Pedro, el solucionador, y su banda


EUTANASIA

Supongo que fue Hitler el que le puso el nombre en clave de “La Solución Final” a su plan para acabar durante la Segunda Guerra Mundial con los todos los judíos de Europa. Le encantaban los eufemismos macabros como ese y el de conceder a los enfermos incurables el derecho a una muerte sin dolor, cuando implantó la eutanasia obligatoria justo antes de la guerra para eliminar a enfermos mentales, incurables y ancianos de Alemania, a quienes no consideraba útiles para sus planes militaristas y expansivos.

Pues nos guste o no, en lo que se refiere a lo segundo, en las zahurdas del Congreso de los Diputados —porque no se les puede llamar de otra manera—se está debatiendo quienes tendrán Derecho a Vivir y quienes no, a partir de la aprobación de la ley de eutanasia que promueve el PSOE, Podemos y Ciudadanos, amén de otros comparsas. Dirán ustedes que hay que salvar las distancias de éstos diputados con el nazismo y no les diré que no, aunque esas distancias sean cada vez menores.

No sé que pretende nuestro presidente y sus cooperadores necesarios. Acaso solucionar el déficit de la Seguridad Social eliminando pensionistas, o bien, enajenados, piensen que quitan de en medio a enemigos políticos que no les votarían jamás, o quizás se hayan pasado ya con armas y bagajes a esa minoría multimillonaria que piensa que nuestro planeta no puede soportar en el futuro más que a unos 500 millones de habitantes, entre quienes estarían ellos y sus herederos.

Control de la Natalidad, Aborto, Eutanasia, Ideología de Género, Animalismo, todos parecen ser medios prácticos de conseguir una Solución Final para ese necio objetivo, con una implosión demográfica generalizada, pero siempre nos olvidamos de que, como los nazis, esa minoría que pretende sobrevivir de tal manera se creen que ellos son superiores a todos los demás de otras clases sociales, de otras razas, de otras culturas, de otras ideologías y por eso consideran a los demás como prescindibles.

Que usen los mismos argumentos que Hitler ya nos indica que no tienen ningún interés en el dolor ajeno, ni en la libertad de las personas. Pues no es creíble que por una minoría de suicidas estén dispuestos a sacrificar, incluso contra su voluntad, a millones de personas, niños, ancianos, adultos, y puede que acaben también con los sin techo que tanto deslucen en los barrios donde tanto les gusta vivir a estos progresistas.

Pepe de Brantuas. Octubre de 2018, en España.

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