Cuando la izquierda se devalúa a sí misma.


Estudié en la Universidad Autónoma de Madrid en el postfranquismo, cuando el rector era socialista de corazón y todos los decanos de facultad, menos uno, militaban en el Partido Comunista. El profesorado era variopinto y el ambiente político en efervescencia, aunque bajaba en intensidad según uno descendía de la facultad de Letras, pasaba por la de Derecho, continuaba por Económicas y terminaba en la de Ciencias. Medicina era un mundo aparte en todos los sentidos. Sin embargo se podía pasar por sus múltiples pasillos longitudinales y transversales casi sin ver una pintada tipo garabato estúpido-reivindicativo. Carteles sí, en abundancia y de muchos colores políticos, porque lo otro parecía reservado a las puertas y a las paredes de los retretes. Recuerdo largas huelgas y multitudinarias asambleas en el polideportivo o en los salones de actos y los grises vigilando con un Land Rover en una loma desde la que se controlaba Canto Blanco, pero jamás hubo un ataque sectario, como el que acaba de ocurrir en la capilla de esta universidad, como no fuera la ultraderecha y sus acciones.

o la esencia nula de una ideología...

o la esencia nula de una ideología…

Sin duda, aquella izquierda era más culta, más aficionada a discutir con la palabra y el escrito político que a llenar paredes con máximas de pardillo o insultantes para otro grupo ideológico o religioso: se quería democracia y libertad y se querían las dos cosas de verdad, sin paliativos. Si algo se manipulaba eran las asambleas, toda una técnica que manejaba muy bien el PC y combatían con poco éxito los anarquistas, cuando lo que estaba en juego era una huelga general por esto o aquello. Los de ahora, esos que realizan o presumen de los ataques a las capillas de la Complutense y de la Autónoma, por un presunto monopolio ateo de lo público, no les llegan ni a las suelas de los zapatos. Aquellos luchaban y se la jugaban de verdad por crear y desarrollar una verdadera democracia que estaba en embrión y era débil; los de ahora se aprovechan de una democracia que parecía consolidada hasta que ellos aparecieron en escena con las maneras violentas de la antigua ultraderecha y las ideas anticatólicas de un republicano burgués del siglo XIX o de un majadero siberiano nostálgico de Stalin.

Después presumen de progresistas.

Pepe de Brantuas. Junio de 2016, en España.

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