Ocio y democracia.


Edmund Burke, el ideólogo y político inglés que vivió en la época de la Revolución Americana y de la Francesa, no era precisamente partidario del sufragio universal. Para él había una aristocracia natural que era la que debería poder votar, no sólo por su riqueza o posición sino porque era la que disponía de suficiente ocio necesario para tales discusiones [políticas] y de algún medio de información además de independencia de juicio. Lejos estaba de saber que el derecho al voto se extendería a toda la sociedad en las democracias, incluida la británica, pero eso no le restaría razón a su argumento. Y no se lo restaría porque fue gracias al sufragio universal como mejoraron las condiciones de vida de los sectores sociales menos favorecidos y la mayoría de la población pasó a disfrutar de ese ocio necesario o a poder acceder a él si lo deseaba.

derechos civiles que se apoyan en derechos sociales

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Lo que él defendía, en cuanto al ocio, no solo no era un disparate sino que venía de mucho atrás cuando los griegos pre-cristianos (en especial los atenienses) restringían el acceso al debate público, al control y nombramiento de cargos a una parte significativa del pueblo: los ciudadanos. Por decirlo de una manera, eran éstos los que no vivían sólo para sostener a su familia, sino que tenían excedentes de capital y de tiempo para poder dedicarlos a la cosa pública, para llevar una vida social plena como ciudadanos relacionándose, debatiendo y tomando aquellas decisiones políticas que las leyes les permitían. Y, aunque los griegos no lo decían expresamente, su capacidad de juicio también venía en gran parte por su capacidad para aumentar su saber, a mayores de la mera subsistencia.

En la llamada Edad Contemporánea, en el período que va desde que aparece por primera vez el sufragio universal hasta el momento presente, que se generaliza en Occidente y comienza a extenderse por otros continentes, las condiciones de vida, su calidad, han mejorado considerablemente y eso ha permitido que crezca casi continuamente el número de personas que tienen tiempo libre para informarse, instruirse y debatir sobre todo. Cuestión distinta es que lo hagan o no, o que los demagogos y los déspotas encubiertos traten por todos los medios de desviarlos y distraerlos de esos bienes. El ideal de Burke se ha extendido, por decirlo así, a la gran mayoría de la sociedad, sobre todo en las sociedades más avanzadas. En la nueva Edad de la Información, que claramente está naciendo, ese objetivo puede ser alcanzado más plenamente si no lo arruinamos.

Aunque a muchos les parezca paradójico, es la democracia capitalista la que ha permitido en su seno el aumento de la calidad de vida: libertad económica, libertad ideológica y religiosa, libertad de expresión e información, y libertad política son los instrumentos esenciales para que los cambios sean posibles. Hay, sin duda, muchas formas de destruir esas mejoras de cultura, instrucción e información generalizadas, dentro del propio sistema democrático, pero dos me parecen las más peligrosas y con peores efectos, por retrogradas. La primera consistiría en destruir las mejoras sociales que han permitido el acceso de la mayoría de la población al ocio necesario: si las personas sólo tienen tiempo y capital para sobrevivir precariamente, poco van a poder dedicar a mejorarse y mejorar su comunidad. La segunda, que los citados demagogos consigan distraer a los ciudadanos encaminándolos exclusivamente al placer y a un entretenimiento huero y autocomplaciente, convirtiéndolos en políticamente bobos y manipulables.

Hay que desconfiar de quienes proponen lo primero o de los que intentan lo segundo, en base a una falsa defensa de la libertad o de la igualdad, con independencia del bando de donde procedan, pues los enemigos de las libertades ciudadanas anidan en cualquier ideología.

Pepe de Brantuas. Julio de 2015, en España.

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Ocio y democracia.

  1. Estamos de acuerdo en que el ocio es necesario para determinados menesteres, pero pienso que no es suficiente. Tenemos “libertad” de usarlo para lo bueno y para lo malo. Que exista ese tiempo de ocio no hace que los ciudadanos se impliquen en la mejora de la sociedad, ni que se formen para opinar con base, ni que desarrollen un espíritu crítico que muchas veces parece especie en peligro de extinción.
    Como de costumbre, estoy de acuerdo con muchas cosas, pero no con todas.
    Un saludo.

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    • Cierto. Uso “ocio” como tiempo libre, real y mental. A veces se tiene tiempo, pero la mente sigue ocupada con el día a día. Escribí eso en realidad porque me pareció que si la calidad de vida, los avances sociales, retrocedían también retrocedería la democracia desde el punto de vista de la libertad. Lo que pasa es que empiezo a escribir y muchas veces se me van “pegando” otras cosas a la idea inicial. Por eso agradezco tu comentario, me ayuda a entenderme a mí mismo. 🙂

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