De otoños varios y otras disquisiciones


Estamos todavía en el mes de difuntos, hasta que San Andrés cierre el ciclo y se lleve más allá de Teixido a las ánimas peregrinas que, si hacemos caso a la tradición, vagan desde todo el planeta hasta sus confines, hasta O Cabo do Mundo, al borde de la mar océana. Y parece como si muchas especies de árboles quisieran rendir su homenaje sembrando a sus pies las hojas muertas de sus ramas, dando así colorido a rincones urbanos, a franjas de los valles rurales y a los bosques más antiguos. Algo hay de aviso en todo esto de que hasta la muerte puede ser hermosa y que más allá de ella renace la vida. Mes éste de primeras nieves, de vendavales, de lluvias torrenciales, de galernas, de barcos amarrados y conversaciones al lado de la estufa o de la lumbre, allí donde no han impuesto su tiranía gris el radiador y el aire acondicionado. Días también, al menos en Galicia, de caldo, de castañas, de pan y vino, mientras lo políticamente correcto no acabe por arruinarnos también la dieta.

a las puertas del mes de la Navidad

a las puertas del mes de la Navidad

Bien querríamos que los vientos se llevasen tantas maldades del año, tantas traiciones y crímenes, tanta política basura y mediocridad moral, y aunque no fuera así bien podríamos soñar que será cualquier día, pronto o no. Pero para que se cumpla es necesario que todos nos pongamos a barrer delante de nuestra puerta como sugiere un viejo proverbio ruso. Limpiarnos de hojas muertas, como los arboles, para dejar sitio a las nuevas y relucientes cuando les llegue el turno, que llegará como todo llega. Mientras, nacen las setas entre la hojarasca caída y son también anuncio de vida, aunque algunas lleven el mal  o la muerte entre sus carnes coloridas, escandalosas, y otras, menos vistosas o casi anodinas, sean suculento manjar para los entendidos. En la vida sucede así muchas veces, que lo exageradamente bello por fuera oculta su maldad y lo en apariencia feo es una maravilla en su interior. Muchas veces ocurre, más de las que pensamos…

El otoño, con todas sus variedades, es así el tiempo de la esperanza, el de la espera de un nuevo resurgir del bien en todo su esplendor, aunque deba permanecer oculto y disimulado a lo largo del frío invierno. En los otoños se gestan las futuras primaveras, bien lo sabe el que trabaja con árboles y plantas, y, al fin y al cabo, siempre terminan con la llegada de la Navidad, con la buena nueva, culminación de las esperanzas milenarias de la humanidad. No podemos dejar de hacer lo que debemos hacer, por mucho que los frutos tarden tiempo en verse.

Pepe de Brantuas. Noviembre de 2016, en España.

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