Convicciones y tolerancia

          Los que piensan que todo es relativo, que no hay verdad en ningún tema, suelen estar ellos convencidos, asombrosamente, de que las convicciones firmes son incompatibles con la tolerancia. Nada más lejos de la realidad, pues solo se puede ser tolerante con lo que se rechaza, con aquello que consideramos un error, un disparate o una falsedad.

          Como esta creencia está demasiado difundida se necesita cierto grado de heroísmo para defender las propias ideas y creencias si éstas no concuerdan con las de la mayoría.

          Sobre esto, Daniel Innerarity, en su libro Pasión por la libertad, escribió:

          “El heroísmo de las convicciones no es una torpe defensa de falsos tabúes, sino la disposición de ánimo que se necesita para combatirlos. El contacto con lo absoluto destruye en la conciencia moral la autosatisfacción narcisista y el furor dogmático, en una palabra, la renuncia a interrogar y pensar. Apelar a la tolerancia para desacreditar la posibilidad de convicciones fuertes es un error de bulto, pues la tolerancia se apoya y alimenta de una convicción. Es una falsa alternativa la que proclama una oposición entre fanatismo y relativismo; como tantos extremos, la ceguera furiosa del fanático y la ceguera cínica del escéptico se tocan, cruzan y pactan entre sí.”

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