El insigne Arnaldo y otras fachosas nubes…


Cuando vemos esas fotografías de prensa de las negociaciones sobre esto o aquello de más allá, todos sentados a larga mesa, los de un bando aquí y los contrarios u opuestos del otro lado, se echan de menos manteles, platos y copas, como correspondería a tan enormes tableros y al verdadero oficio de negociar. No sabe uno si ante la ausencia gastronómica y la de las cámaras indiscretas no sacarán algunos sus vasitos de plástico con bebida energética, su sandwich verdulero, remangarán de brazos, aflojarán corbatas y se pondrán de verdad a trabajar. Pero aunque así fuese sería un signo de la decadencia hispana que ya parece incapaz de llegar a acuerdos a mesa y mantel, como antaño. Don Álvaro Cunqueiro les perdone…

¿Qué habrá al final de la escalera?

¿Qué habrá al final de la escalera?

Ahora lo que está de moda es que los ladrones quieran dar clases de economía, los islamistas fanáticos, de tolerancia, los fachirrojos, de democracia, los asesinos insignes de antaño nos quieran educar en lo que ellos llaman paz y que la mayoría de la prensa boba les haga coro de sus lecciones, justifique sus dislates, o presente como bueno aquello que es menos que mediocre o, simplemente, rematadamente malo. Visto todo, parece como si la Democracia fuese el reino de los necios o que haya perdido definitivamente la razón, o acaso sea que toda esa tribu desee que la perdamos los ciudadanos.
Lo que está claro es que el sistema actual está al borde de una crisis de coherencia y puede que sea bueno que se derrumbe de una vez, a ver si así podemos levantarlo de nuevo en nombre de la libertad y del entendimiento —en todos los sentidos del término— antes de que terminen de pervertirlo los fanáticos de todas las calañas, que están deseando implantar su régimen tiránico de turno, y los bobos complacientes, que de lo único que parecen enterarse es de los altibajos de las Bolsas, los créditos públicos y demás asuntos pecuniarios que les quitan el sueño.
No sé si investirán presidente del Gobierno, ni sé si el Tribunal Constitucional, en un alarde de respeto a la Ley, impedirá que el insigne Arnaldo —un convicto inhabilitado por sus delitos—, se presente candidato electoral, pero si así fuese mucho quedaría para conseguir que el diluvio de incongruencias menguase a corto plazo y evitar así que todo se viniera abajo.
Pepe de Brantuas. Agosto de 2016, en España.

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