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Con el Mundo por escenario.

Tres sabios tras una estrella


Todos los 6 de enero me reconvierto en monárquico y eso que Las Escrituras nada dicen sobre la realeza de Melchor, Gaspar y Baltasar. Los anglosajones hablan de los Tres Sabios, supongo que porque decir Magos podría prestarse a la confusión con esos que se reúnen en Stonehenge, haciendo una mala parodia de los druidas, o con toda esa escuela que habla de la Magia Blanca y que llega hasta los fanáticos de Harry Potter, y aquellos tres demostraron ser verdaderos sabios. Mi monarquismo temporero me dura según lo que digan o hagan los reyes de tejas abajo, que a veces es poco, y paso como de puntillas por la fiesta de fin de año, imagino que en este caso es porque nunca vi que cambiara nada, excepto el período fiscal. Pero en Nochebuena y Navidad no me importaría ser la mula del pesebre, bien cerquita y siendo útil, porque ser pastor ya me parece pedir demasiado, algo reservado a personas de valía como el Chavo del Ocho, que seguro que lo estará disfrutando sin querer queriendo.

Alumbra para todos aunque no todos la ven.

En otros países de origen cristiano estas fiestas duran del 25 al día 1, pero los que celebramos el Día de Reyes como fiesta grande tenemos una prórroga de 5 días y, en Celtiberia, un sorteo extraordinario de lotería, ilusión de muchos y arma oculta del fisco, como siempre. Y supongo que tenemos esa prórroga para ver si aprovechamos esos días para ser mejores, porque de no hacerlo, nada de nada… O al menos para intentarlo o para proponérnoslo, que no es poco, porque si no hay intención ni voluntad nada se puede remediar. Para ser mejores y para ser sabios de la verdadera sabiduría que es la que busca la verdad, como Aquellos Tres venidos de Oriente que se pusieron en camino, que seguro que los tomaron por locos, pero que perseveraron, a pesar de que todo parecía ponerse más difícil según se acercaban, y consiguieron encontrarla en una cueva que usaban los pastores como establo. Donde ningún hombre de ciencia de su época la buscaría, ni mucho menos los poderosos y los soberbios.

Ojalá que todos la busquemos y la encontremos como aquellos Santos Reyes de 20 siglos atrás, aunque sólo sea sin querer queriendo, como decía El Chavo. Porque siempre hay una estrella que nos guía si no cerramos los ojos ni miramos para otra parte.

Pepe de Brantuas. Navidad de 2017, en España.

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Pasar por el aro…


El primer aro suele ser esa creencia absurda según la cual, para ser tolerante, tienes que conceder la misma categoría a todo lo que creen, dicen, piensan o hacen los demás; no habría verdad ni mentira, ni bueno ni malo, ni correcto ni incorrecto. Todo tendría el mismo valor, al revés que en la verdadera tolerancia donde tratas de conocer lo bueno, lo verdadero, lo correcto, aunque respetas a las personas que están equivocadas o que opinan de otra manera y, sin ofender, defiendes tu postura. Es una interpretación de la igualdad que consiste en el disparate de pensar que todo lo diferente es igual. Que todas las desemejanzas de fondo son solo de forma y por lo tanto equiparables.

… camino de servidumbre.

El segundo aro podría ser el considerar que los derechos de las personas, los Derechos Humanos, están en las declaraciones y en las constituciones de las naciones para limitar la libertad de los ciudadanos con respecto a otros ciudadanos, pero en realidad esos derechos están ahí, de forma principal y fundamental, para limitar al poder, a los gobernantes, a los políticos, a los jueces, a los policías, a los funcionarios, para someter su actuación a la Ley y evitar que sea arbitraria y se convierta en tiranía, para defender la libertad de todas las personas.

Si pasas por los dos primeros aros el tercer aro inevitable es conceder presuntos derechos a las lenguas, a las culturas, a las religiones, a las ideas, políticas o no, como si fuesen personas y por encima de éstas, al margen de su categoría lógica, moral o social. Aunque este aro es consecuencia directa de los anteriores, es el más peligroso porque concede carta de naturaleza a un retorno de la tiranía, del despotismo, del totalitarismo.

El cuarto aro consiste en considerar que la Igualdad es un bien en sí mismo, aunque sea en la ignorancia, en la pobreza, en la depravación moral. Se trata de pasar de la igualdad ante la Ley a una especie de uniformidad chata, chabacana, una tabla rasa que evite cualquier excelencia, cualquier cosa o persona que destaque sobre los demás, por muy denigrante que resulte al final esa homogeneidad falsa. Aunque parezcan contradictorios, el concepto de igualdad del primer aro está en la raíz de esta uniformidad imposible y perversa.

Hay muchos más aros por los que pasar si lo haces por los anteriores, como creer que los seres no humanos pueden tener los mismos derechos que nosotros, como aceptar que los poderes públicos están capacitados para regular todos los aspectos de la vida humana, como pensar que puedes ser realmente libre si la administración, sea ésta cual sea, te provee de todo lo necesario sin necesidad de que tengas que emplear tu inteligencia o tu esfuerzo, etc. Pero lo que está claro, y siempre lo estará es que si pasas por el primer aro acabarás pasando por muchos más y esos aros enlazados se convertirán en la cadena que te aprese, a ti y a los demás.

Pepe de Brantuas. Agosto de 2017, en España.

