Nosotros, los desnortados, y el 26 de junio.


Tan hipócrita es el Gobierno fomentando el miedo a Podemos, como ellos colocando un corazón en su propaganda electoral, pero, como todas, estas falsedades tienen que apoyarse en algo de verdad para poder convencer a los ciudadanos. No cabe duda de que los corazones podemitas son los nuestros que, a modo de rito azteca, nos los arrancarán en vivo en cuanto les demos la posibilidad de gobernar: no nos aman a nosotros, aman nuestra sangre vital, nuestro voto incauto, nuestro dinero, nuestra libertad y nuestras vidas. No es que los otros partidos no gocen con llevarse una parte substancial de todo eso que nos pertenece, pero la diferencia, aunque cada vez se note menos, es que se conforman con una parte substanciosa y substancial de lo nuestro y no con la totalidad absorbente que pretenden las tribus rojimoradas.

si no hay brújula hay que guiarse por el sol...

si no hay brújula hay que guiarse por el sol…

Los ciudadanos normales, que aún somos mayoría, mientras no quedemos alienados por las propagandas de los grupos de machiegos y mujeriegas, de los animalistas que prefieren a gorilas que a niños, del feminismo pasado de rosca con su ideología de género, de los inventores de derechos colectivos por encima de los individuales y verdaderos, vagamos como perdidos por una sociedad ilusa que cree que todo es bueno simplemente por serlo, como si el mal no estuviera presente y vigente en este mundo. Vagamos, digo, sin norte político ni brújula que lo encuentre, desde que alguien pontificó en alguna parte que la economía era lo único importante, su eco resonó por todo Occidente y todos los memos lo repitieron convencidos escondiendo las ideas en el cuarto de los trastos o, simplemente, tirándolas a la basura del olvido. Pero si las heces flotan, las ideas permanecen ocultas bajo el substrato de podredumbre sobre el que desean cimentarlo todo los líderes de la nueva era y, tarde o temprano, resurgen.

Nada es casualidad en política y el renacimiento en Europa de una derecha más comprometida con los ciudadanos, con su libertad, con sus tradiciones, con su mentalidad y forma de vivir, es una prueba de que las ideas permanecen, aunque ocultas, y ya empiezan a surgir debajo de las montañas de basura con que las pretendieron ocultar los gobiernos de la medianía y del economicismo simplón. En España aún no ha pasado, pero pasará si aquellos que ocupan el poder burlan a los ciudadanos con su programa electoral y siguen con las mismas políticas que gobiernos anteriores presuntamente contrarios. Aquí tuvimos el pasado día 5 una manifestación multitudinaria que fue ignorada por los principales medios de comunicación. Miles de personas que representaban a millones de ciudadanos huérfanos de representación política, de defensores públicos decididos a pelear por sus derechos, porque están más ocupados en parecer lo que no son. Y no es la primera que es condenada al ostracismo por los presuntos bastiones de la opinión pública, como en el caso de la defensa de la vida, del derecho de los padres a educar a sus hijos y de tantas otras más que ignoramos por el silencio de los medios.

En realidad la izquierda no tiene nada que ofrecer salvo remedos cínicos de antaño, cuando no ocultan públicamente, por vergüenza sin duda, su pasado vinculado a los crímenes totalitarios del comunismo en sus diferentes versiones. Y el falso conservadurismo, la mal llamada democracia cristiana, el centro-derecha servil de las nuevas ideologías totalitarias de género, gay, animalista y cientifista, que son incapaces de ir más allá de un balance contable, no sirven para defender los intereses y los derechos de los ciudadanos desnortados porque han sucumbido al hechizo de un pragmatismo huero, sin ideas ni ideario ni ideología. No quedan muchos sitios a donde acudir, pero los hay, ya que no hemos sido capaces de que los grandes partidos nos respeten, toleren de verdad nuestras creencias, tradiciones, derechos y modo de vida. Acaso una hecatombe de éstos sea el único camino para que entren en razón y de verdad se interesen por lo que los ciudadanos pensamos, sufrimos, trabajamos, rezamos, vivimos o morimos, pero en cualquier caso no es inteligente ni provechoso para todos nosotros, los desnortados, el quedarnos en casa a verlas pasar el próximo 26 de Junio, tanto si repetimos como si decidimos apostar por otra cosa.

Pepe de Brantuas. Junio de 2016, en España.
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