Una nueva historia de La Tierra.

Alan Cutler, el autor de este libro, es doctor en geología. Nos relata la vida e inquietudes de Nicolaus Steno, el anatomista danés que inició la geología moderna. En la narración descubrimos la Cimento, de Florencia, la academia experimental de los Médici en el siglo XVII, anterior en algunos años a la Royal Society, pero pronto desaparecida. En ella Steno comenzó su estudio de los fósiles y allí escribió su obra De solido que da la primera explicación científica sobre su origen. Fue una ruptura total con las ideas de la época, en la cual se consideraba que la Tierra era capaz de generar en sus entrañas aquellos especímenes sin relación alguna con seres vivos del pasado o del presente. De hecho pasarían más de cien años hasta que sus planteamientos y principios comenzasen a ser aceptados.

Nicolaus Steno no era un agnóstico ni mucho menos un ateo, era un devoto protestante que a sus preocupaciones por la ciencia unía las religiosas. De hecho, en aquella época no se creía que un ateo pudiese ser un buen científico. Acaso con algo de razón, pues negar a Dios, un aspecto tan importante de la realidad, en cierto modo lastra la facultad de conocer la verdad de otros. A él le llega a impresionar la capacidad de aquella república católica para permitir en su seno una institución como la Cimento que era novedosa en toda Europa y muy alejada de la rigidez luterana de Dinamarca. De forma pareja a sus investigaciones anatómicas y geológicas, Steno cultiva los estudios teológicos. Con el tiempo se convertiría al catolicismo y más tarde sería ordenado sacerdote y obispo. Ése fue en cierto modo, por propia voluntad, el final de sus investigaciones. Fue enviado al ambiente hostil de la Alemania de su época, donde ejerció su ministerio hasta su muerte a los 48 años de edad.

Los principios de Steno se siguen enseñando en geología. El principio de superposición de las capas sedimentarias, el de horizontalidad inicial y el de continuidad lateral, son tan válidos hoy como cuando él los descubrió. Sin embargo el problema de la cronología en la formación de los estratos fue un obstáculo importante para la difusión inicial de sus ideas, ya que exigía grandes períodos de tiempo que no encajaban en la edad que se pensaba que tenía el mundo. Pero como Cutler nos cuenta, no fueron los sacerdotes ni la Iglesia Católica ­—que a principios del siglo XIX ya consideraba que los días de la Creación podían ser períodos muy largos— los que se opusieron a los grandes períodos geológicos, sino los físicos, hasta que el descubrimiento de la radiactividad permitió datar eficazmente el pasado.

Nicolaus Steno fue beatificado en 1998 por Juan Pablo II y sus restos reposan en Florencia.

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