Lo negativo no crea ni une.


El noísmo político es la eterna falacia de los fascistones: o estás conmigo o estás contra mí. D. Pedro Sánchez (Castejón, Pérez o Pérez-Castejón) creyó, sin duda, que la vara mágica para conseguir sentarse en La Moncloa era negar a D. Mariano Rajoy y al Partido Popular, con la triste ignorancia de que el simple No ni vende ni une.

...pero es lo fácil.

…pero es lo fácil.

El No de D. Pedro es de diferente factura que el de D. Pablo, que el No-a-medias de D. Albert o que el No-a-cambio-de-qué de las tribus nacionalistas. El de estos últimos es un No a España disimulado, oculto, reprimido o manifiesto según las ofertas económicas o de poder provinciano que esté dispuesto el gobernante de turno a ceder. El No de la extrema izquierda, levoterios y monolevos incluidos, es un No a España como siempre ha sido desde siglos; un No que ataca el ser, la esencia y la existencia de la nación más antigua de Europa, que busca corromper de verdad el sistema de libertades para establecer otra cosa a la que suelen llamar democracia real, pero que es la más irreal de las democracias como tantas veces nos ha mostrado la experiencia ajena. El No del centrismo utópico (utópico, más que nada, porque el centro es un punto sin dimensiones imposible de ocupar) del Sr. Rivera es un quítate-que-me-pongo-yo; es un No al sistema, pero con peros; es un No al nacionalismo, pero con cesión de privilegios; es un No que se habría convertido en un Sí-pero si las matemáticas parlamentarias lo hubieran permitido.

Y con tantos y variopintos noes, D. Pedro Sánchez ha confundido su No esencial con todos los demás; ha creído ver algo consistente en lo que no son más que retazos de la nada y, en su error, está convencido (él, como mucha prensa papanatas) que si le niegan a él y los noes ajenos le impiden ser presidente unifican a sus oponentes cual argamasa mágico-política o, lo que es mucho peor, que ellos se hacen uno y lo mismo si no acceden a sus deseos, que es tan bobada metafísica como pensar que aquellos que van en el mismo vagón del tren son la misma cosa sólo por no querer viajar en ninguno de los otros. Y es que de ilusiones noístas no se vive, que para pactar de verdad, para negociar con un mínimo de esperanza hay que buscar los síes comunes con el mismo ahínco que alguien perdido en el desierto busca un oasis donde encontrar agua, con el mismo empeño que un drogadicto abstinente trata de conseguir su ración de narcótico. Es decir: hay que buscar lo que une y suma, no lo que resta y separa. Pero claro, lo otro es lo cómodo…

Como decía Ortega y Gasset, en su España invertebrada, “no queremos luchar: queremos simplemente vencer. Como esto no es posible, preferimos vivir de ilusiones y nos contentamos con proclamarnos ilusamente vencedores en el parvo recinto de nuestra tertulia de café, de nuestro casino, de nuestro cuarto de banderas o simplemente de nuestra imaginación.

Quien desee que España entre en un período de consolación, quien en serio ambicione la victoria deberá contar con los demás, aunar fuerzas y, como Renan decía, «excluir toda exclusión»”.

Y no hay otra, con presidente o sin presidente.

Pepe de Brantuas. Marzo de 2016, en España.

Licencia
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivar 4.0 Internacional.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Cosas de España, Eso que llaman política

¿Algo qué comentar?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s