Carnaval.


Por eso de que estamos ya a las puertas del Antroido me he percatado de que las pocas veces que me disfracé, dos que yo recuerde, el sombrero que uso de avatar fue protagonista. Y lo sigue siendo en el mundo virtual que compartimos. No sé si es tarea de interpretación para un sicólogo, pero es un hecho y acaso mi forma de celebrar el carnaval sea hacer un agujero en su tela para que vean ustedes lo que contiene. No es gran cosa, apenas dos luces tenues que no deslumbran y que pueden ser interpretadas de muchas maneras. Se podría decir que son mi inteligencia y mi voluntad; poca cosa, pues uno nace con lo que nace aunque siempre puede ejercitarse para mantenerlo en forma. Acaso sean mis principios inquebrantables —esos como los que presume no tener el insigne ideólogo del Partido Popular, don Rafael Hernando—, tampoco gran cosa, pero ahí están y evitan que vaya detrás de espejismos contingentes en busca de una presunta utilidad efímera y algo necia. En fin, no son muchas luces las mías, pero si no les gustan interprétenlas como deseen y viva la fiesta.

O mediocridad política…

Otro hecho es que la actualidad política española e internacional tiene mucho de carnavalesca y no lo digo por el señor Trump, que cada vez que se meten con él aumenta el respeto que le tengo, porque ejemplos hay en tierra patria sin ir tan lejos. Y si no que se lo digan a los compromisarios del Partido Popular que aplaudieron rabiosamente a su camarada que defendió los vientres de alquiler, haciéndose la víctima, porque tenía hijos que consiguió por esa vía en el extranjero. ¿Se imaginan ustedes que defendiera convertir España en un paraíso fiscal con parecidos argumentos? Seguro que al Sr. Montoro y al Presidente les daba un telele. Nada hace este gobierno por ayudar a las mujeres que quieren tener hijos ni a aquellas que tienen que compaginar la maternidad con su trabajo, pero lo otro sí, que acaso haya algún lobby de leguleyos dedicados a ese negocio y a lo mejor hasta tienen carnet del partido…

Y si miramos a otra parte veremos al Sr. Iglesias metiéndose con la burocracia política como si fuera un discípulo aventajado de Hayek o de Mises, que ya no sabe como engañar a más votantes para romper su techo electoral. O a señores de Bankia igualados ante la Justicia, que ha declarado chorizos tanto a banqueros como a sindicalistas, a los de derecha como a los de izquierda (unida o no), mal que les pese a algunos.  O al ayuntamiento de Gijón que hace profesión de fe antisemita, como si les hubiera salido en el trasero un furúnculo hitleriano… Y no sigo, porque ustedes ya saben como está el patio y al buen silencio le llaman Sancho, que decían en la España del Siglo de Oro.

Y me quedo con mis pocas luces tras el sombrero, que tanto disfraz de falsa tolerancia para esconder la intransigencia acomodaticia de nuestros próceres, no me permite que deje de cuidarlas con esmero y dedicación.

Pepe de Brantuas. Febrero de 2017, en España.

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