Margarita y nuestros dineros…


Dice el refrán gallego que o falar non ten cancela, la locuacidad no tiene límites, y viene muy al caso de esta precampaña, que aún no es campaña ni lo sería nunca si los políticos hicieran caso sólo por una vez al pueblo español. El estrellato de Doña Margarita Robles en candidatura del PSOE ha sido alabado por unos y vilipendiado por otros, pero no me parece malo mirándolo desde el punto de vista de que es magistrado del Supremo que deja de ejercer como tal y, por tanto, ya no puede sentenciar malamente a nadie. Sobre todo desde sus primeras declaraciones donde afirma que nadie con dinero en el extranjero puede ser cargo público. Aun en el caso de que sea legal.

para salir corriendo....

para salir corriendo….

Me gustaría estar convencido de que la Sra. Robles no tiene un euro en otros países, ya sea como inversión directa o por vía de un fondo de jubilación o de inversión, o a través de acciones en compañías que operan en otras naciones, cosa nada extraña si tenemos en cuenta que estamos en la Unión Europea y lo lógico, lo normal y lo legal, es que el capital se mueva sin demasiadas cortapisas de frontera. Posiblemente ni ella lo sepa. Pero es más que peligroso que una magistrada en excedencia ponga límites morales a aquello que es perfectamente legal y posiblemente útil y necesario. Estoy seguro de que la candidata no pondría ningún reparo a los miles de millones que salen de España a terceros países como ayuda al fomento del aborto, la ideología de género y otras lindezas similares, con la agravante de que ese dinero nos lo quitan primero a los españoles sin que podamos decidir su destino. Pero, voluntariamente, según la curiosa moral de la magistrada en excedencia, no podemos hacerlo sin perder el derecho de sufragio pasivo. Derecho que está tan maltratado en España gracias al partido que la aúpa en las listas y a los otros grandes del sistema.

No quiero ser tan mal pensado para suponer que la cultura económica de la probable diputada en futuro cercano esté al mismo nivel del franquismo de los años 30 y 40, con la autarquía económica y la costumbre de quedarse con las divisas que los españoles tenían en el extranjero, a cambio de unas pesetas casi sin valor, porque al fin y al cabo en aquella época tenía la justificación del aislacionismo internacional. Claro que podría tratarse de esa enfermedad, que podríamos denominar como el mimetismo bobo del PSOE, de asumir como propias las reivindicaciones más radicales y extremistas de la izquierda, sea esta Podemos, IU o el atrabiliario chavismo. Y eso aunque esas proclamas tengan dudoso encaje constitucional o dentro de la actual legalidad internacional asumida democráticamente por España.

Como todos los moralistas de izquierdas, la Señora Robles pone por encima de la Ley aquello que a ella le parece moral, sea eso realmente ético o tremendamente inmoral. Lo de menos para las personas de su enjundia ideológica es que esa ley sea la Constitución que salvaguarda nuestros derechos como ciudadanos, tanto si nos apetece dedicarnos a la política y presentarnos como candidatos o seguir eternamente como meros votantes.

Pepe de Brantuas. Mayo de 2016, en España.

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