¿Tolerancia Cero y Discriminación Positiva?


En un otoño seco y soleado como el que tenemos la hojarasca seca esparcida por doquier, multicolor y engalanada con los rayos solares, tiene un alto grado de belleza y alegra la vista en estos días que más y más se acortan. Eso puede hacernos olvidar, si es que nos lo hemos planteado alguna vez, que todo lo que vemos es muerte y decadencia. Sí, con la esperanza de una nueva primavera, pero decrepitud y mortandad generalizada. A poco que llegue el invierno con sus temporales veremos los árboles enhiestos y desnudos, mortecinos e infructuosos… La mayoría se recuperarán, pero no todos.

el otoño de la democracia

Pues se me antoja que los sistemas políticos son como los árboles de hoja caduca —no como animales, pues carecen de sensibilidad como ellos—. Con ciclos a más largo plazo que el anual, con épocas más vitales que otras y, entre todos, el democrático liberal también. Tienen sus primaveras y sus otoños, sus estaciones de calor y de frío, y el sol que les vivifica, que les calienta o que les falta, somos nosotros. Nuestra acción o nuestra pasividad condicionan su pulso vital y si terminasen por morir tras una larga invernada no quedaríamos libres de culpa.

El poder siempre tiende a ser absoluto, a imponerse a los ciudadanos en todos los aspectos de la vida humana. A limitar su acción y fomentar la pasividad ante la arbitrariedad sectaria y ante su propio abuso. Da igual que sea municipal, provincial, autonómico o estatal, es su inclinación esencial y para eso emplea múltiples artimañas y trampas. No es la menor de todas la ingeniería del lenguaje, el cambiar el nombre de las cosas para que parezcan inofensivas o lo contrario de lo que son en realidad. Los ejemplos son muchos: interrupción del embarazo en vez de aborto, muerte digna en vez de eutanasia, derecho a decidir en vez de secesión, memoria histórica por olvido impuesto… Pero ahora están de moda la discriminación positiva y la tolerancia cero. Está última hasta el extremo de tener su “propio” programa de televisión.

La discriminación positiva no existe. Toda discriminación es negativa porque va en contra de la igualdad ante la ley y hemos llegado hasta el absurdo de que sea defendida por juristas y políticos invocando el artículo 14 de la Constitución Española, que justo lo que pretende es evitar esa desigualdad. No hay igualdad perfecta entre seres humanos y nunca la habrá, por esa razón el objetivo a perseguir es la igualdad ante la ley. Eso implica que las leyes sean lo más generales que sea posible para que puedan aplicarse a todos; que cualquier discriminación legal no afecte a la esencia del ser humano y a su dignidad como persona, sino a cuestiones accidentales justificadas y enumeradas de forma específica por dichas leyes y que las limitaciones legales de los derechos de la persona admitidas por éstas no se conviertan en privilegios para una minoría o para una parte de la sociedad. Es decir, que las discriminaciones que permita la ley no se conviertan en buenas, sino que sean un mal menor y necesario.

La tolerancia cero es Intolerancia. Para saber la verdad de este juicio no hace falta ser un genio de la lógica, por eso podríamos asegurar que nos encontramos ante un retorno a la intolerancia predemocrática. Intolerancia de tipo ideológico, sin duda, pero también originada por la falta de reflexión, por los arrebatos sentimentales que tanto les gusta provocar a los demagogos para luego aprovecharse de ellos. Tolerancia cero… contra los incendiarios de montes, contra los conductores borrachos, contra los violadores y los presuntos agresores sexuales, contra los que evaden impuestos, contra los que no comparten determinadas ideologías novedosas, como la de género, contra todos aquellos que el poder desea perseguir y machacar. Sobre todo esto último, porque por ahora no he oído a ningún poderoso pedir tolerancia cero con los políticos corruptos…

En parte, la razón de hablar de esta o aquella tolerancia cero, se debe a un concepto erróneo de lo que debe ser la verdadera tolerancia, que jamás consiste en dar garantía de verosimilitud o de bondad innata a cualquier cosa que otra persona piense, diga o haga, ni aun por supuestas excusas culturales, políticas o religiosas. Solo si uno se pasa la vida defendiendo que todo es relativo, y por lo tanto puede ser bueno, al final tiene que recurrir a la tolerancia cero y a discriminación positiva, es decir, a la Intolerancia y a la Discriminación para imponer las ideas y los modos de vida que más le interesa defender: los suyos, los de su grupo, minoría o facción.

Cuando los ciudadanos nos tragamos las ruedas de molino de la tolerancia cero y de la discriminación positiva, no hacemos más que allanar el camino para que minorías poderosas abusen de su posición y de los privilegios que se otorgan a sí mismos, y con eso sometemos a nuestra democracia a un penoso otoño y a un desolador invierno, después de los cuales podría no venir otra primavera…

Pepe de Brantuas. Noviembre de 2017, en España.

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