Inquisidores decadentes, políticos de “perra gorda”…


Los gallegos que tenemos cierta edad hemos conocido muchos desprecios, propios y ajenos, por nuestra condición, nuestra cultura o nuestra lengua. Muchos de ellos originados por la ignorancia y, no pocos, por la mediocridad política, la falsedad intelectual o el fanatismo consecuente con todo lo anterior. Los tiempos han cambiado, aunque la memez sigue produciendo sus frutos porque es mal imposible de erradicar, endémico y, desgraciadamente universal. Y la prueba es que a veces cambia de bando y se vuelca contra los que hablan castellano o, simplemente, no entienden bien el gallego. Deberíamos ser más comprensivos, recordar nuestro pasado y no ofrecer la mala moneda con la cual se nos pagó muchas veces, pero para algunos eso debe ser difícil de conseguir a pesar de ser personas instruidas, ocupar cargos públicos o ser empleados de medios que pagamos todos con nuestros impuestos.

El gallego encastillado o el nuevo feudalismo…

El gallego encastillado o el nuevo feudalismo…

El fanatismo tiene mucho de ceguera intelectual, de simpleza irracional, de mentes maliciosas y en exceso imaginativas. Y la prueba la encontramos hace unos días cuando, un concejal del municipio de Cabanas, en Coruña, publicó una conversación privada de una muchacha que no quiso viajar con él en BlaBlaCar con la siguiente excusa o razón: Ah pero hablas en gallego y no lo entiendo bien. Mejor reservo en otro coche, gracias. Si ella hubiera dicho que lo rechazaba porque no hablaba en cristiano o que no quería ir con él porque no le gustaban los dialectos, se podría entender el enfado del concejal, pero lo que ella no contaba era con toparse con uno de ésos que buscan cualquier excusa para armar danzas y arrimar un poco el ascua a su sardina política. Y la armó, y si ustedes siguen el hilo del tuit del político verán la retahíla de interpretaciones gratuitas e insultos que ha recibido la desconocida muchacha. Desconocida, también para los inquisidores.

De las muchas cosas que habrían deducido –si se le pudiese llamar así– es que odiaba al gallego, que discriminaba al concejal, amén de una legión de estupideces e insultos, todo debido al fanatismo gallegófilo de la hermandad acusadora. Nadie pensó que podría ser extranjera, o simplemente forastera, o haber tenido una mala experiencia reciente con un galego-falante de la calaña del sr. Varela o de sus corifeos. La chica fue sincera y dio las gracias, pero no se humilló lo suficiente para que toda esta hueste de la pureza lingüística y el nacionalismo cultural tuviesen un poco de consideración con una mujer que tenía todo el derecho de rechazar a un acompañante con la excusa que le diese la gana, fuese ésta sincera o un embuste por gentileza. Aunque esta xente cativa seguro que hubiera preferido una mentira cortés de la chica, vista su irracional reacción.

Pepe de Brantuas. Septiembre de 2015, en España.

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