Plurisofía, monotecnia y estultocracia hispánica.


Ser culto es tener cultura general, con independencia de que se posea mayor conocimiento de una de las ramas del saber. Por esa misma razón se es inculto si solo se sabe de un tema, de una ciencia concreta, de una técnica, o de ciertas habilidades que permiten sobrevivir o incluso hacerse muy rico. El ignorar todo lo demás nos convierte en una especie de minusválidos mentales voluntarios, cuando no inducidos por quienes ocupan los puestos del poder. Nos vuelve serviles inconscientemente porque nuestra vanidad, hermana de la ignorancia, no nos permite reconocer que estamos siendo manipulados cuando aceptamos a priori todo aquello que desconocemos y que, hábilmente, nos muestran como verdadero sin que podamos actuar críticamente. Por esa razón, en una verdadera democracia, los gobiernos deberían fomentar que los saberes de los ciudadanos fuesen los más amplios posibles, según la capacidad de cada uno, para poder elegir con verdadera libertad. Pero no lo hacen.

La ignorancia, el agujero que todo lo traga…

Acabamos de enterarnos de que el Ministerio responsable de la educación de los españoles ha suprimido como materia de estudio de los bachilleres la Literatura Universal. Es una más de tantas otras necedades que, desde izquierda y derecha, vienen sucediendo a lo largo de los últimos lustros. Se podría pensar que es para convertir a las generaciones futuras en rebaño de eficientes obreros, técnicos o capacitados sólo para un único puesto en la maquinaria productiva. Se podría echar la culpa al Capitalismo, al IBEX, o a la madre que los hizo a todos, si no fuese que es mal del que no reniegan quienes presuntamente rechazan el sistema, la casta o la trama, como ellos dicen ahora. Pero el asunto tiene razones más profundas que esa boba creencia de que lo que no es un saber productivo económicamente no es un saber útil. No negaré que hay quien piense así —si se le puede llamar pensar a eso— en la estultocracia que padecemos, pero en realidad todo está diseñado para ahogar nuestro espíritu crítico, para convertir a los ciudadanos en dóciles borregos capaces de tragarse cualquier disparate, cualquier política inhumana, cualquier salvajada que a los nuevos tiranos de hoy les parezca que sirve a sus intereses.

Si estamos carentes de un buen ropaje de saberes, de una variada cultura que nos permita sospechar el engaño, descubrir la tergiversación interesada, o que sean un mínima base para discernir como aumentar nuestros conocimientos sobre un tema determinado cuando fuese necesario, no somos más que unos bebes indefensos. Eso sí, sin la capacidad de éstos para aprender y, por contra, con la vanidad y la soberbia propia del ignorante que está dispuesto a aceptar cualquier cosa como suya, como pensada por sí mismo, siempre que le sugieran diestramente que así piensan también millones de personas: El mal de muchos, consuelo de bobos, elevado a estratagema política.

Pepe de Brantuas. Abril de 2017, en España.

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