El Multador de Gallegos y otros oficios estrafalarios.


No les hablo de guardias civiles ni de su Benemérita Institución, aunque a veces los usen para sus fines. Les hablo de personas reales que ocupan cargos políticos o administrativos y que, después de muchos años ejerciendo en lo público, han demostrado saber mucho de su especialidad universitaria, pero no han aprendido nada sobre nuestra historia, sobre nuestra sociedad, sobre nuestra cultura, sobre nuestra geografía…, en resumen, sobre nuestra forma de ser y de vivir. Los gallegos, como alguno de ellos dice a pesar de haber nacido aquí, debemos ser sometidos, no al viejo estilo de la doma y castración del Reino, sino al más moderno de freírnos a impuestos, con infinidad de leyes y decretos, de mangonearnos en todo y de multarnos si nos salimos del rego; del suyo, del que han inventado en sus despachos, en sus cátedras, o en los sitios que se reúnan para concebir sus despropósitos.

y peligrosos para la libertad.

Cuando aprobamos el Estatuto de Autonomía de 1981 muchos estábamos convencidos de que era un instrumento para nuestra libertad, la de los ciudadanos, la de las gallegas y los gallegos, como se dice ahora, pero no podíamos sospechar lo que, con el tiempo y la actuación de centenares de políticos de todos los colores, se iba a gestar: un monstruo ordenador y regulador de nuestras vidas hasta extremos insospechados. Un monstruo que, cual Hidra de Lerma, tiene infinitos tentáculos y en cada uno de ellos una maligna cabeza. Claro que sólo una es la que controla su cuerpo, dirán algunos y yo no lo sé, pero a veces parece que disfrutan de una libertad que se nos niega a la ciudadanía. Basta gastar un poco de tiempo investigando para descubrir cuales son esos tentáculos aunque cuesta mucho, además del dinero que se llevan, el saber que utilidad real tienen demasiados de ellos.

Una de esas testas, en mi opinión, es la que ostenta la Dirección Xeral de Ordenación Forestal…, el nombre ya lo dice todo. A comienzos de julio, en una entrevista en la radio, coreada por la prensa escrita, con una agresividad inusitada, amenazó con multar a media Galicia. Al menos a aquella parte que es propietaria, en su mayoría por herencia, de fincas con árboles que aquí llamamos montes. No leiras ni prados ni pradellas, montes, aunque su cabida en centiáreas o ferrados sea tan pequeña que acaso no quepa en ella un autobús. No son montañas, ni cerros ni colinas, ni oteros grandes o pequeños, son pequeñas parcelas que antaño estaban llenas de arbustos y nuestros abuelos plantaron de árboles antes de que existiera el ICONA de la dictadura o sus hijastros posteriores. Gracias a esas plantaciones tempranas, que en muchos casos disfrutamos sus hijos y sus nietos, se crearon empresas, pequeñas y grandes, que se nutren de su madera y que han creado una riqueza en muchas zonas rurales que ninguna administración pública fue capaz de crear ni lo será nunca.

Pero claro, nuestros abuelos vivían en el campo, mejor o peor, se ayudaban unos a otros si había un incendio, controlaban sus fincas y aprovechaban el esquilmo, eso que llaman biomasa, como cama del ganado y posterior abono en sus cultivos. La superficie forestal gallega creció gracias a la multitud de pequeños propietarios que gestionaban sus tierras con mucha más libertad y con casi ninguna ayuda o interferencia pública. Pero esa multitud de propietarios es la que siempre molestó a los teóricos de montes venidos de otras partes, ignorantes de lo nuestro, pero muy sabios en formas y maneras siempre mejores que las nuestras, según ellos. Nuestros bosques siempre fueron, para ellos, un galimatías forestal, porque sus mentes sólo son capaces de encontrar algo de belleza o de utilidad en lo ordenado, en lo planificado, en lo diseñado fríamente en un gabinete o en un estudio profesional, en convertir nuestros valles y montañas en un inmenso jardín cuadriculado donde cada especie tenga su sitio al margen de la voluntad de quienes son propietarios.

Pero todas las vanas ilusiones que pueblan esas cabezas no serían peligrosas si no tuvieran el poder que tienen ahora, si no escondieran tras la presunta conservación de la naturaleza o el hipotético cambio climático los intereses de multinacionales por hacerse con la propiedad o, al menos, con la gestión de la riqueza forestal gallega, si no aprovecharan el miedo de un incendio desastroso, como el reciente de Portugal, para engañar a los ciudadanos diciendo que puede ocurrir lo mismo aquí por culpa de la mayoría de los propietarios de parcelas forestales, de montes, como hizo en la Radio D. Tomás Fernández-Couto y Juanas, el responsable de ese tentáculo administrativo que es la Dirección Xeral de Ordenación Forestal, que además ostenta representación en otros pedúnculos cuales son SEAGA, la inoperante SOGARISA y el inútil AGADER. Y digo inoperante, en un caso, porque desde 2016 ejerce su función una empresa de capital privado vinculada al grupo empresarial gallego Fomento de Iniciativas, e inútil, en el otro, porque no ha conseguido sus objetivos de desarrollo rural ni ha evitado, por lo tanto, el despoblamiento.

Cada vez estoy más convencido de que las políticas para que el campo gallego se despueble no son una conspiración, sino una estrategia a medio plazo para hacerse con la propiedad de la tierra en Galicia o, al menos, con su uso y usufructo. Sólo mirándolo desde ese punto de vista se entiende el fracaso en consolidar la población en una tierra fértil como la nuestra y todas las leyes o decretos que se han aprobado en los últimos lustros. Al fin y al cabo ya se hizo en otras épocas y en otras partes, como la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX, donde acabaron por apropiarse de la mayoría de las pequeñas y medianas explotaciones generando grandes latifundios y provocando la emigración masiva, que proporcionaría mano de obra barata a la revolución industrial británica. En nuestro caso puede favorecer el proceso la ignorancia de la mayoría y la incompetencia de demasiados políticos que dicen representarnos. No sé si el proceso ya es irreversible ni tampoco donde incluir al Director Xeral de Ordenación Forestal. Pero no me extrañaría que algún día a una multinacional —gallega o no—, se le ofrezca la oportunidad de fomentar una iniciativa para explotar la mayoría de nuestras fincas forestales, de nuestros montes, con o sin nuestro permiso.

Y eso no es Neo Liberalismo, es Neo Socialismo, acaso en versión moderna.

Pepe de Brantuas. Julio de 2017, en España.

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Cosas de España, Eso que llaman política, Vida humana

¿Algo qué comentar?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s