El absolutismo de la libertad de expresión.


Por lo general, mi culo se expresa libremente, pero estoy en contra de toda "matanza". Yo soy Charlie. ¿O no?

Por lo general, mi culo se expresa libremente, pero estoy en contra de toda “matanza”. Yo soy Charlie. ¿O no?

Con la masacre terrorista contra la revista francesa Charlie Hebdo y la solidaridad mundial con las víctimas, ha vuelto a primer plano el debate de si los derechos y libertades son absolutos o si tienen límites. No se trata de que este crimen se podría haber evitado si no se hubieran publicado caricaturas de Mahoma, que es un debate absurdo porque los terroristas usan cualquier excusa para matar, sino hasta que punto es legítimo injuriar a los demás en sus creencias o convicciones. Para demasiada gente el insulto o cualquier tipo de agresión verbal o escrita son parte de la libertad de expresión, pero en realidad, esa libertad como derecho, no es ilimitada en ningún país democrático que haya firmado, al menos, la Convención Europea para la Salvaguarda de los Derechos del Hombre y de las Libertades Fundamentales, o no debería serlo.
La citada convención, en su artículo 10, reza así:
1. Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o de comunicar informaciones o ideas, sin que pueda haber injerencia de las autoridades públicas y sin consideración de fronteras. El presente artículo no impide a los Estados someter las industrias de radiodifusión, de cine o de televisión a un régimen de autorizaciones.
2. El ejercicio de estas libertades lleva consigo deberes y responsabilidades que pueden ser sometidos a ciertas formalidades, condiciones, restricciones o sanciones, previstas por la ley; que constituyen medidas necesarias en una sociedad democrática, para la seguridad nacional, para la integridad territorial o la seguridad pública, para la defensa del orden y para la prevención de la salud o de la moral, para la protección de la reputación y de los derechos ajenos, para impedir la divulgación de informes confidenciales o para garantizar la autoridad y la imparcialidad del poder judicial.
Desde ese punto de vista, la libertad de expresión dista mucho de ser absoluta. Y con ella otros derechos como el de la libre circulación, a la intimidad o a la confidencialidad de las comunicaciones, que pronto se verán mermados una vez más gracias al terrorismo y a esos políticos que se les llena la boca con la libertad de expresión, pero que no dudan un instante en recortar nuestros derechos con la excusa de la lucha antiterrorista. Deberíamos preguntarnos si la libertad absoluta de unos pocos no se estará convirtiendo en argumento para recortar los derechos de todos. Al fin y al cabo, la mayoría de los ciudadanos nos expresamos libremente sin necesidad de insultar ni de reírnos de las convicciones ajenas, por mucho que ciertos grupos políticos se dediquen a lo contrario en nuestro nombre.
Pepe de Brantuas. Enero de 2015, en España.

Anuncios

3 comentarios

Archivado bajo Baul de Twitter, Eso que llaman política, Los 6 más visitados, Por el Mundo, Vida humana

3 Respuestas a “El absolutismo de la libertad de expresión.

  1. Pingback: El absolutismo de la libertad de expresión. | Pepe de Brantuas | Homo Familiaris

  2. Dista mucho de ser absoluta, por supuesto, y también de ser unidireccional. La dictadura de lo políticamente correcto sólo defiende su propia libertad de expresión, la de aquellos que no infringen su repugnante catálogo de ideas correctas. La hedionda ley del embudo.

    Me gusta

¿Algo qué comentar?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s