Violencia y adoctrinamiento

     El discurso político se mueve cada vez más sobre clichés y consignas. Son fáciles de reconocer por el eco público. Cuando la cúpula de un partido estíma como argumento una idea doctrinaria o un dircurso unívoco, es repetido por sus seguidores y medios simpatizantes hasta la saciedad.

    H. Arendt en “De la Historia a la acción” (en “Comprensión y política” pags. 30-31) expresó la relación de esta forma de discurso con la violencia:

“La gente bienintencionada quiere acortar este proceso de comprensión para educar y alertar a la opinión pública. Consideran que los libros pueden ser armas y que es posible luchar con las palabras. Pero las armas y la lucha pertenecen al dominio de la violencia y la violencia, a diferencia del poder, es muda; comienza allí donde acaba el discurso. Las palabras usadas para combatir pierden su calidad de discurso; se convierten en clichés. El alcance que los clichés han adquirido en nuestro lenguaje y en nuestros debates cotidianos pueden muy bien indicar hasta que punto no sólo hemos perdido nuestra facultad de discurso, sino hasta que punto estamos dispuestos a usar medios violentos, mucho más eficaces por otra parte que los malos libros (y sólo los malos libros pueden ser buenas armas) para resolver nuestras diferencias”.

Sentido único

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