pero lo cierto es que tienen que actuar. Ya no bastan las palabras ni las garantías verbales.

Y esas son el quid del asunto.

Pepe de Brantuas. Diciembre de 2013, en España.


[i] 1 Pregunta inteligente.

2 Buenas maneras en Barcelona, malas en Madrid.

3 Madrid sorprendida ante una unidad que no se esperaba.

4 Una pregunta que sirve para todas las opciones.

5 PP y PSOE descolocados.

6 Gana Artur Mas.

7 Ante la inmovilidad y falta de iniciativa, Cataluña tomó la iniciativa con un pacto serio.

8 ER cede y nadie pierde.

9 El PSC pierde el autobús.

10 Next, diálogo y dotar de contenido a la primera pregunta.

11 Hay pregunta, hay presupuesto, hay unidad entre los partidarios de la consulta y más habrá ahora.

12 Rajoy y Rubalcaba se han quedado sin palabras porque no esperaban ni sabían del pacto.

13 Buena noticia para el movimiento en favor de la consulta, y mala para los que la niegan.

14 La Constitución se puede cambiar. Como se ha cambiado y se acabará cambiando.

15 Los políticos catalanes a favor de la consulta han estado a la altura de las circunstancias. Seny.

USA

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Aquí fue Troya, don Arturo.


(Here was Troy, Don Arturo.)

Al salir de Barcelona volvió don Quijote a mirar el sitio donde había caído, y dijo:
—¡Aquí fue Troya! ¡Aquí mi desdicha, y no mi cobardía, se llevó mis alcanzadas
glorias; aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas; aquí se oscurecieron
mis hazañas; aquí, finalmente, cayó mi ventura para jamás levantarse!
Miguel de Cervantes.

El Palau es palacio y es cárcel; el honorable habitante es el señor y el preso aunque, viendo su rostro y el de los suyos en la noche aciaga, parecieran compañía de ánimas en este mes de noviembre. Es preso de sus palabras y de sus ambiguas promesas, pero también de la desconfianza de aquellos a quienes pedía el voto prestado, al menos por un bienio. Y ahora necesita mayor empréstito para intentar ser quien ya era sin necesidad de elecciones.

Ahora Cataluña es prisionera de esa jaula de grillos que será el nuevo Parlament, de los sueños frustrados, de los odios vertidos, de las mentiras propagadas. Y como es España, esa cadena también la atenaza por la parte que le duele, que nadie está sano si todo el cuerpo no lo está. Y todo por la mísera moneda, el argumento del robo que habría escandalizado al Tercio Negro de los valones de España, sino al mismísimo Roque Guinart.

Vencido don Alonso en la playa (acaso en la Barceloneta) hubo de cumplir su promesa, dejar las armas y marchar vencido para su casa. No sabemos de ningún caballero, ni de la Blanca Luna ni de la Bandera Estrellada, que obligue a don Arturo a consumar la suya y a volverse a casa. Y también ignoramos si su retirada será bálsamo suficiente para tamaña herida, pero es necesario que Cataluña sane para que lo haga España, que no sería remedio hacerla tullida para siempre.

Pepe de Brantuas. Noviembre de 2012, en España.


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