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Tener todo, pagar poco…


Eso dice el anuncio, con retintín de salmodia oriental. ¿Pero es eso posible? Evidentemente no. Tener todo es en sí mismo imposible; ni los multimillonarios de la lista Forbes pueden conseguirlo, aunque alguno se lo crea. Pero supongamos por un instante de tontería sobrevenida que tal cosa es posible, ¿sería compatible ese Todo con el Poco que dicen? Pues me temo que tampoco, si me disculpan la cacofonía. Todo y Nada son absolutos o no tienen sentido, por mucho que algún científico piense lo contrario. No admiten graduación; no puede haber un Todo que le falte algo ni un Nada que posea lo más mínimo: pasarían a ser un casi todo y un casi nada.

o poner casa en las nubes…

Por otra parte Poco y Mucho son siempre relativos al sujeto, al objeto o a las circunstancias. En demasiadas ocasiones el mucho que se tiene es poco para lo que se necesita y, en otras, lo poco que se posee es mucho, porque es más de lo que se precisa. Y eso si no tenemos en cuenta al sujeto y su punto de vista, que puede considerar que su poco es mucho o que su mucho es poco. En el caso del anuncio podemos casi asegurar que el Poco que se menciona es totalmente subjetivo. A la compañía anunciada le parece poco lo que pide para lo que está ofreciendo: ese falso todo del que nos habla.

Reconozco que estoy un poco harto de ese anuncio, de esa compañía y hasta de la voz del protagonista, pero el hecho es que vivimos en una sociedad en la cual demasiadas veces lo queremos todo aportando muy poco a cambio. Incluso los políticos tratan de convencernos de que pagamos pocos impuestos por todo lo que recibimos a cargo de las administraciones que ellos controlan. No sé cual de las dos cosas es peor, pero suponen una mala mezcla. Creo que damos mucho de lo nuestro y recibimos demasiado poco. Y cuanto más demos, más se desperdiciará por la corrupción y por la inevitable mala gestión de la burocracia que se gesta con el exceso.

Por contra, nada tengo contra los publicitarios que dan la impresión de tener en cuenta las incongruencias de la sociedad a la que dirigen su anuncio: conocen su debilidad y la aprovechan. Lo triste de verdad es que existan tantas personas que crean que se puede conseguir casi todo a cambio de casi nada. Y que, además, estén convencidos de que tienen derecho a que eso sea así. Algo parecido a una mentalidad infantil permanente, como la de un bebe que se resiste a dejar de serlo. Con esos mimbres medran los demagogos y todo tipo de políticos aprovechados, de la izquierda y de la derecha, que están interesados, por supuesto, en que los ciudadanos no despierten de esa ensoñación ilógica y así piensen que les deben todo a ellos: que pueden tener todo y pagar poco.

Pepe de Brantuas. Mayo de 2017, en España.

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Derechos, libertades y acción ciudadana.


Que la libertad religiosa, la de pensamiento y la de opinión están por encima de la libertad de expresión es evidente, porque sin las primeras esta última sólo sería una libertad para decir estupideces. Por otra parte, la libertad de prensa tiene la dualidad de ser un subproducto de la libertad de expresión (porque en ella se fundamenta y no se entiende sin ella) y, a la vez, la capacidad de ser una forma mejorada de la misma cuando la información que ofrece es veraz y es obtenida de forma profesional, aunque está limitada a una parte de la sociedad que tiene esa capacidad experta, incluso en nuestros días con las redes sociales de Internet. No tiene el mismo valor lo que yo informe u opine que lo que publique un verdadero periodista. Al menos en principio. Por esas razones deberíamos comprender el porqué las declaraciones de derechos establecen un orden o escalafón de los Derechos de la Persona Humana y unos van antes que otros en casi todas.

o la defendemos o la perdemos…

Pero los derechos y las libertades no son meras consideraciones jurídicas a tener en cuenta, sino que se corresponden con hechos en la vida real, a su favor o en contra, y por esa razón los ciudadanos tenemos también la obligación (que no todo van ser derechos) de defenderlas, aunque a veces el ejercicio por algunos de la libertad religiosa, de pensamiento, de expresión o de prensa, nos moleste en casos concretos. Si sólo defendemos nuestra libertad y nuestros derechos no somos más que aquellos señores feudales que luchaban por sus privilegios. Cierto que, en demasiadas ocasiones, confiamos en determinado partido político esa lucha, como si fuera obligación exclusiva de ellos el combatir en ese campo, pero la realidad muestra que los partidos políticos tienden con el tiempo a proteger intereses propios más que a salvaguardar lo de los ciudadanos en general. En estos tiempos, además, puede que no exista ningún partido que defienda eficazmente y con convicción un nutrido manojo de derechos y, si los ciudadanos no los amparamos, corren el peligro efectivo de desaparecer.

Que, individualmente u organizados en asociaciones, nos pongamos a preservar nuestros derechos es tarea imprescindible, sobre todo aquellos que ninguna formación, con parcela de poder efectivo, defiende. Es normal que la maquinaria burocrática de los partidos políticos, incluso abusando de su poder, traten de oponerse a la acción de los ciudadanos (lo acabamos de comprobar hace muy pocos días), pues hemos delegado tantas cosas en ellos que ahora se resisten a que otros puedan ejercerla fuera de los cauces partidistas. Lo que no parece tan normal es la crítica, a acciones determinadas de asociaciones y de ciudadanos en defensa de sus derechos, que procede de otras asociaciones o instituciones que se supone que defienden lo mismo de otra manera. A veces dan la impresión de ser serviles con algunos políticos o, en el mejor de los casos, de ser de esos que prefieren dejar las cosas pasar y que les molesta lo que otros hacen, no sé si por envidia o por su mala conciencia.

Nada garantiza que lo que hagamos esté bien hecho, pero siempre está mal el no hacer nada.

Pepe de Brantuas. Marzo de 2017, en España.

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