De fiestas, crímenes y religiones.


Creciente o menguante, depende de nosotros...

Creciente o menguante, depende de nosotros…

Acabamos de pasar las fiestas de Navidad, que en nuestra España duran desde Nochebuena hasta el día de Reyes, y parecen estar con vigor a pesar de todos los intentos por desvincularlas de las creencias religiosas. Desde una conocida cadena comercial, antaño tan amiga de decorar sus centros con belenes y cabalgatas, que ahora apuesta por poner a una señora vestida de bolas y el mensaje al pie que pone Nos gusta la Navidad (que bien podría poner La Nati), pasando por la abrumadora presencia de copos de nieve luminosos de todos los tamaños y formas, hasta la ridiculez abstracta de la iluminación urbana que tanto vale para un carnaval como para que se forre el fabricante, que para más no da. O las modas nacionalistas de destacar a su presunta originalidad, como el Olentzero de Larraun, Navarra, o el Apalpador de los Ancares, Galicia (micro tradiciones locales que se tratan de extrapolar a todo el territorio), la bobería de los solsticios o, como hoy leí en un blog mexicano, que el roscón de Reyes tiene orígenes paganos nórdicos…
La nuestras, cristianas, fiestas de la Paz y la Alegría, irritan poderosamente a ese mundillo progre, laicista, neopagano o memo, según quién, cómo, cuándo y dónde, que daría cualquier cosa por hacerlas desaparecer a mayor gloria de la falsa idea de democracia que anida en sus cabezas. Soportan un Papa Noel Cocacolero, más que nada porque anida en Laponia y no en Belén, ni se inclina ante Niño Dios indefenso ni le ofrece presentes. Hasta en alguna televisión norteña critican la presencia de animales en las Cabalgatas del día 5, por si es maltrato animal, pero guardan silencio cómplice o vergonzante ante el asesinato, el atentado criminal contra un medio de comunicación de humor satírico, porque quienes asesinan encarnan a los jinetes del apocalipsis que ellos desean para el mundo occidental y cristiano, con su bandera con frases sobre Alá y de Mahoma.
Su <todas las religiones son iguales> es lo que alcanzan a repetir hoy los pocos bienpensantes que abren la boca, por mucho que la evidencia muestre que no es lo mismo la paz que la guerra, ni el amor que el odio, ni en la teoría ni en la práctica religiosa. Pero seguirán empeñados en quitarle a la Iglesia Católica la Catedral de Córdoba, que fue mezquita y antes iglesia, y dársela sin reparos a los que simpatizan con el islam, y seguirán callados como muertos cuando terroristas de esa religión asesinen cristianos, paganos o a sus propios fieles de otras corrientes porque, en el fondo, parece ser lo que les va…
Pepe de Brantuas. Enero de 2015, en España.

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