Elites, dirigencias y vida humana.


Elite o caricatura... (Foto original: Pool Moncloa. Viernes, 16 de enero de 2015)

Elite o caricatura… (Foto original: Pool Moncloa. Viernes, 16 de enero de 2015)

Lo mejor para una sociedad sería estar dirigida por una verdadera elite, por los mejores, pero es objetivo difícil de conseguir. Algunos piensan que la democracia es el peor sistema para conseguir esto, pero cualquier otra alternativa, dado que Dios no suele nombrar directamente a los gobernantes desde hace milenios, es susceptible de acabar traicionada por el ego inmenso de uno solo, caso de Hitler, o por la soberbia colectiva de un grupo político o social, el terrible Stalin. En ambos casos y en todos aquellos análogos se consideran los mejores sin que nadie más pueda opinar. El verdadero peligro de una democracia es cuando se anquilosa y degenera en mera apariencia de actos rituales, lo que sucede cuando se crean infinidad de mecanismos intermedios que dificultan la decisión de los ciudadanos en la elección de sus lideres y, sobre todo, en el control de los mismos.
Esta última posibilidad parece ser en la que nos encontramos en España. No es que no podamos elegir libremente a quien nos dirige, pero cada vez podemos controlar menos sus actos, sean estos por propia iniciativa o al servicio de grupos de interés. Desde una década atrás nos gobiernan y nos han gobernado dirigentes que han mostrado claramente su mediocridad, cuando no su servidumbre a ocultos objetivos. Del anterior gobierno nada diré porque asentó las bases de la disgregación que padecemos hoy, pero el actual no ha podido o no ha querido enmendar lo anterior cuando, dado su programa y la ilusión generada entre sus electores que le consiguieron una mayoría casi hegemónica, tenía toda la justificación democrática y todos los medios legales para hacerlo. Podríamos argumentar de otra manera o, incluso, llegar a justificar parte de sus actos por las coyunturas políticas conocidas, pero nunca sería bastante para fundamentar su negación total del programa político que le llevó al poder.
El caso de la defensa de la vida humana es un paradigma de lo anterior. En el congreso político del Partido Popular, previo a las elecciones, quedó mayoritariamente claro que se derogaría o se reduciría a mínimos la ley del aborto aprobada por gobiernos socialistas. Sin embargo, después de sospechosos retrasos nunca justificados, se abortó el intento de reforma con la dimisión incluida del ministro que la proponía. El argumento que dio el Presidente del Gobierno fue falaz, sino estúpido, porque si no lo fuese sería que nos estarían ocultando las presiones y a quienes las ejercieron para impedir todo cambio en esa ley, viniesen éstas de la propia España o del extranjero… Un país como el nuestro, con un retroceso galopante de la población, no puede permitirse una ley (que es criminal en sí misma por el abultado número de muertos que provoca al año), que se usa como mera arma de control de la natalidad y que en realidad provoca en gran parte esa implosión demográfica.
Si en realidad nos gobernase una verdadera elite y no una mera dirigencia electa pondrían todo su empeño en parar el proceso de decadencia que pone en peligro, para un futuro no lejano, no sólo la democracia sino la mera existencia de España como pueblo. Y el primer acto, aunque no el único, sería acabar con esa sangría humana que es el aborto legalizado. Ahora, con ánimo evidente de engañar a sus votantes, dicen que van a modificar esa nefasta ley en lo que se refiere al consentimiento de las menores, lo que es bueno, pero no evitarán la larga lista de víctimas abortadas cada año ni estarán cumpliendo su programa electoral.
Que dentro del partido y del propio gobierno hay personas, muchas o pocas, que se opondrían al aborto si estuviesen en la oposición, podemos creerlo, pero mientras su partido en el poder se comporte como un pesebre, siento decirlo, donde comen lo que les echen sólo por mantenerse, dudo que esas personas defiendan la vida humana radicalmente. No, mientras mantengan y apoyen cualquier decisión política, sea buena o mala, de esa caricatura de elite que nos mal gobierna.
Pepe de Brantuas. Febrero de 2015, en España.

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