La perversión de la unanimidad…


Podemos no enterarnos durante años y estar convencidos de que la bondad de una ley o de cualquier resolución, aprobada por un Parlamento o por nuestras Cortes Generales, es mayor cuando no se produce oposición, cuando todos votan, sin excepciones, a favor de la misma, pero es una ilusión o un espejismo. Cualquier cámara electa de parlamentarios solamente representa eficazmente a los ciudadanos cuando no existe unanimidad entre ellos. La razón es sencilla y clara, aunque nos quieran engañar: la sociedad siempre es plural y nunca es unánime en ningún tema, sobre todo en aquellos de gran trascendencia.

o la política monocolor...

o la política monocolor…

La LEY 5/2015, de 26 de junio, de derechos y garantías de la dignidad de las personas enfermas terminales fue aprobada por unanimidad. Eso implicaría que ningún parlamentario gallego fue capaz de prever que se le aplicaría a Andrea, una niña de 12 años con enfermedad incurable, dejándola morir por inanición. Eso, o que todos nuestros presuntos representantes están de acuerdo con esa consecuencia, en ese caso o en cualquier otro similar. Si es la segunda opción, ninguno de ellos me representa a mí ni a nadie de los que estamos disconformes con ese homicidio por omisión.

Si repasáramos los diarios de sesiones de ese parlamento y del de Madrid, seguro que encontraríamos más casos similares donde, después de aprobarse algo por esa aberrante mayoría, los políticos se felicitaban unos a otros por el éxito y luego la prensa servil les haría de coro indecente. Y, mucho me temo, que esas disposiciones unánimes, a la vista de sus consecuencias posteriores, también nos mostrarían que todas ellas, de una forma o de otra, han servido para intereses bastardos y para perjudicar a los ciudadanos. Podría mencionar alguna, pero sería alargar el tema, aunque les recomendaría que buscasen ustedes mismos.

Ciertamente, los partidos que se encuentran en el Parlamento de Galicia y en Las Cortes Generales no representan a la pluralidad que hay en la sociedad gallega y española. Las razones están en las leyes electorales, sin duda, que obligan a votar por lotes y no por personas, pero también en la falta de democracia interna de los propios partidos políticos, que son manejados por minorías hegemónicas que dificultan su relevo, que desprecian el propio programa electoral a la hora de gobernar, imponiendo los intereses de su facción o de la camarilla presidencial. Y también en la falta de coraje y de espíritu democrático de aquellos que, dentro de esas formaciones, se avienen con todo lo que decida la cúpula.

Los ciudadanos no podemos permanecer impasibles ante el desprecio y la burla que se hace de nuestros votos, de nuestras ideas, de nuestros intereses, una vez que se han cerrado los colegios electorales, para que queden en manos de camarillas de mentes obtusas e intereses particulares, inconfesables en demasiadas ocasiones. Si los partidos que hay no cambian y se preocupan en respetarnos durante toda la legislatura, no nos quedará más remedio que cambiar de partido, que buscar y apoyar aquellos que más se identifiquen con nuestra manera de pensar, aunque eso suponga un mayor fraccionamiento de la representación política. Pues, al fin y al cabo, ese fraccionamiento se parecerá mucho más a la pluralidad real de la sociedad a la que pertenecemos, y no esos engendros perniciosos en que se han convertido los partidos tradicionales.

Pepe de Brantuas. Octubre de 2015, en España.

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2 comentarios

Archivado bajo Cosas de España, Eso que llaman política, Vida humana

2 Respuestas a “La perversión de la unanimidad…

  1. El asunto es complicado. Dices que podemos cambiar de partido, pero cuando llega la hora de votar te encuentras con una oferta muy limitada y con la realidad de que, encontrando un partido que te interese, tengas la seguridad de que no sacará ni un diputado. Estudiar los programas que presentan no sirve, pues la mayoría de lo que proponen no se puede llevar a la práctica y lo que se puede sacar adelante resulta que no se saca.
    La pluralidad es tal que la solución pasaría por votarlo todo y, claro, entonces no harían falta políticos. Pero tampoco serviría porque la mayoría lo que quiere es que le solucionen sus problemas y que, además, salga barato.

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    • Sí que es complicado. Pero hay épocas diferentes unas de otras. En mi caso no sería ni la 1ª ni la 2ª vez que
      cambio mi voto, pero reconozco que eso no es frecuente. Y sí, a veces voté y no salió elegido nadie, y en 2
      ocasiones si salió 1 y me consideré representado, aunque en uno de los casos por poco tiempo. 🙂

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