Vida humana y derechos.


Sin entrar en las diversas formas, cada vez más pueriles y acientíficas, que los defensores a ultranza del aborto emplean para denigrar la humanidad del no nacido, sea éste cigoto, embrión o feto en desarrollo, el hecho de ser un individuo de la especie humana le confiere la misma dignidad que a un ser humano adulto en plenas facultades. Y de ahí viene su derecho a la vida, si no queremos convertir ése y otros derechos en mera conveniencia político-social. No puede ejercer sus derechos ni tampoco defenderse, pero ninguno de esos está por encima del derecho a la vida, porque de él dependen para tener sentido y para poder ser ejercidos en su momento, cuando su autonomía y la Ley lo permitan.

Sin defender la vida no hay derechos...

Sin defender la vida no hay derechos…

Vivimos tiempos en los cuales es demasiado frecuente saber de personas que pierden su vida o se la juegan por defender su libertad religiosa, su libertad de pensamiento o de expresión, por poner unos ejemplos evidentes y del día a día, pero en ningún caso se pueden equiparar esas libertades, esos derechos, al de la vida, ni ponerlos por encima de éste. Lo contrario sería aceptar que tal derecho a la vida no existe para nadie ni es real, pues estaría en función de nuestra capacidad para ejercer los otros derechos o la mayoría de ellos, con independencia de la edad de la persona, como piensan los defensores de la eutanasia, entendida como capacidad de matar a personas imposibilitadas para defenderse o para suicidarse, aunque ellos no suelan manifestarlo públicamente.

Pretender que alguien que no puede defender ni ejercer sus derechos carece del más básico y elemental de ellos, cual es el derecho a que se respete su vida, es un sinsentido que tratan de introducir en la sociedad con falsos argumentos de dignidad, con apelaciones a otros derechos ajenos, con la defensa de la calidad de vida de terceros. Tan grave es el asunto, que hasta el tribunal europeo que se dice defensor de los derechos humanos ha considerado oportuno que se le pueda quitar la vida a un ciudadano que no puede defenderse por estar imposibilitado físicamente para expresarse. El argumento de la muerte digna o sin dolor es tan viejo como falso cuando se emplea para matar a otros seres humanos. Pero la mayoría de nosotros no habríamos sobrevivido si, recién nacidos, no se permitiese a nadie alimentarnos ni cuidarnos. Pues ese es el argumento que ha aceptado como válido el TEDH para que dejen morir a un ciudadano que no puede valerse por sí mismo.

Si Occidente está dispuesto a renunciar de hecho a todos los Derechos Humanos, como un sinsentido mantenido por conveniencia política, entonces puede seguir permitiendo que se mate a personas en el vientre de sus madres, a discapacitados de nacimiento o devenidos por enfermedad, edad o accidente. Pero los ciudadanos deberían saber que es el primer paso infame para perder con el tiempo todas sus libertades, y acaso la vida.

Pepe de Brantuas. Junio de 2015, en España.

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