Cuando lo “nuevo” pronto se pudre…


No hablo sólo de política, que también. Pero vivimos unos tiempos borrascosos en los cuales se trata de vendernos a toda costa mercancías caducadas (algunas hace siglos) como si fueran frescas, lozanas, luminosas como la primavera, pero que, como las frutas de mala calidad, llevan dentro su vieja podredumbre y nunca pasan por el estado de maduras: de verde a putrefacto en un soplo. A veces las compramos, invertimos en un nuevo periódico, votamos a un nuevo partido, adquirimos un nuevo coche…, y al poco tiempo la putrefacción aparece dejando lo nuevo más vetusto que los cuentos de Calleja en edición original comida por carcoma.

lo viejo, en vía muerta...

lo viejo, en vía muerta…

Esa afición burguesa (que no liberal, ya que el socialismo se apunta también) a poner en alza una moral de burdel, presuntamente muy republicana, que hizo escribir a Castelao aquello de que los viejos republicanos sólo presumían de no ir a misa y parecían meros representantes del diablo, vuelve en esta España nuestra con cíclica pertinacia y con añadidos cada vez más retrógrados: el aborto, que ya se estilaba en la antigüedad pagana, la eutanasia, ese ejercicio tan de la vieja Esparta, y una devoción cuasi religiosa hacia el sexo y cualquiera de sus aberraciones, aunque seguro que éstas habrían espantado a las prostitutas sagradas, que no santas, que cuenta Herodoto que había en el templo de Isthar en Babilonia.

Y todo esto, aderezado a veces con ideologías nefastas y caducas (como el marxismo) es lo que se quiere que compremos a toda costa, sin rechistar, como si nos estuvieran ofreciendo el agua de la fuente de la eterna juventud. Que el medio se llame El Español, La Sexta, Rebelión, etc., o que el partido se llame Podemos, Ciudadanos, Izquierda Unida, etc., es lo de menos. El hecho, en el fondo es el mismo: vender mercancía vieja y podrida como si fuese la última novedad del mercado, la calidad suprema, el no va más de la modernidad. Claro que siempre podemos vender las acciones, no votarles, anular las suscripción o de dejar de ver sus programas, pero eso no les molesta demasiado. Lo que de verdad les molesta es que les llevemos la contraria.

Y en eso estamos.

Pepe de Brantuas. Mayo de 2016, en España.

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