De bajar los humos y otras historias políticas.


Terminado el fuego, acabados los humos...

Terminado el fuego, acabados los humos…

Cualquier crítica de un ciudadano bípedo e independiente de filias y fobias de partido es, sin embargo, clasificada como de partido si se dirige a un político, a su formación, a sus actos, pensamientos o ideología. Es como un efecto reflejo que comporta una cierta comodidad intelectual del criticado pues, sin más preámbulos racionales, asigna etiqueta y cierra el asunto, en falso, claro. Pero realmente la cuestión tiene más fondo porque, en demasiadas ocasiones, desde el establishment se ve a los ciudadanos con unos cristales distorsionantes, ya que están convencidos neciamente de que la mayoría está de acuerdo con ellos en todo. No se preocupan realmente por lo que la ciudadanía piensa, desea, cree, sueña, aspira o comparte. A lo más que acceden es a realizar encuestas puntuales sobre aquellos temas que les interesa implantar en la sociedad y, casi siempre, con muestras ínfimas de encuestados. Están demasiado convencidos de que es como a ellos les gustaría que fuese, en su demente y cada vez más degenerada concepción de lo políticamente correcto. Los ciudadanos a veces somos cómplices dejando hacer y desentendiéndonos de los temas públicos que, nos guste o no, afectan a nuestras vidas.

No sé si los tiempos cambian, que los vicios, vicios son, y los 7 pecados capitales siguen vigentes desde que Adan y Eva habitaron el Paraíso, pero a nivel político y en esta vieja Europa parecen soplar otros vientos, al menos en lo que a la conciencia ciudadana se refiere. No creo que la solución sea necesariamente la sustitución de los viejos partidos por otros nuevos, porque muchos aspirantes a ser califa en lugar del califa arrastran las mismas miserias que critican en los ya instalados, pero a lo mejor en algún que otro país sea la única forma de bajar los humos a los mandatarios públicos para que de una vez escuchen a los ciudadanos en vez de asignarles creencias políticas interesadas. Ahora que en Grecia la vieja escuela parece haber sido convertida en un colillero de ilustres marcas decadentes, acaso por estos lares aprendan la lección, aunque no tengo demasiada esperanza.

Pepe de Brantuas. Enero de 2015, en España.

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