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De lo que pasa y no pasa en España

De victorias pírricas, derrotismo, rabietas y chulerías varias


El resultado electoral es el que es y las personas se retratan después del recuento como lo que son. No los partidos ni las ideas, sino las personas. Desde quien esperaba un cambio más radical y se siente deprimido porque le parece poco lo que han conseguido los suyos, pasando por el que presume de una victoria que todavía no es, porque tendrá que tragarse muchos sapos para pactar y conseguir su objetivo, o por aquel que veía en la mayoría contraria un secuestro de la democracia demostrando que está orgulloso de ser el nuevo secuestrador, hasta el de la rabieta infantil, que ve tirados en la basura todos los votos que no le han dado y han hecho menguar sus privilegios. No faltan los que felicitan al más votado desde su lejanía política, pero entre tanto exabrupto, lloriqueo y pataleta casi no se les escucha.

La resaca electoral

La resaca electoral

No he tenido la suerte de que hayan salido elegidos en mi provincia ninguno de los candidatos de los dos partidos a los que he votado, pero no veo mi voto en papelera como no lo vi cuando vote en blanco. Eso solo lo sentí cuando el partido que yo había votado, después de triunfar en casi todos los ámbitos políticos, se rio de mí y de muchos de los que le habíamos votado para pasarse su propio programa por la entrepierna. Ellos creían que todos éramos unos tontos, unos pardillos que les volveríamos a votar por miedo o por mimetismo, pero los tontos son ellos. Había y hay mucho en juego, cierto, pero cada vez está más claro que los partidos antiguos son incapaces de conectar con sus votantes, de entender sus errores y de cambiar para bien. Hoy lo han demostrado con una patética reunión en la cumbre, en la que la ira y el miedo les han cegado. Allá ellos, porque el pueblo manda y en menos de un mes hay nuevas elecciones.

No sé todavía a quien votaré. En las europeas, si encuentro alguno que defienda el derecho a la vida y la libertad de expresión, sin censura previa en Internet, podrá contar con mi voto. Las municipales son otra cosa y lo importante es que ocupe la silla de alcalde el menos majadero, porque los manicomios están cerrados y abundan los concejales iluminados por doquier.

¡Que Dios nos guíe a todos!

Pepe de Brantuas. Abril de 2019, en España.

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Paseando cadáveres ilustres


Un santo español —creo que sé quien, aunque no estoy seguro— dijo que quería que lo sepultasen en Roma porque en España éramos muy aficionados a pasear cadáveres. Y así fue. No andaba él muy descaminado si vemos lo que está ocurriendo hoy en día.

EF

Cuando llevaron los restos de Franco aquel frío día del 23 de noviembre de 1975, atravesaron la Universidad Complutense por la avenida de La Coruña sobre un camión militar escoltado por los motoristas de su guardia, otros camiones con las coronas fúnebres y algunos coches. Público poco, pues había casi más guardias que ciudadanos a la vera de la carretera. Y al día siguiente ya estaba muerto y enterrado, alejado de Madrid, donde comenzaba la ebullición que nos llevó a la transición a la democracia. Ahora quieren remover su tumba, no sé si por una pretendida justicia que no entiendo, o por el atavismo primitivo de ultrajar sus restos, como dicen que se hacía en la época medieval que se quemaban cadáveres de presuntas brujas o de supuestos vampiros, condenados después de muertos.

A la mayoría de los españoles nos importa bien poco donde esté enterrado, pues el día a día llena nuestra cabeza de preocupaciones verdaderas, de sinsabores y desvelos que tienen que ver muy poco con el viejo general y sí con los políticos que tenemos desde hay tres lustros. Por eso es difícil entender el empeño, salvo que éste sea tinta de calamar para tapar sus desnudeces y corruptelas.

Una izquierda sin ideas que, después de adoptar maldades burguesas como el control de la natalidad, el aborto, la eutanasia, el disparate de género o el hembrismo agresivo, ya ha perdido el norte y necesita de una demagogia retrograda, que parece especie de necrofagia intelectual, para parecer lo que ya no es. Y una derecha tonta, complaciente, que piensa que por apoyar iniciativas de izquierda va a ser considerada más democrática.

La catarata de elecciones que vamos a tener en España este mes y el siguiente les lleva, a los políticos, a recurrir al agravio del contrario, a la mentira difamatoria y a los golpes de efecto histriónicos para enmascarar su incapacidad, sobre todo si ocupan puestos de gobierno que les permiten dictar órdenes y decretos a pagar con el dinero de todos los ciudadanos.

En los grandes problemas de futuro actúan y apoyan como borregos las consignas que les vienen de afuera, sin razonamiento, sin debate, sin preocuparse por el futuro y el derecho de los ciudadanos, como acabamos de ver con la aprobación de la Directiva Europea sobre los derechos de autor, que obliga a las empresas privadas de Internet a ejercer la censura previa, algo expresamente prohibido por nuestra Constitución y por la Carta Europea de Derechos Humanos. Dos chistes para ellos.

Después se extrañan de que el sentimiento antieuropeo crezca y de que afloren por todas partes partidos nacionalistas. Les tachan de fascistas o de populistas, pero acaso su auge venga de la incapacidad de ver las preocupaciones reales de los ciudadanos por parte de los viejos partidos y de encontrar soluciones prácticas a éstas.

Personalmente lo tengo difícil a la hora de elegir a mis candidatos a las próximas elecciones, por todo lo anterior, vista la desaforada e ilegal precampaña que estamos padeciendo.

Pepe de Brantuas. Abril de 2019, en España.

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